Monday, October 04, 2010

Fotos

Me pregunto si será voyeurismo…pero yo confieso ante ustedes nubecinos que me gusta ver fotos de parejas. Ok, no de parejas tirando. Eso es porno y bien ahí por los pornoamigos. Me gusta observar las fotos, digamos, decentes y publicables, de las parejas. Me gusta analizar sus gestos, ver si los hombros de él están tensos cuando ella lo tiene abrazado, si la sonrisa es de “verdá” o si es la misma que se exhibiría en un baby shower.

Me gusta ver si la foto está ensayada (o enyesada, ojo con el juego de letras) . Me ponen muy nerviosa esas sesiones de fotos de estudio. En serio que sí. Me dan bastante que hacer. Analicemos queridos pimpollos. Es decir, yo me levanto un día, me estiro, me vuelvo a dormir, me estiro otra vez. Me baño y cuando salgo tolaca del baño (pero con una toalla en el pelo, ve tú a saber por qué) grito eufórica a la Ñanga: “Ñangaaaaa!!! Tenemos que ir un estudio fotográfico y hacernos una sesión de fotos usando polos blancos y mirando al horizonteeeeeeeeeeee!! Seeee!!”.

Me gustan las fotos que le toman las chicas enamoradas a sus chicos principalmente porque los hacen aparecer churros.

Me gustan algunas fotos de parejas que se toman a si mismas .Es decir, que no tienen a un fotógrafo o amigo que los pueda retratar. Y de pronto cogen la cámara, la apuntan hacia ellos y disparan. Los resultados pueden ser muy simpáticos, pero también desastrosos y aumentar esos defectos que algunos tratan de esconder o bien poniéndose de costado y ocultando la panza o bien colocándose en la típica pose de la amiga gordita: “me pongo detrás de ti y solo asumo mi carita para que no veas mi cuerpo de vaso Kero”.

No me gustan las fotos que se toman las parejas en la cama. No, que no es porno. Es decir, durmiendo. Siento que me muestran demasiada intimidad y eso me perturba.

En mi casa tengo varias fotos con la Ñanga y toditas me gustan. Tengo una en la que estamos chibolazos y, pareciera, un poco reventados. Tengo otra en la que estamos elegantísimos para irnos a un matri. Tengo la del día del “sí” y yo salgo arrugando la nariz, pero no de asco, ojo, ese es un gesto heredado de mi vieja y expresa purita “felicidá”. La que más me gusta, sin embargo, es aquella que le tomé a la Ñanga en ese luminoso verano del 2000. Fue en el Parque de las Leyendas mientras veíamos a un mono viejísimo. Él me dijo que ese mono fumaba y para confirmar su teoría, le lanzaba puchos para que los encendiera. Le lanzó cerca de una cajetilla (pero pucho por pucho, no de golpe. Tampoco te pases) y el mono no respondía (yo tampoco lo hubiese hecho). Después de desperdiciar tanto pucho, la Ñanga me dijo: “ya sé por qué no los fuma. ¡Es que no tiene encendedor!”.

Creo que tomé la foto después de esa frase. Debe ser, porque en la imagen la Ñanga sale más guapo que nunca. Prueba fehaciente de purito amor-amor-amor sin gemelos perturbadores.

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