Tuesday, November 30, 2010

M.R.

Mi memoria anda cada vez peor y últimamente (bueno, en realidad hace tiempo) a mi cerebro se le ha dado por recordar hechos extraños y bastante intrascendentes. He recordado por ejemplo algunos episodios de mi infancia, en específico, aquellos veranos tan felices y despreocupados que pasaba en Trujillo. En esos años tan bonis, mi tía Rosita tenía una manera muy particular de referirse a los arrebatos anímicos de sus hijas, entonces adolescentes. Decía: “Ah, están con la M.R”. Yo, chiquita y feliz como era en ese entonces, le preguntaba con dulce voz y peinado de bacín: “Tía Rosita, ¿qué quiere decir M.R?”. La tía Rosita respondía: “M.R quiere decir Mierda Revuelta, hijita. Las chicas andan con la Mierda Revuelta”.

Andar con la Mierda Revuelta era propio de mis primas y no solo en los días previos a la regla. Yo miraba fascinada cómo estas chicas, hoy respetables madres de familia, se peleaban a cada rato, las persecuciones por toda la casa, los gritos porque una cogió la ropa de otra y luego los abrazos y las risas. Para mí eso resultaba exótico y genial pues yo no tenía (ni tengo, creo) hermanos y esta dinámica fraternal me encantaba. Pero debo admitir que la mayor parte del tiempo -y para desgracia de quienes las rodeábamos- mis encantadoras primas andaban con la M.R. Esta era una situación tantito palteante pues uno ya no sabía si pedirles que te acompañen a la tienda a comprar chocolates pues por respuesta podrías recibir un grito, un besito o llanto. Reacciones tan disímiles eran producto de la M.R.

Confieso que desde hace algunas semanas yo ando con la M.R. y aún no logro identificar muy bien el por qué. No tengo SPM pero me la paso casi todo el día con unas ganas de mandar al mundo entero a la concha de la lora. No soporto nada y casi todo me provoca cólera o asco o malestar. Hace algún rato estaba escuchando a Lenny Kravitz cantar American Woman y en vez de disfrutar la canción he pensado: “Puta madre, ¿qué le pasó a este chico tan sexy para volverse el horrible gordinflón que es ahora?”

He visto mi Ipod y he notado que le queda poco tiempo de vida. En lugar de buscar una solución como pedir prestado un cable para cargarlo, he renegado, he puteado y me he quedado así como el cookie monster, es decir, con las cejas bien juntitas en señal de fastidio.

Venía hoy al trabajo en uno de esos micros grandes y que respetan las leyes de tránsito. Me reía solita mientras leía las memorias de Paty Diphusa. Es que es tan gracioso como surreal. Y cuando he levantado la vista y he notado que ya me tocaba bajar, renegué. Renegué porque tenía que guardar el librito y no iba a reírme por lo menos en las próximas ocho horas.

Luego he visto un mail que me dice que hoy es mi fecha límite para “algo”. Y he visto que no he hecho nada de ese “algo”. Y otra vez, M.R. y cejas juntas.

Y hace un rato noto que mi teléfono de escritorio timbra y timbra. Y no lo quiero contestar porque sé que quien esté al otro lado de la línea va a captar mi M.R. y no es justo pe.

¿Alguien conoce alguna solución para la M.R.? A mí se me ocurren un par. Por ejemplo, me gustaría vivir como en un video muy tonto y muy malo de los años ochenta. Un video sin mucho sentido, con gente bailando y bebiendo y pelos alborotados. O ya, que no sea ochentero, sino noventero, como ese video también muy malo de una canción que es tan fea como que te golpeen las bolas y que lleva el estimulante título de “Yo quiero bailar reggae”. A mí no me gusta el reggae pero recuerdo que esa canción, por alguna extraña y retorcida razón que aún no descifro, me pone de excelente humor. Debe ser porque no me hace ni pensar, ni renegar ni nada. Me hace reír porque es muy tonta y hasta provoca que de algunos pasitos de baile. Y tú sabes que bailar me hace muy muy muy feliz. Eso y los filetes. Los filetes, en especial si son de carne, me hacen muy feliz.

Otro remedio para la M.R. sería teletransportarme mágicamente a algún paraíso tropical con una billetera llenecita de dólares (no míos) para gastar a mi antojo. En el paraíso tropical nadaría en aguas transparentes, me refrescaría con cocteles multicolores (que también combate la M.R.), tomaría fotos, bailaría conga o lingo dance y al final del día compraría cosas lindes sin preocuparme por el exceso de equipaje porque tendría más billetitos para pagar la multa por llevar cosas de más.

Ya, se me agotaron las ideas. ¿Más remedios?