Thursday, December 09, 2010

Ches!


1. Hay un capítulo muy gracioso en esta serie que era tan bonita que se llamaba Mad About You (digo “era” porque dejó de serlo apenas los protagonistas tuvieron un hijo y todo se volvió aburridazo). En este capítulo, Paul y su primo Ira van en bus y se topan con una persona a la que creen embarazada y le ceden el asiento. Luego se enteran que esta persona no estaba embarazada y ups, era un hombre con una voz muy agudita. Algo semejante me sucedió el otro día. Iba yo en el Metropolitano cuando vi a una mujer con panza. Sin embargo, su barriga no era tan prominente como la de una embarazada. “¿Tendrá pocos meses de gestación o simplemente se le pasó la mano con el tacu tacu?”, pensaba. Entonces decidí cederle el asiento porque supuse que ya sea porque estaba embarazada o porque se le pasó la mano con el tacu tacu, semejante barriga necesitaba descansar. Le cedí mi asiento y ella se negó. Deduje entonces que su prominente abdomen era resultado de alguna comilona.


2. “Hoy voy a hacer dieta. Hoy voy a hacer dieta. Hoy voy a hacer dieta”

Llego a la oficina y oh sorpresa! Kekitos navideños para todos.

“Mañana voy a hacer dieta. Mañana voy a hacer dieta. Mañana voy a hacer dieta”.


3. “¡Qué cantidad de carros!. ¡Qué asco! ¡Ahh, hace diez minutos que no avanzamos!. Mejor me bajo del micro y camino”. Y camino. Y camino. Y me encuentro con una manifestación. Entonces me detengo y espero que pase la manifestación. Luego el policía no nos deja cruzar porque prefiere que pasen los autos. Y luego de estar atrapada por carros y por gente, veo a lo lejos el micro del que me bajé. Lo veo avanzar y me pongo verdecita de la ira.

Thursday, December 02, 2010

Así es

Lo que se escucha
Llego a la bodega que está en mi barrio. Le digo al señor bodeguero “buenas noches” y le cuento que voy a sacar plata del terminal BCP. El señor bodeguero me dice que ya, pero que el sistema está lento. Y yo le respondo que no hay problema y que esperaré. Mientras tanto, pongo el panetón que me han regalado sobre el aparador. El panetón lleva la marca Bianchi, nunca antes vista o escuchada.
Entonces ingresa un muchacho con la típica pinta de chico vivazo del barrio. Camina como bailando, pero supongo que así caminan los chicos vivazos. El chico vivazo ve el panetón Bianchi sobre el aparador de la bodega y grita:
-“Manya! Panetón Bianchiiii! Ese panetón es buenaaaazoooo. Cholo, ¿a cuánto está?”, le dice al bodeguero mientras pone sus manos vivazas y reggaetoneras sobre el panetón Bianchi.
-“No está a la venta. Es de la señorita”, responde el señor bodeguero.
-“Amigaaaaa”, grita el chico vivazo, “amigaaaa, ¿cuánto te ha costado tu panetón”?, dice.
-“Nada. Me lo han regalado”, le digo.
-“Ahhh! Es que ese panetón es buenazoooo”, dice otra vez y empieza a sacarme de quicio. Pienso por dos segundos en regalarle el panetón Bianchi para que deje de joder, pero de ahí reparo en que no es justo, que yo también quiero disfrutar el panetón Bianchi y comprobar si tanto entusiasmo es cierto.
-“Señorita ¿y va a comer su panetón con mantequilla?, pregunta el señor bodeguero.
-“Ah?...esteeee no” respondo empezando a ponerme nerviosa (o el panetón Bianchi es el más popular de la historia o algo rarazo está sucediendo en la bodega).
-“Que le vaya bien señorita, con su panetón”, dice el señor bodeguero.
Y me voy. Nerviosa, obvio.

¿Se han fijado?
- Que todas las voces empleadas para el doblaje de series o películas al español son exactamente iguales. Yo creo que los señores que hacen doblaje son cinco o seis y chambean como mierda.
- Que muchas mujeres juntas son una combinación explosiva y peligrosa.
- Que la navidad comienza en noviembre? Qué asco.
- Que todo el mundo dice que el café instantáneo es horrible pero igual lo toman?
- Que ya nadie se pasa papelitos en las clases? Ahora el chisme y el raje va por el chat del fb.
- Que los hombres verdaderamente sexys son aquellos que jamás usarían una palabra como “sexy”.

Tuesday, November 30, 2010

M.R.

Mi memoria anda cada vez peor y últimamente (bueno, en realidad hace tiempo) a mi cerebro se le ha dado por recordar hechos extraños y bastante intrascendentes. He recordado por ejemplo algunos episodios de mi infancia, en específico, aquellos veranos tan felices y despreocupados que pasaba en Trujillo. En esos años tan bonis, mi tía Rosita tenía una manera muy particular de referirse a los arrebatos anímicos de sus hijas, entonces adolescentes. Decía: “Ah, están con la M.R”. Yo, chiquita y feliz como era en ese entonces, le preguntaba con dulce voz y peinado de bacín: “Tía Rosita, ¿qué quiere decir M.R?”. La tía Rosita respondía: “M.R quiere decir Mierda Revuelta, hijita. Las chicas andan con la Mierda Revuelta”.

Andar con la Mierda Revuelta era propio de mis primas y no solo en los días previos a la regla. Yo miraba fascinada cómo estas chicas, hoy respetables madres de familia, se peleaban a cada rato, las persecuciones por toda la casa, los gritos porque una cogió la ropa de otra y luego los abrazos y las risas. Para mí eso resultaba exótico y genial pues yo no tenía (ni tengo, creo) hermanos y esta dinámica fraternal me encantaba. Pero debo admitir que la mayor parte del tiempo -y para desgracia de quienes las rodeábamos- mis encantadoras primas andaban con la M.R. Esta era una situación tantito palteante pues uno ya no sabía si pedirles que te acompañen a la tienda a comprar chocolates pues por respuesta podrías recibir un grito, un besito o llanto. Reacciones tan disímiles eran producto de la M.R.

Confieso que desde hace algunas semanas yo ando con la M.R. y aún no logro identificar muy bien el por qué. No tengo SPM pero me la paso casi todo el día con unas ganas de mandar al mundo entero a la concha de la lora. No soporto nada y casi todo me provoca cólera o asco o malestar. Hace algún rato estaba escuchando a Lenny Kravitz cantar American Woman y en vez de disfrutar la canción he pensado: “Puta madre, ¿qué le pasó a este chico tan sexy para volverse el horrible gordinflón que es ahora?”

He visto mi Ipod y he notado que le queda poco tiempo de vida. En lugar de buscar una solución como pedir prestado un cable para cargarlo, he renegado, he puteado y me he quedado así como el cookie monster, es decir, con las cejas bien juntitas en señal de fastidio.

Venía hoy al trabajo en uno de esos micros grandes y que respetan las leyes de tránsito. Me reía solita mientras leía las memorias de Paty Diphusa. Es que es tan gracioso como surreal. Y cuando he levantado la vista y he notado que ya me tocaba bajar, renegué. Renegué porque tenía que guardar el librito y no iba a reírme por lo menos en las próximas ocho horas.

Luego he visto un mail que me dice que hoy es mi fecha límite para “algo”. Y he visto que no he hecho nada de ese “algo”. Y otra vez, M.R. y cejas juntas.

Y hace un rato noto que mi teléfono de escritorio timbra y timbra. Y no lo quiero contestar porque sé que quien esté al otro lado de la línea va a captar mi M.R. y no es justo pe.

¿Alguien conoce alguna solución para la M.R.? A mí se me ocurren un par. Por ejemplo, me gustaría vivir como en un video muy tonto y muy malo de los años ochenta. Un video sin mucho sentido, con gente bailando y bebiendo y pelos alborotados. O ya, que no sea ochentero, sino noventero, como ese video también muy malo de una canción que es tan fea como que te golpeen las bolas y que lleva el estimulante título de “Yo quiero bailar reggae”. A mí no me gusta el reggae pero recuerdo que esa canción, por alguna extraña y retorcida razón que aún no descifro, me pone de excelente humor. Debe ser porque no me hace ni pensar, ni renegar ni nada. Me hace reír porque es muy tonta y hasta provoca que de algunos pasitos de baile. Y tú sabes que bailar me hace muy muy muy feliz. Eso y los filetes. Los filetes, en especial si son de carne, me hacen muy feliz.

Otro remedio para la M.R. sería teletransportarme mágicamente a algún paraíso tropical con una billetera llenecita de dólares (no míos) para gastar a mi antojo. En el paraíso tropical nadaría en aguas transparentes, me refrescaría con cocteles multicolores (que también combate la M.R.), tomaría fotos, bailaría conga o lingo dance y al final del día compraría cosas lindes sin preocuparme por el exceso de equipaje porque tendría más billetitos para pagar la multa por llevar cosas de más.

Ya, se me agotaron las ideas. ¿Más remedios?

Thursday, October 28, 2010

Descubrimientos

1. Al llegar a casa, Lottard (el gato de la casa) me mira y maúlla. Yo aún no logro comprender su lenguaje gatuno así que no sé si le falta comida, quiere pichi o caca. Resulta que me está saludando. Luego se echa sobre su alfombra y se pone panza arriba. Ah, quieres cariño. Ya ya ya. Ña ña ña. Ñe ñe ñe. Lenguaje ñeñeñe (ver un post muy antiguo al respecto). Gatito se va y yo también. Le estoy agarrando tanto cariño a este bichito frágil que me da qué hacer. Me pone nerviosa.

2. Resulta que no me intimidan tanto los extraños.

3. Uno que aún se cree jovencita y anda saltando de aquí pa llá, de allá pa ca como Juana la cubana. Y un buen día, tu cuerpo latino dice: "choche, para el coche (Choche: cochera pa tu coche) y fuá! ya no puedes levantarte de la cama. Y fuá! Resulta que tengo una contractura muscular. Y en vez de sentirme aliviada (mi amá pensaba que tenía algo más, ella es así pe y ya estaba armando seguro su teletón parapiernaortopedicademenchis), me he sentido tan pero tan vieja.

4. Es curioso cómo a pesar de que uno trata de no repetir aquellos compartamientos supuestamente heredados de los padres, termina siempre repitiéndolos.

5. Ansiedad = Comer en exceso.

6. El turrón de Doña Pepa nunca me pareció la gran cosa. Osea, es rico y qué bonitos los caramelitos de colores. Este octubre debo confesar que me he vuelto una turrónfan. El sábado pasado no almorcé sino hasta las cinco. Durante todo el día estuve alimentándome de turrón (nota mental: no hay turrón más rico en Lima que el de Don Italo. Tomar nota por favor). Hasta me comí las grageas rompedientes.

7. Qué bonita serie es Mad About You. Ya lo sabía. Lo repito porque es realmente boni.

8. Qué sería de mí sin mis amigos.

9. Soy una desperate housewife. Solo que sin el jatón, el cuerpazo, el pelo planchadito, los hijos, el marido loco y la histeria en Wisteria.

10. Hola, soy Menchis. Hasta hace algún tiempo podía decir que era Menchis, también periodista, profesora, hija única, esposa cool (jua), amante de música y programas basura, chica nostálgica, viajera, buena amiga (así dicen), fanática de Wes Anderson, conductora (no de tele pe, de carro pe) cuestionable. Ahora puedo decir: Hola soy Menchis y soy escritora.

Monday, October 04, 2010

Fotos

Me pregunto si será voyeurismo…pero yo confieso ante ustedes nubecinos que me gusta ver fotos de parejas. Ok, no de parejas tirando. Eso es porno y bien ahí por los pornoamigos. Me gusta observar las fotos, digamos, decentes y publicables, de las parejas. Me gusta analizar sus gestos, ver si los hombros de él están tensos cuando ella lo tiene abrazado, si la sonrisa es de “verdá” o si es la misma que se exhibiría en un baby shower.

Me gusta ver si la foto está ensayada (o enyesada, ojo con el juego de letras) . Me ponen muy nerviosa esas sesiones de fotos de estudio. En serio que sí. Me dan bastante que hacer. Analicemos queridos pimpollos. Es decir, yo me levanto un día, me estiro, me vuelvo a dormir, me estiro otra vez. Me baño y cuando salgo tolaca del baño (pero con una toalla en el pelo, ve tú a saber por qué) grito eufórica a la Ñanga: “Ñangaaaaa!!! Tenemos que ir un estudio fotográfico y hacernos una sesión de fotos usando polos blancos y mirando al horizonteeeeeeeeeeee!! Seeee!!”.

Me gustan las fotos que le toman las chicas enamoradas a sus chicos principalmente porque los hacen aparecer churros.

Me gustan algunas fotos de parejas que se toman a si mismas .Es decir, que no tienen a un fotógrafo o amigo que los pueda retratar. Y de pronto cogen la cámara, la apuntan hacia ellos y disparan. Los resultados pueden ser muy simpáticos, pero también desastrosos y aumentar esos defectos que algunos tratan de esconder o bien poniéndose de costado y ocultando la panza o bien colocándose en la típica pose de la amiga gordita: “me pongo detrás de ti y solo asumo mi carita para que no veas mi cuerpo de vaso Kero”.

No me gustan las fotos que se toman las parejas en la cama. No, que no es porno. Es decir, durmiendo. Siento que me muestran demasiada intimidad y eso me perturba.

En mi casa tengo varias fotos con la Ñanga y toditas me gustan. Tengo una en la que estamos chibolazos y, pareciera, un poco reventados. Tengo otra en la que estamos elegantísimos para irnos a un matri. Tengo la del día del “sí” y yo salgo arrugando la nariz, pero no de asco, ojo, ese es un gesto heredado de mi vieja y expresa purita “felicidá”. La que más me gusta, sin embargo, es aquella que le tomé a la Ñanga en ese luminoso verano del 2000. Fue en el Parque de las Leyendas mientras veíamos a un mono viejísimo. Él me dijo que ese mono fumaba y para confirmar su teoría, le lanzaba puchos para que los encendiera. Le lanzó cerca de una cajetilla (pero pucho por pucho, no de golpe. Tampoco te pases) y el mono no respondía (yo tampoco lo hubiese hecho). Después de desperdiciar tanto pucho, la Ñanga me dijo: “ya sé por qué no los fuma. ¡Es que no tiene encendedor!”.

Creo que tomé la foto después de esa frase. Debe ser, porque en la imagen la Ñanga sale más guapo que nunca. Prueba fehaciente de purito amor-amor-amor sin gemelos perturbadores.

Friday, October 01, 2010

Me quiero volver chango! (Homer and Piers dixit)

Hoy recibí el número cero de mi libro (pronto en su librería favorita). Yo le digo número cero porque suena paja. Era irreal como casi toda primera vez. Se sentía como la primera vez que rompí alguna ley o como cuando pensé: “Aaah, así era esto...” o “¡Qué! ¿Así era esto...?” .

Lo recibí y me fui a mi casa. Tomé un micro. Subí y el único asiento vacío estaba al lado de un chico guapísimo. Era tan guapo como un vampiro. Pero no los vampiros cabros de Twilight. Era auténticamente guapo el desgraciao. Era pálido y con la barba a medio crecer y los ojos grandes y verdes. Me senté a su lado y me daban ganas de decirle: “¿Ves esto que tengo acá. ¡Es mi libro madefacaaaa!!!!”

El micro, para variar, era surrealista. La cobradora estaba embarazada. Olía a mandarina. Atrás de mí estaba una niñita que cantaba canciones que le habían enseñado en el nido. Sonaba alguna cumbia en la radio. Un chico feo apoya su cabeza en el hombro de una chica bonita. Pero nada me incomodaba.

Me siento como en Año Nuevo. Que alguien me de una chela en esta ley seca por favor.

Friday, September 17, 2010

Si yo tuviera twitter, sería bien monse
Esta semana, dos personas me preguntaron: a) si tenía twitter y b) ¿por qué no tenía twitter?
No tengo twitter porque ya estoy medio enviciada con el facebook. Tener twitter sería mi desgracia y tal vez motivaría mi despido de la empresa.

Pero como tengo tiempo para pensar huevadas, he estado meditando, qué rechu escribiría en mi twitter. Estos son algunos ejemplos:

1. Me han puesto una multa en mi edificio por hacer bulla entre semana. Y yo que me quejo de la falta de civismo de la gente…

2. Mi profesor de natación me hizo un comentario a todas luces faltoso. ¿Lo denuncio o me hago la loca nomás?

3. Cantar mientras manejo es uno de mis placeres culposos. Eso y creer que Justin Timberlake está en algodón.

4. La ley de Murphy: nunca tomo la ruta por la playa para ir a Miraflores. El día que lo hago hay una congestión de la reconch.

5. Necesito nueva música en mi ipod.

6. Un gusto volver a ver a los viejos amigos.

7. Pocas cosas me deprimen más en un día con sol que ver cruzar a un hombre con un terno que le queda mal.

8. ¿Si trabajara con un pisco sour/chela/ chilcano al lado sería más productiva?

9. ¿Un viajecito dices?

10. Hoy vi uno de los últimos conciertos de reencuentro de Soda Stereo. Raro y triste a la vez.

Monday, September 06, 2010

Uno. Dos. Tres

Viernes

Dos queridas amigas llegaron de visita a este rincón del mundo. Fueron semanas y días tan bonitos como raros. Buscar en mi celular sus teléfonos y no hablar con ellas por skype o chat. Caer de visita a sus casas. Tomar vino y hacer sonseras. Tomar vino, recordar y deshacerse del pasado. Ver caras antiguas. Ver caras nuevas. Reírse. Llenar ceniceros. Disfrutar los silencios.

Cosa extraña: ambas eligieron el viernes pasado para regresar a los países donde viven. A ambas las abracé (cosa aún más rara porque el cariño así nomás no me sale) y se me hizo un mininudito en la garganta. Sí, ya sé que ahora es mucho más fácil estar comunicadas. Sé también que hablo con ellas casi todo el tiempo por msn, chat o fb. Sé que puedo comprarme un pasaje de oferta y volar a sus tierras para repetir esos rituales que tanto me gustan. Sé que todo eso es posible con o sin Mastercard, pero por el momento prefiero la nostalgia.

Sábado

Ama de casa desesperada. Menchis corriendo de un lado a otro tratando de ordenar su cuarto, lavar la ropa, ver series sabatinas, limpiar la cocina, secar la ropa, cocinar algo ligerito y sapear el facebook. Todo a la vez. Lección aprendida: no es la voz tanto corre corre. Anda como los alcohólicos, Menchis y da un pasito a la vez.

Mientras yo cumplía estas labores domésticas, en algún lugar de Lima, mis amigos me preparan una sorpresa. Y yo pienso que no puedo quererlos más y me siento un poco boba por no saber cómo agradecerle tanto cariño. Solo se me ocurre levantar el vaso y decir “salud”, pero me sigo sintiendo tonta.

Domingo

Agotada. Adolorida (maldita regla). Cansada. Sin ganas de nada salvo dormir. Ganas de un beso de moza y un beso de mozo. Pero un mozo “bien” no cualquier vaina.

Wednesday, August 18, 2010

Preguntas, mucho tiempo libre y otras cositas

1. Desde hace días tengo una idea que me está volviendo loca y que voy a compartir con ustedes, queridos nubecinos: ¿por qué no envejece Tom Cruise? En serio. ¿Cuántos años tiene ese señor? ¿No se han dado cuenta que tiene el mismo cacharro hace como veinte años? Yo estoy rebanándome el coco al respecto y ya estoy empezando a ponerme nerviosa. Y ustedes bien saben lo que pasa cuando me pongo nerviosa. Ya tú sá.

2. Primer día de clases
Alumno: ¿Profesora, usted ha ido al Averno?
Menchis profesora: ….
Alumno: Sí, al Averno.
Menchis profesora: ¿Que si conozco el Averno?
Alumno: No
Menchis profesora: ¿Me has visto ahí? Qué raro, si nunca he ido.
Alumno: Ah osea que si conoce.
Menchis profesora: Sí conozco.
Alumno: ok. Chau profesora, nos vemos el miércoles.
Si Menchis fuera Condorito este sería el momento ideal para un Plop!

3. Mis padres me enseñaron muchas cosas valiosas que siempre agradeceré. También quisieron inculcarme una serie de buenas costumbres que lamentablemente, no podré seguir. Y no porque sean anacrónicas o un poco “esto” o porque sea una rebelde (juaaa), simplemente porque decidí no seguirlas. Ahora, siendo una mujercita casi hecha y casi casi derecha, listaré aquellos buenos hábitos que, lo siento papis, no sigo desde hace buen tiempo ya. Desde que no vivo con ustedes. Estos son:
- No comer en la cama. Emilia, Luchito: lo siento, pero comer en la cama me gusta. Sí, es un toque flojonazo y cochinón, pero lo hago básicamente porque ustedes nunca me dejaron hacerlo. Igual todo bien y de estas cosas no hablo en terapia, así que no se me angustien (y no, hace aaaños que no voy a terapia, así que tranquilos nomás).
- Usar tarjetas de crédito. Emilia y Luchito han logrado lo que tienen en la vida a punta de esfuerzo y sacarse la mugre. Mi padre no cree en el crédito. Mi madre tampoco. Sí, mi padre tiene una tarjeta de crédito, pero la usa de manera inteligente. Jamás se endeuda y siempre tiene cosas ricas en casa. Nunca le cortarán la luz por falta de pago porque él verá cómo, pero pagará. Yo no. Mal, muy mal Menchis.
- Tomar desayuno cambiados. Sin importar qué tan fuerte haya estado la juerga de la noche anterior, mis padres me pedían que, por favor, por favorcito, tomara desayuno con ellos bien cambiadita y vestidita. Ah y que no olvidara siempre un juguito de frutas. Nek. Atrás Satanás. Mis domingos son bien malcriados. Y si tomo desayuno este se juntará mágicamente con el almuerzo. Hazte una idea.
- Con moderación. Nunca he visto a mis padres borrachos. Ellos a mí, sí. No se diga más. Aquí el buen ejemplo de mucho no sirvió.
- Preparados para las visitas. Volviendo al punto dos (“(mis padres) siempre tienen cositas ricas en casa”), debo reconocer que no he aprendido esta buena costumbre. Mi madre tiene una secreta vocación de bodeguera pues tiene absolutamente de todo en su hogar. Siempre habrá snacks, chocolatitos, galletitas, algún queque horneado con cariño, mermelada casera, agua de locos o de alguna otra fruta o hierba para compartir. Siempre tiene una presita de más en la refri para aumentar al guiso por si cae algún gorrión (no, que no es Marisol Aguirre). Yo nunca tengo nada en casa, salvo rocanrol. A veces ni alcohol.