Friday, June 05, 2009

He visto la luz
1. Tú, incauto lector, creías que a mi me gustaba The Fight Club (la película, no el libro porque todavía no lo leo) porque Brad Pitt sale sin polo la mayor parte de la película. A lo mejor pensabas que se encuentra entre mis películas favoritas por ese despliegue de violencia por el que tengo tantísima debilidad. En realidad, hace unos días mientras la veía (debe ser por cuarta vez), me di cuenta que todo lo anterior son naderías en comparación a la verdadera razón por la que me gusta ese film: porque va más allá del "qué pasaría si..." y lo hace. Es decir, yo puedo soñar con agarrar a batazos (con golpes de bate de beisbol, no confundir con cualquier otra malcriadez) la ciudad o renegar contra las combis. Ya y acaso, ¿hago algo al respecto? En The Fight Club, el personaje principal pierde todo (bueno, la cordura también) y, poco a poco, va haciendo eso que siempre quiso y para lo que le faltó huevos. Se saca la mierda luchando con desconocidos que están tan hartos de todo como él, orina en la comida de gente elegante, inserta pedazos de películas porno en cintas infantiles, se lava los dientes con agua de desagüe y así. Ese mismo personaje que tenía su departamento decorado con puros muebles Ikea y ganaba lo que le daba la gana, decide dejar sus fantasías anárquicas y violentas y hacerlas realidad de una puta vez. Y eso, me gusta.




2. Hace tiempo decidí que ya no haría más cosas que no me gustaran. Es así que decidí no ir a los baby showers. No importa que sirvan alcohol, que baile Jamiroquai (bueno, aunque si él bailara en un shower, por ahí que me animaría a ir), que prometan que será "diferente". Sé que a mis amigos que van a ser papás esta creencia (una de las pocas firmes que tengo) los pone de mal humor y ya estoy siendo tildada como "Menchis, la que no va a los showers" y me acusan de posera y otras cosas. Yo les digo, queridos amigos, que no hay nada de posería en este asunto. Simplemente, no puedo con los regalitos y, en especial, con el "ohhh" que sueltan después de abrir los simpáticos obsequios de sus invitados. Ese "ohhh" me pone mal y no hay alcohol en el mundo que cure ese disgusto. Me disgusta la decoración con globos, los cartelitos con imágenes supuestamente tiernas, las invitaciones con bebitos que sonríen, los juegos con pañales, la referencia constante a la caca del bebe. Me pone tan mal como cuando me caí de cara contra el asfalto y perdí la conciencia. Así de mal me pone, así que ya lo sabes.

3. Yo sé que la Ñanga no lee este blog así que le voy a hacer un homenaje. Voy a hacerlo porque con sus tan sencillas palabras me hizo ver el otro día que, sí pues, los hombres son de Marte y las mujeres...de cualquier otro lugar. Que los muchachos necesitan su espacio, sus chelas, sus pogos, sus "yo te estimo hermanito", sus campeonatos de poker, su ropa sucia por días. Lo necesitan tanto como nuestros lonchecitos entre amigas, las visitas a los cafés recién inaugurados (no conozco ni un pata al que le emocione conocer los nuevos postrecitos de algún nuevo café), las compras compulsivas, los chocolates, el café con leche o Grey´s Anatomy para sacar ese lado girly que tratamos de ocultar. Gracias Ñanga por tu sabiduría. Me hizo ver también que gracias a que somos tan diferentes es que nos llevamos bien. Que si él no fuera tan sociable, yo no podría ser tan gruñona y antipática con los desconocidos. Que si él no siguiera soñando con cumplir sus proyectos pendientes, yo no podría ser tan realista como aparento ser. Clap clap.