Monday, September 06, 2010

Uno. Dos. Tres

Viernes

Dos queridas amigas llegaron de visita a este rincón del mundo. Fueron semanas y días tan bonitos como raros. Buscar en mi celular sus teléfonos y no hablar con ellas por skype o chat. Caer de visita a sus casas. Tomar vino y hacer sonseras. Tomar vino, recordar y deshacerse del pasado. Ver caras antiguas. Ver caras nuevas. Reírse. Llenar ceniceros. Disfrutar los silencios.

Cosa extraña: ambas eligieron el viernes pasado para regresar a los países donde viven. A ambas las abracé (cosa aún más rara porque el cariño así nomás no me sale) y se me hizo un mininudito en la garganta. Sí, ya sé que ahora es mucho más fácil estar comunicadas. Sé también que hablo con ellas casi todo el tiempo por msn, chat o fb. Sé que puedo comprarme un pasaje de oferta y volar a sus tierras para repetir esos rituales que tanto me gustan. Sé que todo eso es posible con o sin Mastercard, pero por el momento prefiero la nostalgia.

Sábado

Ama de casa desesperada. Menchis corriendo de un lado a otro tratando de ordenar su cuarto, lavar la ropa, ver series sabatinas, limpiar la cocina, secar la ropa, cocinar algo ligerito y sapear el facebook. Todo a la vez. Lección aprendida: no es la voz tanto corre corre. Anda como los alcohólicos, Menchis y da un pasito a la vez.

Mientras yo cumplía estas labores domésticas, en algún lugar de Lima, mis amigos me preparan una sorpresa. Y yo pienso que no puedo quererlos más y me siento un poco boba por no saber cómo agradecerle tanto cariño. Solo se me ocurre levantar el vaso y decir “salud”, pero me sigo sintiendo tonta.

Domingo

Agotada. Adolorida (maldita regla). Cansada. Sin ganas de nada salvo dormir. Ganas de un beso de moza y un beso de mozo. Pero un mozo “bien” no cualquier vaina.

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