Thursday, August 11, 2011

Razones

Me gustan esos planes que salen un poco de la nada y siempre tienen final feliz. Ayer, casi, de la nada fui al teatro y luego a comer cochinaditas con una pareja de simpáticos amixers. Mientras nos atragantábamos (la palabra se ajusta al momento, no es exageración) con ricas papitas fritas, nos pusimos a conversar sobre por qué se casa la gente. Es curioso, pero luego de divagar sobre el tema y de que se acabaran las papitas, concluimos que la gente se casa por las razones más locas menos por amor. Sí ya sé, pensarán: “Ay que ilusa esta chica. Cree que la gente se casa por amor”. Pero bueno, hay un lado Disney en mí que, a pesar de lo mucho que he combatido, se niega a morir, el muy maldito.

Entre las razones que encontramos están:

- - Por piconería: “Conocí parejas que tenían menos tiempo que nosotros y se empezaron a casar. Fiebre de matris. No era justo. Yo también quería casarme”

- - Porque “ya tocaba”: “Después de 9 años de estar juntos, ya era hora no?”

-- - Porque it´s my party and i cry if i want to: “Yo quería tener mi fiesta pee”

- - Porque de chiquitas soñaron con usar vestido blanco

- - Porque quieren que sus papis las lleven al altar: Si lo analizamos es una figura bien retorcida esta del padre “entregando” a su hija. Eso quiere decir que antes de que se casara la señorita…¿era de “propiedad” del padre? Ala qué forchi y que feo.

- - Porque les faltaban muebles y electrodomésticos: “Si te casas, te regalan millones de huevadas para la casa que son chéveres”

- -Porque querían tener una despedida de soltero. Tal vez la única oportunidad que algunos patas tendrán en sus tristes vidas para bailar cachete-pechito-ombligo con vedettes de la tele.

Soñar es perjudicial para la salud

En High Fidelity, esta película que me gusta tanto, el protagonista advierte de lo peligroso que puede resultar para un joven el crecer escuchando “sad bastard music”. Yo a esa frase le añadiría que también puede resultar perjudicial crecer viendo muchas películas o televisión. Nada bueno puede salir de un niño que ve a otro niño como él, de la misma edad, que se hace amigo de un extraterrestre tierno y encantador y, encima, con poderes que lo deja y se larga a su planeta. Un corazoncito tierno no está hecho para resistir algo así. Bueno, quién sabe.

Tampoco nada bueno sale de esas niñas que crecieron viendo comedias románticas. Siempre agradeceré a los astros que cuando yo era pequeñita no existía esa cosa horrible llamada “Princesas” y que es bien bien nocivo, estimado lector. Una amiga que es mamá me decía que ella, siempre cool, le leía cuentos bonitos a su hijita, la metió en un nido de esos alternativos, la llevaba al teatro, al circo de La Tarumba, a la granja ecológica y etc. Todo bien hasta que la niñita conoció a otras chiquitas en el nido alternativo y le presentaron el mundo de las “Princesas”. Mi amiga me contó que cuando vio un video de las Princesas casi se muere. Era algo así como un diálogo interminable sobre quién era la más linda de todas y que mi pelo es más bonito que el tuyo y mi vestido brilla más y huevadas por el estilo. Claro, pasa en la vida real, pasa en TNT, pero que feo verlo así como que en pantalla gigante y apta para todos. Esperemos que la hijita de mi amiga se vacile con estos videos y no salga con que quiere de regalo de cumpleaños una rinoplastía.

Más casos del perjudicial efecto de la ficción en la vida: tengo este amigo que mantendré en el anonimato y me decía que a él Televisa lo cagó. Me lo decía bien serio (como parece ser, pero no es). Que el pobre construyó su imaginario romántico en función a las telenovelas de Televisa, que el amor era bien sencillo en realidad: chica conoce chico. Chica y chico se enamoran. Chica y chico se quedan juntos por siempre. Simple. Nadie le advirtió que el segundo paso es utópico. Tampoco que las diferencias no se arreglan con un ramo de flores o mariachis o algo por el estilo. Ni modo. Le tocará aprender a lapos.

Y bueno, debo confesar que a mí el cine ha afectado bastante mi percepción del universo. El cine, la televisión, los dibujos animados, el hecho de pasar tanto tiempo solita de chiquita (divertida, pero solita finalmente) frente a la tele. Estoy fregada. En estos días que ando con audífonos la mayor parte del tiempo -además de librarme de escuchar comentarios que no me interesan- me hace sentir estos recorridos largos por Lima como pequeños cortos de cine. Es bonito. Me libera de cualquier pensadera.

Pero claro, además de librarme de cualquier pensadera, la música, el cine y la tele también ha alterado mi visión del mundo, de los amigos, de las relaciones, de las familias. Y sí, creo que todo para mal, eh. En fin. Nunca es tarde para remediarlo. Espero…