Monday, March 23, 2009

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Si tuviera que hacer un ranking de las miles de cosas que detesto, creo que el número uno de la lista lo ocuparía estar enferma. Un virus -según diagnóstico de la doctora- se apoderó de mi maltrecho cuerpo y causó afonía, dolor de huesos y de cabeza, escalofríos, fiebre, congestión, tos de perro y ganas de agarrarme a martillazos hasta partirme en pedacitos chiquitos inmunes al dolor.

Gracias a los cuidados de la Ñanga (que no se quejó de la papelera llena de mocos, las tacitas con restos de té con limón repartidas por toda la casa, la mala facha, el engreimiento y otros efectos del virus) logré recuperarme, pero no del todo. Y, como soy tantito obsesiva, además del tratamiento indicado por la doctora, busco remedios (digamos alternativos) para sanarme más rápido. Así, paseando por la casa encontré algo que trajo la Ñanga de EE.UU. Se trata de un spray nasal que debería estar prohibido por la FDA porque es tan efectivo que se vuelve adictivo. Viene con un líquido que no sé si sea bueno o malo, pero creo que "pone". Acabo de leer las indicaciones y dice que no se debe usar más de dos veces al día. Demasiado tarde.

También recurro a antihistamínicos (que generalmente se recetan para alergias pues te "secan" la nariz) pero dan sueño. Pero sueño feo. Te tomas la pepa y empieza a contar: 4, 3, 2, 1... zzz. Listo. Dormida. Con baba. Con pesadillas. Terrible.

Trato de seguir las indicaciones de la doctora (me dijo: "Menchis, no hables ni cantes" ¿? Hasta ahora me pregunto por qué me prohibió cantar. Se me hace una indicación extraña), pero ya estoy aburrida de hablar con esta voz nasal, de sonarme la nariz cada dos minutos y sobre todo, de no sentir los sabores de la vida porque he perdido el gusto desde hace 4 días. Nop. No me gusta. Creo que voy a agarrarme a martillazos. Ya vengo.

¡Basta!
Basta que diga que algún niño me parece bonito o gracioso para que la gente (¿Qué gente? No sé, la gente pues) suelte comentarios (por lo general precedidos de ruiditos de "uuuu" o "ahhh") como: "uy, ya se despertó tu instinto materno", "¡Ajá! ¿ya te estás animando" y sandeces por el estilo.

Quienes me conocen saben que los niños y yo nunca hemos sido mejores amigos, entonces creen que si digo que un infante es boni, es porque quiero uno. Sépanlo amigos, familiares y desconocidos:

- Sigo creyendo que hay niños insoportables, feos y malcriados. No es cierto que, por ser niño, un ser humano sea automáticamente bello y adorable.

- Hay niños a los que quiero porque los he visto crecer en la panza de sus mamás, porque son parte de mi familia o son hijos de gente a la que quiero o estimo mucho. El resto de ñaños... absténgase de cruzarse por mi camino.

- Si me van a enseñar fotos de bebes o niños, por favor, denles una editadita previa. Ver 52 fotos del primer baño de su retoño es demasiado. Es como cuando alguien se va de viaje y dice: "Ah, te voy a enseñar las fotos de mi viaje" y, salvo que se trate de un fotógrafo premiado, observar veinte fotos de amaneceres o atardeceres en la playa, aburre. Y cuando yo me aburro me abstraigo y ocupo mi mente en repasar tareas pendientes, pero siempre con una sonrisa. Eso ya lo sabes.

- Y si algún día decido tener familia, sépanlo, no se lo voy a contar a nadie hasta que llegue con el retoño en brazos a casa. Más o menos como cuando Angelina llega de algún viaje con un nuevo niño y le dice a Brad: ¿A que no adivinas a quién me traje de... ?(ingrese nombre de país pobre y necesitado de las adopciones de los Jolie - Pitt). Sí, algo así.

(**) Ilustración de Yoshitomo Nara, cortesía de la chica perica con la que comparto una gripe. Claro, la de ella es más cool porque vino de NY. Algo me dice que la niñita del dibujo y yo compartimos algo más que el peinado.

Thursday, March 12, 2009

1. Zapatos
Nunca llegaré a los extremos de la chica esta Bradshaw (Carrie, pe, la de Sex and the City) que tenía tal cantidad de zapatos que si sumaba su valor este era equivalente a la cuota inicial de un departamento en Nueva York, que no es poca cosa. A mí me gustan los zapatos, pero nunca gastaría 3000 cocos en un par, por más lindos que fueran.

Me gusta guardar mis zapatos y casi nunca los regalo porque cada uno cuenta una historia. Están mis botas de mi época pseudogrunge, con la que fui a miles de conciertos y con las que caminaba distancias absurdas para ir a tu aún más absurda búsqueda. Están todos esos zapatos de tacón que me compro con la intención de parecer una señorita, pero que terminan honguéandose porque nunca podré ser una señorita. Están las zapatillas, desde las prácticas (esas que puedo sumergir en un charco asqueroso sin miedo) hasta las galácticas como unas muy naranjas que me compré en la Cachina y he usado exactamente 5 veces. Pero creo que de toditos los zapatos que he ido acumulando, son mis amarillos de plástico (sí, los que se parecen a los de la Pata Daysi) los que se han ganado las preferencias del Perú y el mundo.

No tengo ni idea por qué escribo esto, debe ser porque hoy me sentía demasiado cómoda con mis zapatillas verdes y porque me gustan los zapatos. Ahora que escribo esto, recuerdo que cuando era niña, una amiga escribió una canción a los zapatos que decía así (sí, me acuerdo claramente): "los zapatos son muy importanes. Hay azules y naranjas. Y también los hay morados" (la canción era como la del Sapito de Kiko. Es decir, se repetía una y otra vez hasta hacerte convulsionar).

2. Ñervios
Soy una persona miedosa. Me da miedo la oscuridad desde chiquita porque siento que siempre está sucediendo algo que no puedo ver; las olas porque cuando una te cae encima siempre se lleva algo de ti (el bikini, la autoestima, etc); los juegos de acción extrema tipo Montaña Rusa porque esa sensación de vacío que se te mete al estómago es muy desagradable e incontrolable, además pones caras raras (como cuando los perritos tiran); las pirañas porque de solo pensar en peces con dientes, ya me pongo nerviosa; a morir trágicamente (porque sería demasiado doloroso para todos); a perder cualquiera de los sentidos porque, por muchas películas o libros que se escriban al respecto, creo que el mundo no podrá seguir girando igual.

Hoy tengo miedo de cagarla. Así de simple. De no poder enfrentar lo que se viene y termine en un rincón con orejas de burro. Nek.

3. Cremolada para el alma
¿Confundida? ¿Preocupada? ¡Cremolada para el alma en el centro de Lima! (bacterias incluidas)

4. Es bueno ser tía

Hace un par de semanas visité a mi querida familia trujillana. Hace diez o quince años, las visitas tenían un aire chonguero adolescente. Si antes salía con mis primos a pasear por ahí ("mataperrear" sería la palabra que usaría alguno de mis viejos) o a tomar una que otra chela, hoy la diversión se ha vuelto Apta Para Todos con la llegada de los sobrinos. Tengo cuatro sobrinos con edades que van de los 3 hasta los 10 años. Todos hombres, a excepción de una niña guapísima de nombre Camila. Yo con los niños nunca me he entendido bien. Siempre los he tratado como grandes y si no son extremadamente divertidos, me aburro al toque, me pongo a ver televisión o les propongo jugar a ver quién se duerme primero. Pero sucede una cosa curiosa cuando uno es tía. Los engríes, juegas un ratito con ellos y justo cuando sientes que vas a reventar o a aburrirte (felizmente no me pasó con los sobrinos trujillanos), ¡fua! devuelves a los pequeños con sus padres y listo el pollo. Es bueno ser tía.

Thursday, March 05, 2009

Ya pues, en serio...

1. Ayer, en el taxi. El taxista escucha una radio tipo La Inolvidable o Felicidad (contrariamente al amigo conocido antes como El Antiguo (así como el artista conocido como prince y que ahora se le ha dado por llamarse Prince de nuevo, qué pesado), yo no las diferencio). En eso, la animadora dice: "Bueno, voy a pasar esta canción que el señor fulano dedica a su sobrina mengana de 8 años. A continuación Mocedades con el clásico "Tómame o déjame". Ya pues, en serio...

2. Hoy, manejando ahi voy manejando. Entro al cálido Centro de Lima y me topo con uno de sus clásicos embotellamientos. Casi casi, un auto encima del otro tratando de pasar todos, toditos, al mismo tiempo. A mi costado, caminan unos tipos con pinta de malos (malos en serio, no malos como en los videos de rap) e intentan pasar justo cuando el auto que está delante de mí decide avanzar. Yo respeto al peatón, el peatón es mi amigo, pero esos señores no eran peatones. Eran choros, estafadores o malosos. Así que me volví chofer de combi y fuacatán seguí de frente y les cerré el paso. Me gritaron e insultaron como era de esperar. Avanzo un par de cuadras y cuando volteo para ver el panorama del Centro de Lima veo "algo" en la luna del auto. Ese "algo" se chorreaba lentamente. Ese algo era un pollazo que los malitos me dejaron de recuerdo. Ya pues, en serio.

3. Hoy decidí vestirme como señorita. Vestido, zapatitos altos y hasta collarcito. Podría pasar como una señorita que trabaja en algo muy respetable o formal (con esa frase he quedado mal, mal, mal. Mami, no leas este blog). Llegaba pues a mi trabajo y un señor muy mayor y respetable que trabaja en la oficina del costado (que generalmente es muy correcto y educado) se me acerca y dice: "Menchis, qué elegancias!" y fuá! me saluda con un beso. Un beso que dejó mi cachete mojado. Ya pues, en serio...

4. ¿Oasis viene a Lima? Ya pues, en serio...