Monday, July 26, 2010

A pensar se ha dicho

Mi madre dice que yo tengo muy buena memoria. Yo también lo creía, pero no, una vez más, me he equivocao chaval. Esta semana me junté con una muy buena amiga del colegio que -por esas cosas locas y sonsas de la vida- no veo con la frecuencia que debería. Esta buena amiga me recordó que cuando éramos chiquirriquitas (je) vendíamos golosinas en los recreos y lo que obteníamos lo guardábamos para comprarles regalos a los niños pobres en Navidad. ¿Ah?¿Quée? ¿Los niños pobres? Fue raro enterarme que alguna vez pensé en el prójimo. Más raro que hubiese tenido un objetivo fijo y noble por largo tiempo. Es decir: vender golosinas todo un año para tener dinero a fin del mismo. ¿En qué momento dejé de ser la dulce niña regordeta e idealista para ser la dulce pero al mismo tiempo malita y cínica adulta que soy hoy?

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El publicista Gustavo Rodríguez recomendaba a todo comunicador viajar en combi por lo menos un par de veces por semana (o algo así) para conocer a nuestros públicos y/o destinatarios. Muchos comunicadores viajamos en combi por una cuestión de presupuesto y no necesariamente por una curiosidad sociológica. Yo viajo en combi cuando veo que mi cuenta de ahorros empieza a dedicarse a la bulimia y creo que el invierno es una buena excusa también. “Mal que bien” (Serch dixit) en las combis no se siente tanto el frío, aunque claro, nos invaden aromas y humores repelentes.

Hace una semana iba yo en mi micro favorito. Uno grande y más o menos respetuoso con las leyes de tránsito. Detrás de mí se sentaron dos personas: un hombre y una mujer. Ella lo trataba al pata de “usted” y usando su apellido. “Claro Sánchez, tiene usted razón”, le decía esta chica que tenía la misma edad que el pata con el que hablaba. Deduzco yo (ojo con esta fea construcción gramatical) que el pata era policía. Lo deduzco porque empleó la palabra: “meretriz”. Dijo también “inmoral” y “destacado”.


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Siempre he respetado a los adultos mayores. Siempre. Será porque tuve abuelos muy chéveres y sobre todo, sabios. Mi abuela paterna era genial, con un sentido del humor negro, negrísimo. Mi abuelo paterno era un mil oficios bondadoso y paciente. Mi otro abuelo, el apá de mi amá, contaba historias interesantes de cuando trabajaba en el campo y me tenía paciencia. Muucha paciencia.

De ahí que cuando veo a adultos mayores veo un poco a mis abuelos. Les cedo el asiento, les pregunto si necesitan ayuda. Pero esto se acabó. Nunca más. En estos meses he tenido experiencias desagradables con viejos (no les puedo decir adultos mayores, estos eran unos viejos decrépitos a lo Munra el inmortal) malcriados e irrespetuosos. Uno me insultó. Otro me hizo shú shú como se le hacen a los perros para espantarlos. Y un tercero me cerró con su auto. Le conté esta situación a la amiga tantas veces citada en este blog y en one me dijo: “¿y tú que te crees? La Madre Teresa de Calcuta o qué? Deja a esa gente infeliz con su karma”. Sep. Gente infeliz que me confirma que la vejez no trae sabiduría y aunque mis abuelos eran muy cools y me dolió mucho cuando se fueron, hay viejos que merecen morir pronto. Y sí, voy a arder en el infierno por decir este tipo de cosas, pero tengo varios amiguitos que me van a acompañar. Así que todo bien.

Monday, July 05, 2010

Uy, creo que sí tenía razón
Chocherita me dijo el otro día que yo tenía demasiadas reglas. He estado meditándolo y voy a mencionar las que recuerde:

1. Me gusta que me visiten mis amigos, pero siempre, siempre, sin importar lo mucho que los quiera o lo cerca que estén, TIENEN que llamar antes de caer por mi casa. Seguro les voy a decir que vengan, de hecho que sí, pero llamen antes por favor.

2. El que maneja el auto pone la música y no se diga más.

3. No acepto a mis alumnos a mi Facebook. Sin importar qué tan bien me caigan.

4. No acepto a compañeras de mi promoción a mi Facebook. Solo a mis amigas. ¿Para qué quiero tener de contacto a una persona de la que no supe más que su apellido?¿De qué hablaría con ella si me la encontrara un día por la calle?

5. El que ensucia, limpia.

6. La chela debe estar helada, de lo contrario, se devuelve.

7. Cuando me pongo los audífonos, sea en la oficina o en el taxi o en el micro, quiere decir que no quiero hablar con nadie.

8. Solo se escribe con mayúscula cuando es necesario, como en la regla 1.

9. Se puede comentar la película, los diálogos, las escenas y hasta la ropa de los personajes. Puedes renegar, putear o llorar. Hasta puedes aplaudir si te gusta mucho la película, pero no vayas al cine a hablar de tus rollos, de las pensiones de tus hijos o de lo que te hace tu marido en la cama. Para eso están los cafés, los bares y las salas de tus amigos.

10. No se toca el claxon a menos que tu copiloto (o tú, nunca se sabe) esté sufriendo un ataque al corazón o dando a luz.

11. Respeta mi espacio. Es decir, si estamos haciendo cola, no te me pegues. La distancia que nos debe separar (salvo que seas la Ñanga o estemos por entrar a un concierto y no queremos que nadie se nos cole) resulta equivalente al largo de mi brazo.

12. No pienso con claridad antes de las 9 am. No me hagas preguntas difíciles a esas horas.

13. Si vas a un concierto, salta, canta, aplaude, silba, mueve los brazos, respóndele al cantante aunque no sepa de tu existencia, grita “otra!!” las veces que sean necesarias, pide tu canción favorita (a gritos) también. Y cuando la banda se presente, apláudelos, no aproveches el momento para ir a comprar más chela.