Friday, April 08, 2011

No es cool
Después de una pequeña (más corta de lo que me hubiese gustado, en realidad) temporada de terapia y algunos pocos años que un poquito de sabiduría han otorgado, ya había llegado a la feliz conclusión que así, espesita y adorable, estaba bien. Es decir, que me sentía bien con la manera en que soy ahorita. Que había logrado un equilibrio más o menos saludable en mi vida, que ya no valía la pena renegar por aquello que no tengo y que it´s good to be me. Punto.

Pero, siempre hay un pero. Ahora resulta que esto de tener treintaipicos y dedicarse a sábados de auténtico ocio o de pronto comprar un pasaje de avión así de la nada y largarse a “gozonear” es visto como una travesura adolescente que siempre concluye con la lapidaria frase: “aprovecha mientras puedas”. Y yo solo siento tanta envidia detrás de esto que me paltea tantito.

Hace algunos días, unas amigas mamás dedicaron la siempre agradable hora del almuerzo a hablar de sus críos. Yo escuchaba con educación (no me pidan atención) y debo admitir que algunas historias eran divertidas. Todo iba bien hasta que una de ellas volteó, me cogió del brazo como quien te da el pésame y me dijo: “ah, ya te tocará”.

Yo me niego. Me niego a que me toque, a aprovechar mientras pueda. ¿Mientras pueda qué?
Y algo me dice, mi instinto arácnido tal vez, que esta actitud me está ganando unfollowers por decirlo huachafamente y porque me gusta inventar palabras. Me explico: hace algunas semanas fui olímpicamente choteada de una reunión de reencuentro amical. Pensé que se debía a que en la reunión todas las asistentes eran mamás, pero no. Una de ellas no tiene críos. Entonces, concluyo que he pasado a formar parte de un grupo no grato o algo parecido. O, como muy sabiamente me dijo una compañerita ayer: “a lo mejor ya les aburriste pe Menchis”. Difícil de creer dada mi encantadora personalidad. No, mentira. Todo bien con ellas. Yo las sigo queriendo, pero tendré que hacerlo a la distancia, como el bolero. Una lástima.

Belleza sudamericana
Cuento con los dedos (de la mano, ojo) los momentos kodak de mi vida. Aquellos que me han conmovido de una manera bonita. No que me hayan hecho llorar o reír. Si no que se han ido de frente al archivo de los momentos extraordinarios y hermosos de mi mente. Ese mismo file al que recurriré si es que algún día estoy muy sola o muy triste o muy hecha mierda. La semana que pasó, este archivo se recargó de dos imágenes recogidas en la capital chilena:
1. Jueves 31. 5 pm. Una piscina. Sol. Una casa colonial. Un cerro muy verde. Silencio.
2. Domingo 3. 4 pm. Un parque. Sol. Empezar a quedarse dormida. Sacudirse del sopor gracias a una lluvia de papelitos que un grupo musical ha soltado como parte de su espectáculo. El cielo se llena de papelitos. Tu cabeza. La gente se muere de risa. Dos chibolitos juegan a atrapar la lluvia de papel. Sientes que tu corazón va a explotar.

1 comment:

Sebastián said...

qué chevere tu blog ahh. una locura siempre leer a los treinta añeros solteros. saludos