Thursday, December 24, 2009

Es curioso... (2)

1. Ayer, 23 de diciembre, Chocherita me pidió que lo acompañe a Mesa Redonda pues quería comprar un arbolito de Navidad. Gente, mucha gente por todas partes y la sensación que, en cualquier momento, algo horrible sucedería. Felizmente la paranoia se quedó dormida un ratito y dio paso al "despertar de mi niña interior" (chocherita dixit).
En medio de tanta gente, vendedores ambulantes, cargadores sudorosos y cierta angustia en el ambiente, sentí algo parecido a cuando era niñita y ayudaba a mi amá a armar el nacimiento. Pero esa tierna sensación se evaporaba rapidito nomás porque en Mesa Redonda la reflexión está prohibida y hay que apurar el paso.
Fue bonito regresar cargando el árbol (mágicamente reducido en una cajita) y las bolas en la mano (las guirnaldas pe). Me daba ilusión imaginarme a Chocherita y su familia armando su árbol recién comprado.

2. Mi querida Primis está varada en Madrid. La aerolínea en la que venía quebró y ella se quedó sin abrazar a sus papás, hermana y sobrina. Yo la extraño porque la Primis es de las personas que aún sueñan y que reparten alegría como si nada. Es entusiasmo, y es también conversaciones en el msn con vocales mil veces repetidas (tipo: juaaaaaaaaaa, no seaas maalaaa y otras). Primis, te extraño, pero conociendo tus encantos, a lo mejor un millonario guapo te regala su pasaje, mismo película y en un ratito nomás ya te estoy abrazando de nuevo.

3. Tanto resistir para luego pecar. Ayer tuve un ataque horrible de consumismo y fui a comprar regalos. En realidad solo compré tres: para mi amá, mi apá y la Ñanga. Ví gente peléandose en las cajas, señoras con hijos manganzonasos comprándoles "sus zapatitos decentes", vendedores sedientos de comisiones de ventas y millones de choros viendo en qué cartera meter la mano. Menchis, no aprendes ¿no?

4. Siendo las 2 pm, me retiro hacia mi hogar en la pradera. ¿Llegaré viva y sobreviviré el tráfico espantoso? Yo creo que no.

Monday, December 21, 2009

Es curioso..(1)

La gente no? Sí pues, la gente. Será que no crecí rodeada de mucha gente (más allá de la indispensable, tampoco es que haya sido Mowgli, a pesar de llevar su mismo corte de pelo por algún tiempo) y por eso, esto de las relaciones sociales aún no lo termino de comprender.

Pienso por ejemplo en Navidad y la hipocresía que le rodea. De pronto hay que ser buenos, acordarnos de la gente que no tiene para comprarse un todinito y justificar todo con "Ay, es Navidad". Hay que sonreír, brindar y regalar (en ese o en cualquier otro orden) porque "es Navidad" y prohibido deprimirse.

Hay que ayudar, hay que regalar, hay que vernos, sí, hay que vernos y brindar y darnos más regalos. Y a mí todo eso me produce profundísima flojera y al final, como cuando quedan restos de café pasado en la taza, una cosita así medio cochinona. Llámala tristeza, si quieres.

Yo lo he intentado, de veras de veritas. Una navidad cociné un pavo entero, decoré mi mesa, puse velas y todo. Recibí a mi suegra y a la nana de la familia de la Ñanga. Los cuatro sentados alrededor de la mesa parecíamos un comercial de Inka Kola, realmente adorables. Pero en el fondo sentía precisamente eso, que estábamos filmando un comercial y no viviendo algo. Y aparecieron los restos de café en mi corazoncito latino.

Y las preguntas... Me preguntan si ya compré todos mis regalos. "No, no regalo a nadie" (en Navidad, al menos no. El resto del año sí y me encanta). Me preguntan también si ya decoré mi casa. "En realidad no decoro mi casa" (y empiezo a dar excusas como: "mi casa es muy pequeña y no tengo lugar para guardar los adornos el resto del año" o "me da flojera limpiar árboles y adornos"). Y claro, me dicen posera, grinch y otros apodos bastante monses. ¿Es tan difícil comprender que no es una pose, es simple flojera y falta de motivación?

Me ha ido mejor con las tradiciones creadas. Hace varios años, junto con algunos amigos, creamos nuestra propia celebración posterior a tanto lonche y melcocha familiar. Y nos fue bien. Pero luego se dejó de lado y otra vez se ha retomado y esperemos que esta vez todo salga bien y no aparezcan los restos de café.

Wednesday, December 09, 2009

SPM

Yo pensaba que esto del SPM (Síndrome Pre Menstrual) era un invento de las mujeres para hacer o decir lo que les diera la gana sin que nadie les llamara la atención. Pero desde que hace algunos meses empecé a experimentarlo, debo alegar que es verídico, que el SPM existe, que es una basura y nos trastoca el cerebro y las emociones.

A mí no me gusta mucho escribir cosas de nenas en este blog, pero como le decía a una amiga hace poco, yo siento que si no escribo sobre algo que me preocupa, es como si no existiera. Serán los rezagos de la terapia, pero yo tengo una necesidad medio compulsiva por verbalizar casi todo.

Quienes me conocen saben que esto de la emotividad no va mucho conmigo. Que sí, te quiero y todo, pero no te abrazo lo suficiente. Y sí, me caes de la puta madre, pero no te digo "mi amiguita(o) linda(o)". De pronto, en estos días de SPM me vuelvo una máquina de sensibilidad. Pero una máquina bien barata, como si hubiese sido adquirida en la Teleferia (que por cierto, es mi nueva obsesión). Para muestra, esta experiencia: el lunes previo al feriado la Ñanga llegó medio bajoneada porque le están pasando unas cosas medio cagadas y yo estaba con SPM (insértese en este momento, música de melodrama de televisa. Algo así como: turún!!). Ni bien llegó, le di toda la lista de cosas feas que me habían sucedido durante el día, pero ahora que lo analizo con mente calmada, no eran tantas ni tan terribles. Luego, me puse a llorar.¡A llorar porque un taxista me contó que le habían robado! Además, la lista de "cosas tristes" terminó con esta frase, que tan solo de reproducirla, me da vergüenza. Le dije: "¡y encima, en el capítulo de Grey´s Anatomy de hoy mostraron a un chibolo que había sufrido quemaduras horribles y lo estaban despellejando!!!!¡Pobrecito!!".
La pobre Ñanga se limitaba a escuchar y yo creo que estaba considerando tirarse por la ventana y huir de casa con lo que llevaba puesto. Y correr, correr, correr como Lola o Forrest. A ver quién lo alcanza.

Tuesday, December 01, 2009

Apuntes domésticos

Uno: Romance tormentoso: Telefónica y yo


He llegado a la conclusión que la compañía de teléfonos es una mujer. Una mujer jodida y poderosa a la que no te puedes resistir y a la que, después de tirártela (o mejor dicho, luego de que ella te tira) quieres apuñalar.

Telefónica y yo iniciamos un romance cuando, bien a la antigua, me mandó una carta a mi recién estrenado departamentito clasemediero. Era una carta en la que me decía que tenía un teléfono para mí y que tenía que ir a reclamarlo cuanto antes. Tendría mi propio número telefónico y, por esas cursilerías alimentadas por mi gusto a las sitcoms y otras atrocidades, me llenaba de ilusión que alguien me buscara en la guía telefónica y viera mi nombre.

Sin embargo, una vez que Telefónica (le diré Tele de ahora en adelante porque me aburre repetir un nombre tan largo y feo tantas veces) me tuvo en sus filas se dedicó a hincharme las bolas. Sí, sé que es una frase bien argentina, pero me parece sumamente precisa. Claro, bolas no tengo, pero si las tuviera estarían a punto de reventar gracias a las jugarretas a las que Tele me somete .

Jugarretas como llamarme, a horas muy indecentes (¡a las 7 am por Dios santo!) a ofrecerme teléfonos inalámbricos que no quiero. La muy pendeja hasta me ofreció un trío. Sin embargo fue una ilusión momentánea pues no se trataba de ninguna fantasía sexual por cumplir, sino de una fría promoción comercial que consiste en pagar un solo precio por tener cable, internet y teléfono. Aburrido.

Y así como la chica que te llama para salir pero te cancela una hora antes, Tele hacía lo mismo cada vez que se iba el cable o no había línea telefónica en casa. Me decía que sí, que iba a ir a solucionar el problema, pero o nunca llegaba para resolverlo o lo hacía cuando yo no estaba en casa. Pendeja.

Tele también me hizo vivir situaciones surrealistas, como cuando se fue la línea telefónica. Es curioso, pero el único modo de reportar una de estas averías es, isn´t it ironic?, por teléfono. ¿Cómo puedo llamar a decir: “hey, mi teléfono no funciona” cuando…esteee… no tengo línea telefónica?

En estos momentos estoy atravesando otra crisis con Tele. La muy perra me engatuzó nuevamente pues le terminé comprando un aparato llamado Decodificador. No solo eso. También le compré una serie de ofertas fabulosas a las que no podía negarme. Me dijo algo así como que iba a pagar la mitad por tener un paquete Premium para ver todos los canales HBO. Cuando comenté la noticia en casa, mi querido roommate abrió los ojos como platillos chinos y dijo conteniendo la emoción: “ESO QUIERE DECIR QUE VAMOS A TENER PORNO??”. “No lo sé, pero vamos a ver muchas películas”, le respondí mientras él se alejaba canturreando algo que parece ser la canción que entonan los hombres cuando creen que van a tener porno gratis en sus televisores.

El decodificador adquirido necesita, al parecer, personal especializado para su instalación. Personal que, 16 días después de haberlo solicitado, aún no llega. Llamé a Tele para putearla y me dijo que el personal había tenido un imprevisto y que por eso no había llegado. No obstante me aseguró (y me pareció que lo juró por la Sarita) que “de todas maneras” iba a llegar el viernes. Estamos sábado y sigo sin el aparato. Hoy volví a llamar y me ha dicho que esta vez sí llega (este diálogo podría darse tranquilamente entre una pareja con problemas sexuales) pero aún no pasa nada. Creo que es momento de terminar con Tele para siempre. Es eso o ponerle una bomba en el local más cercano. Por si acaso, estoy chequeando páginas web que me enseñan a hacer una bomba casera con vinagre y artículos de limpieza. Wish me luck.

Dos: mi madre, el mercado y otras delicias
Mi madre y algunas amigas me envidian cuando les cuento que vivo en Magdalena. “¡Qué maravilla tener el mercado de Magdalena tan cerca!!”, me dicen, “es uno de los más completos y podrás comprar de todo!!” dicen al borde de, lo que yo creo, es un tipo de orgasmo muy particular.
Pero mis visitas al mercado tienen más que ver con adquirir piratería, calzones y flores (extraña combinación) que con comprar verduras o carne. Me gusta pasearme por los puestos y mirar. Igual que cuando voy a un centro comercial. No compro (bueno, no siempre), miro y miro y alucino. Hueving shopping que le dicen.
Tengo además una total incapacidad para hacerme caseritos en el mercado, habilidad que mi madre domina a la perfección y que, como tantos de sus dotes para socializar, envidio secretamente. Hace algunos meses, y por alguna circunstancia que no recuerdo, ella estuvo viviendo conmigo por una semana. Durante ese tiempo, se hizo caseritos en el mercado. Me dijo cuál era el “point” para las alcachofas (¿?), cuál el de la carne, dónde encontrar la fruta de temporada a buen precio, dónde no comprar pollo y cómo reconocer unos espárragos de calidad. Saberes todos que agradezco pero que por alguna razón no he podido almacenar en mi cerebro que prefiere ser alimentado con conocimiento basura y pop (que no es ni será lo mismo). Mi madre, durante esos siete maravillosos días que me acompañó (y no hay nada de sarcasmo en esto. Yo adoro a mi madre y no se diga más) se apropió del barrio. Esto es, saludaba a las gordas de la tienda por su nombre (para mí siempre serán las gordas) y ellas le respondían al unísono: “hola señora Emilia”, le preguntaba al guachimán si su esposa ya estaba bien y respondía con paciencia las preguntas que le hacía la señora de la cochera (de la que tampoco sé su nombre) respecto a la crianza y salud de su hijto Joel.
Me pregunto qué pasaría si ella viviera conmigo acá. Yo creo que el barrio entero la lanzaría de candidata a la alcaldía. Y bueno, yo sería algo así como la primera hija de Magdalena o alguna huevada parecida. Adjetivo que, admito, me encantaría.

Tres: me regalaron una cebolla
Durante mis casi diez días de vacaciones en casa me convertí en una ama de casa wanna be. Es decir, me levantaba con ganas de limpiar mi hogar de arriba abajo, de cocinar riquísimo y de botar los cachivaches de ese ropero que me mira cachoso cada fin de semana. Pero pasadas dos horas de este saludable impulso, me aburría y me ponía a ver videos en youtube o me metía al msn para decir nada.
Pero en esos momentos en que era ama de casa absoluta e iba al mercado (sí, el mismo que mi madre adora) me encontré con algunas delicias dignas de compartir:

1. Me regalaron una cebolla. Así es. Iba caminando cerca de los puestos de verduras y encontré algo así como una gran liquidación de choclos. Cientos de choclos regados por el piso. Señoras emocionadas se llevaban los choclos por manos (esto es de cinco en cinco). Yo solo quería uno para comerlo con el queso que tenía hace varios días en la refri. Le dije entonces al vendedor:
- Señor, a cuánto el choclo? (sí, se dice “a cuánto” y no “cuánto cuesta”)
- La mano está XXX soles (no recuerdo el monto).
- ¿La mano?? No señor, yo quiero uno nomás.
- Ah uno, uno te cuesta XX céntimos

Le pagué y le faltaban veinte céntimos para completar mi vuelto.
- ¿Y si te regalo una cebolla por los veinte céntimos? Es que no quiero caminar, dijo el vendedor de choclos.

Y me regaló una cebolla.

2. ¿Qué te falta amiguita? Otro de los puestos del mercado que me encanta es aquel en el que venden cientos de verduras picaditas y listas para hacer con ellas lo que quieras (sí, hasta eso). Venden verduras para sopas, verduras para saltados, verduras para ensaladas, verduras y más verduras. La vendedora de ese lugar, una señora a la que le falta un diente pero tiene el cabello perfectamente pintado, no te pregunta qué vas a llevar sino “qué te falta”. ¿Y si le respondiera: "Señora, me falta pasión, ilusión y esperanza por un futuro mejor. ¿A cuánto?"

3. La sal no sala. Ya había comprado los tallarines y la carne y los tomates y la cebolla. Ya tenía el menú del día, pero ¡oh no! ¡No tenía sal en casa!. Fui a la tienda de abarrotes y pedí un paquete.
- ¿Sal de cocina o sal de mesa?, preguntó la vendedora
- Sal, respondí
- Solo tengo de mesa, dijo.
- Ya pe.

Nunca entendí la diferencia entre las sales. Digamos que ambas deberían salar o ¿es que la de mesa es más simpaticona y hay que lucirla en la mesa junto a la pimienta mientras que la de cocina es un poco más under y prefiere la clandestinidad?

Thursday, November 19, 2009

Cositas varias (y ricas)
1. Quiero ver Paranormal Activity cuanto antes. Creo que nuevamente lloraré de miedo (Cuando una película me da muchísimo miedo, lloro. No grito, no salto. Lloro). Míralo:


2. Las vacaciones en casa me han dado una interesante visión de la vida diurna en mi barrio: el borrachito del barrio trabaja de día (supongo que para costearse el trago de la noche); las señoras amas de casa salen de sus hogares con ropa deportiva. Debajo de esta albergan el deseo de recuperar la figura de hace veinte años. También he visto a las movilidades escolares llegar y a las mamás esperando a sus hijos en la puerta. Me gusta esa imagen. Me recuerda lo bonito que era volver a casa luego de la escuela. Lo rico que era encontrar tu comida servida y lista para devorar. Quitarte el uniforme y ponerte la ropa “de calle”. Ver dibujos animados tomando leche con Milo y así y más.

3. Vacaciones de hallazgos. Música boni, libros por acabar, sesiones de Guitar Hero y pelis de temer. Vi Funny Games U.S. Mala idea. Desde entonces ando un poco (más) paranoica y creo que mis días están contados.

4. Reencontrar a los amigos extraviados siempre será un placer. Solo igualado por las conversas y las chelas a media semana y los cebichitos sabatinos.

5. Me asusto de mi misma cuando me pongo tan contenta al terminar la limpieza del hogar. Según mi amiga tantas veces citada en este blog, es absolutamente normal y existe una explicación psicológica muy interesante al respecto que no pienso reproducir porque no me da la gana.

6. Al igual que mi amiga tantas veces citada en este blog: “Quiero ser millonaria”.

7. Diciembre será genial: visitas de amigas y familiares que viven muy lejos y miles de cosas por contar. Una lástima que no me guste la Navidad. Será "pa la vuelta choche".

Wednesday, November 11, 2009

Fiesta en la piscina

La pareja de cincuentones baila solitaria en la “pool party”. Parecen protagonistas de uno de esos anuncios de Viagra que dicen que la vida se disfruta mucho más sin problemas de erección. Bailan sensualmente, pero hay tanta sensualidad en esa danza como en dos rinocerontes luchando por sobrevivir. La música que los (nos) rodea intenta crear una atmósfera fiestera. Intención que es secundada por una barra libre que miro desde lejos. Cosa extraña. En este viaje no me provoca beber.

Llega otra eufórica pareja de cincuentones por lo que empiezo a sospechar que los 50’s son los nuevos 40´s y hay que vivir la vida loca ahora que los hijos ya nos dejaron y mira tú que nos han crecido pendejos canos y una guataza, pero aún tenemos alegría por vivir. Esta pareja está conformada por una mujer rubia y chillona y un hombre de aspecto cansado que parece tener mucha paciencia. Ella, su esposa, ingresa a la "pool party" escandalosamente. Menea la cabeza, se saca la ropa, se contonea mientras que el marido observa todo con cansancio, le sostiene la ropa y se toma un whisky. Un fotógrafo joven y guapo que anda dando vueltas por la piscina no puede resistirse a la tentación de retratar tremendo momento kitsch. Se acerca encantador y les pide permiso para sacarles una foto.

Imagino posibles finales para estas historias. Ninguno feliz. Cuando veo a estos tíos disfrutando de estos destinos supuestamente románticos me invade la tristeza. ¿No hay acaso más belleza y disfrute en casa, haciendo las compras en el mercado, planeando el menú de la semana, bañándose apretadísimos en una tina sin hidromasaje ni botellitas falsas de shampoo o llenando el crucigrama del sábado sin nadie preguntándote si todo bien o se te ofrece algo más? ¿Por qué renegar de la rutina, empacar maletas y viajar tantísimos kilómetros para bailar, sacarse la ropa frente a desconocidos atónitos, beber hasta arrastrar el alma y la lengua o hacer el amor? Y es que yo entiendo cada vez menos a los seres humanos y creo que, como Brigitte Bardot, voy a terminar queriendo más a mi perro (que no tengo) que a la humanidad.

Monday, October 26, 2009

Zoociedad
Hace mucho tiempo escuché a un director de teatro contar que mientras craneaba una obra y a sus personajes veía mucho National Geographic. Contaba que el comportamiento animal le daba luces sobre cómo podrían moverse determinados personajes en escena. Sí pues, los animales son bichos fascinantes. No en vano me volví fanática de los Monos Pandilleros que es de lejos, una de las mejores series del MUNDO!! Sip, del mundo entero.
Pensaba pues yo en esta y otras tonterías cuando, no sé por qué, la semana pasada empecé a toparme con gente que parecía animales. El miércoles por ejemplo, mientras iba en un micro me topé con la espalda de un señor que de tan grande que era no entraba en el asiento. Viéndolo así parecía una bestia. No una bestia del tipo: "oye qué tal bestia este tipo!", sino bestia del tipo "animal gigantesco". Podría haber sido un jabalí o tal vez La Mole. El tipo se encontró con un amigo que, a su lado, parecía una cigarra. Tenía toda la pinta de una cigarra. (Chiste sonso: ¿Dónde viven las cigarras?¿en las cigarreras? Jua jua).
Luego, llegando a la tan simpática (nótese el sarcasmo por favor) avenida Abancay me tope con un hombre con cara de topo, una chica de mejillas rosadísimas que (no soy mala, en serio) parecía un chanchito. Un chanchito feliz que no sabe su destino final.
Llegó el fin de semana y fuimos a almorzar con La Ñanga y mis padres. La Ñanga me comentó que la señorita que atendía las mesas parecía un cuycito. Parecía pues. Era pequeñita, con los dientes salidos, los ojos chiquitos y se movía de un lado a otro como el cuy de la tómbola. Creo que los cuyes son hiperkinéticos. Se me hace que sí. Ah y malgeniados también. Como los perros pequineses. Tremendos son.
Durante un tiempo, un amigo me decía Ardilla y recuerdo que en Navidad me regaló una ardilla navideña. Aún la tengo guardada y cuando la veo me da como nostalgia. Aunque ahora que hago memoria, este mismo amigo me decía que cuando veía los Animaniacs y aparecía Skippy, también se acordaba de mí. El muy maldito...


*en la imagen Slappy (derecha) y Skippy (izquierda).

En fin, ese regalo es el único "adorno navideño" que tengo en casa. Por cierto, elevo mi protesta por el maleado adelanto de la Navidad. No es posible que mientras me estoy empujando mi rico turrón de Doña Pepa, los comerciales en la tele y los supermercados me digan que hay que comprar panetón. No hay justicia.

Tuesday, October 20, 2009

Hoy
Hoy vi a un hombre muerto en la esquina de mi casa. Había policías y dos autos detenidos. Supongo que fue atropellado. No había sangre alrededor y el cadáver estaba cubierto con una tela plástica que decía Tuberías Pavco. Creo que nadie, por más hijo de puta que sea, merece morir cubierto de una tela que diga Tuberías Pavco. Uno debe morir en paz. Si se puede, rodeado de quienes te quieran. No jodas. No puedes morir antes de llegar a la botica a comprar aspirinas para la resaca. Tampoco si estabas rumbo a la panadería para recoger la torta de cumpleaños de tu hijo. Así, simplemente, no se muere.

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Hoy una amiga (sí, la tantas veces citada en este blog) me ha escrito un mail muy bonito en el que me cuenta sobre las canciones que le gustan y los olores. Una relación extraña que no quiero detallar aquí. El asunto es que su mail me hizo pensar, en realidad, reflexionar sobre el poder de las cosas bonitas. ¿Tenemos las personas necesidad por las cosas bellas? No me refiero a una florecita que eso es bello pero digamos básicamente bello. Tampoco tiene que ver con libros de autoayuda, películas con happy end (que es final feliz y no aquello que estás pensando) o canciones tralalá. Me refiero a canciones, películas, lecturas, imágenes que te hagan sentir bien, satisfecha, con ganas de seguir adelante y no atravesarte en el camino de un tractor. ¿Son necesarias para vivir o ya mucha pastrulada?

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Quiero cosas lindas!! Me regalas??

Tuesday, October 13, 2009

Sequía

He dejado abandonado a mi querido blog porque sentía que no tenía nada divertido, ocurrente o feeling sobre lo que escribir. Pero si voy a esperar a que llegue la bendita inspiración, nos sorprende el 2012 y las profecías mayas y todo se va a la mierda.


Este es un post-ejercicio para no oxidar el palabreo.

1. A pesar de mi dulce apariencia, soy una persona malhumorada. Tú me verás sonreír la mayor parte del tiempo, pero la verdad es que mientras sonrío estoy maldiciendo, insultando, tragando mi propia bilis hasta ponerme como el Grinch. Pero jamás te darás cuenta.


2. Si hace tiempo no nos vemos o no sé nada de ti, por favor, no se te ocurra mandarme un mail con una cadena o chistecitos. Puedo botar espuma por la boca de tanta ira. Tomar en cuenta.


3. Por razones estrictamente laborales, esta semana he estado visitando el fascinante mundo de los gimnasios. He visto chicas regias, chicas a las que se les desborda la carne por los lados, chicos guapos, chicos gigantescos que me dan miedo, señoras que se ejercitan maquilladas, hombres que hacen ruidos muy perturbadores cuando se ejercitan. Todos, toditos, cada vez que pueden, se miran sobre cualquier superficie que refleje su imagen.


4. Qué increíble que haya gente que aún sueñe. Hoy conocí a un taxista que tenía una sobrina que se estaba abriendo paso en el mundo folklórico musical. Me conmovió su historia. Eso me hizo reflexionar que yo ya no me voy a abrir paso en ningún mundo. Tal vez en este, pero quién sabe.


5. Me gusta el color con el que hemos pintado el cuarto donde está la computadora (odiaría llamar “estudio” a algo tan chiquito y dulce). Me siento dentro de una pecera y estoy a punto de cantar Burbujas de Amor.


6. A ver tú, amigo lector, dime cómo soluciono este problema: hace dos semanas que no tengo línea telefónica. Sin embargo, el único modo que conozco para hacer un reclamo es llamando al 104. Resuelva entonces el siguiente problema: ¿Cómo reporto una avería telefónica si no tengo línea?


7. A veces cuando escucho a alguien hablar demasiadas huevadas, imagino que explota. Es bello.


8. Durante mis vacaciones me compré unos lentes de sol muy lindos. El otro día una chica los vio y me dijo, en realidad, me gritó histérica (como cuando gritan las mujeres histéricas porque han visto algo lindo o no sé, a algún ex Menudo o una huevada así): “Aaay qué lindos tus lentes. Son como los de Paulina Rubio”. ¿Puede haber tanta maldad en el mundo?


9. Si escucho a alguien más decir: “oye deja de comer porque ya viene el verano” le voy a mandar al Negro Frodo.


10. Qué bueno es volver.


Ah, las tardes después del cole....

No viene al caso, pero es boni.

Friday, September 04, 2009

Tome Ceregen
Me he dado cuenta que últimamente esto asunto del humor ya no me sale tanto en este blog. A lo mejor es por esos desequilibrios de los que se sorprendió la doctora el otro día que fui a visitarla. Un día para el olvido o tal vez para recordar. Nunca había sufrido tal ráfaga de análisis: en one me pusieron unas inyecciones dolorisísimas, me sacaron sangre a ritmo de los 80´s (es que el chico del laboratorio escuchaba una de esas radios en las que pasan música de hace veinte años) y de paso me hicieron un examen del cual no hablaré en este blog porque el exhibicionismo no me da para tanto.

No tengo muchas ganas de hacer nada o algo salvo ver películas muy tontas que me hagan reír. Tengo varios libros por leer y solo leo los más ligeritos. Mi querido Ipod ya me aburrió y estoy a la caza de nueva música, pero no tengo ánimos de bajarme discos (sip, yo soy pirata, como tú) y menos comprármelos.

¿Le faltará Magnesol a mi vida?¿Debo aumentar la dosis de ejercicio para ver si así genero más endorfinas? ¿Estoy desbalanceada como esos personajes horrorosos (con los que comparto peinado) del comercial de las leches?

Algo raro pasa con mi organismo, estoy segura. Nunca antes tuve problemas para dormir y ayer me la pasé en vela y estuve cerquita de ponerme a ver Infomerciales. Algo raro hay porque mi ropa de colores hace días que no ve las calles y creo que quienes me rodean creen que me he vuelto beatnik o existencialista pues ahora solo visto de negro y no sé bien por qué. (Comentario: no sé por qué siempre he creído que los existencialistas visten de negro. Debe ser por la misma razón que creo que los beatniks siempre usan boinas. Estereotipo que le dicen).

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Ayer volví a ver uno de los videos más bonitos del mundo (gracias, querido!!). También vi Persépolis. A veces las cosas más lindas no necesitan tanta alharaca. Solo ojos y oídos dispuestos a disfrutarlos.

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De pronto, ganas de una hamaca, un chilcano, sol y algo así como Fleet Foxes o Neko Case en el ambiente.

Friday, August 21, 2009

¿En qué momento?

"¿En qué momento se me ocurrió usar esa minifalda gris?", me preguntaba mientras veía esa faldita tan ajena a mí en el fondo del cajón. No sé qué me llevó a ponérmela encima de lo que en mi época le decíamos mallas y ahora le llaman leggins.
Le dije a la Ñanga que esa faldita la usé una sola vez en mi vida, en una fiesta de mi primer año universitario. A la Ñanga le preocupó que yo haya usado ese tipo de falditas en algún momento. No me dijo nada.
Encontrar ropa del pasado es extraño. ¿Qué me llevó a comprarme eso?¿Por qué la use para una fiesta? ¿Por qué nunca más la usé y sin embargo, no la regalé? Supongo que es mejor que me pase con la ropa a que me suceda algo con la gente y preguntarme entonces: ¿qué hacía yo con este o esta o estos?
Volver a usar minifalda (aunque no mostrara nada de piel gracias a los famosos leggins) me hizo gracia...Me sentía un poco con Bridget Jones (aunque nunca tan gorda). Solo me faltaba un Hugh Grant que me dijera: "¿Por qué no vino a trabajar la falda, Jones? ¿Está enferma la falda?"

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¿En qué momento cambió tan radicalmente el mundo de los shampoos? Hace tiempo no me enfrentaba a estos artículos pues le compraba a mis amigos que venden por catálogo. De pronto, parada frente al anaquel de shampoos (y no, no al pelotón de fusilamiento...chiste nerd) me sentí perdida y luego, un poquito furiosa. Escoger un shampoo hoy en día ya no es tan sencillo como elegir entre uno para cabello seco, graso o normal. Nop. Ahora resulta que todo el mundo tiene problemas con sus rizos o sus cabellos lisos. Que si los quieren hidratados, que si los tienen rebeldes, que si se les esponja, que el frizz, que si no quieren que se les vaya el tinte, que si se les quiebra o se les cae, que si se les quiebra, se les cae y además tienen caspa o resequedad o frizz!! ¡Dios!
Tuve que jugar al detinmarín y hasta ahora no sé bien qué me estoy echando a diario en la cabeza porque yo no tengo ni frizz, ni rizos con problemas, ni tinte que preservar.

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¿En qué momento todas las mujeres decidieron que debían lacearse el cabello? ¿En qué momento se volvió "normal" hacer pública tu vida privada? ¿En qué momento se empezó a elegir los libros que leer por el número de páginas? ¿En qué momento la mediocridad se volvió cool? ¿En qué momento se dejaron de hacer películas maravillosas? ¿En qué momento dejas de reírte hasta llorar? ¿En qué momento alguien decide dejarlo todo y empezar de cero en otro país? ¿En qué momento alguien dice "no más" y se lanza de un puente? ¿En qué momento te das cuenta que morirás solo y que estás esperando con emoción a que venga un testigo de Jehová a tocarte la puerta y tener alguien con quien hablar? ¿En qué momento dejas de soñar y te dedicas a marcar tu tarjeta diariamente? ¿En qué momento te sorprendes hablando de hipotecas y préstamos con los amigos con los que antes hablabas de las mejores canciones del mundo? ¿En qué momento decides venderlo todo y andar descalzo? ¿En qué momento te das cuenta que estás enamorado o que el amor se acabó? ¿En qué momento sientes que por más que te esfuerces nunca serás tan cool?

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Tuesday, August 04, 2009

Un verano en Nueva York
Ya sé lo que sienten las computadoras de mi trabajo. Las pobrecitas a las que les metemos tantísima información y esperamos que funcionen a mil por hora, que respondan al toque, que no se cuelguen. Ya las comprendo, muchachas.
He visto, sentido, comido, olido y bebido de una ciudad que dicen que nunca duerme. Perdí a la ňanga en una estación y no sabía a quién rezarle para que esté bien y no lo confundan con terrorista u hombre bomba. Hace tiempo que no rezo y cuando debo hacerlo, nunca sé a quién pedirle favores o iluminación para ver más allá de lo evidente.
Y estoy tan llena de momentos kodak que creo que voy a explotar o colgarme (no de un árbol, eso ya no se usa).
Momentos neoyorkinos (Ai Lov Niuyol?):

1. Me crucé con una ex rehén en la estación del Metro y estaba reeegia.

2. Un vagabundo nos preguntó de dónde éramos. Le dijimos que peruanos a lo que respondió: “Ah, peruanos, como Pablo Neruda”. (Comentario sin comentario)

3. Comimos pan que salía de un tubo. Un tubo que se abría furiosamente. Cosas raras de la tecnología casera.

4. Me convertí en Superhéroe y prometí (usando el peor inglés del mundo) que solo usaría mis superpoderes para el bien. Esto es en serio y todo está registrado por si no lo crees.

5. Es absolutamente loco compartir un tren con psicópatas, adolescentes y adultos gordísimos, mujeres hiperarregladas, chicas que quieren ser Gossip Girls, hombres guapos que dan ganas de hacerlos chiquitos (usando la tan deseada pastilla de Chiquitolina) y meterlos en la cartera para llevárselos de recuerdo, gente usando turbantes o vestidos de colores, pandilleros, hombres tan nerviosos que parecen venir de matar a alguien, turistas de todo el mundo, trabajadores de todo el mundo, gente que siempre lleva algo en la mano (un blackberry, un kindle, un ipod, un iphone, un libro, algo).






6. La tan famosa Estatua de la Libertad es del tamaňo de mi dedo. En serio.

7. Habré llevado mi cursito de Historia del Arte en la Universidad y ver un Van Gogh, un Picasso, un Matisse, las bocas estremecedoras de Bacon y las latas de Warhol siempre me parecerá supercool, pero hay otras cosas en los museos que simplemente no entiendo y ya parecen un mal chiste.


8. Para una adicta a la televisión y a ciertas películas, visitar los lugares que solo viste en el cine o en tus series favoritas equivale a dos momentos kodak (punto para kodak!)


9. No he podido tener una mejor guía y compaňía de viaje. Gracias Chica Tantas Veces Citada en este Blog por los paseos, la paciencia y la hospitalidad.

10. Nunca pensé que Chris Martin tendría sentido del humor.

11. Qué jodido resultó el consumismo.

12. Luego de este viaje, creo que los chanchos vuelan y que puede llover de abajo hacia arriba. Lo creo, lo sostengo y ahora lo difundo.

Monday, July 13, 2009

Cosas (inútiles o mas o menos) que aprendí en estos días

1. Beck tenía 23 años cuando Loser se convirtió en un éxito. ¡23!! No sé qué hubiese hecho yo a los 23 años con una canción tan cheverísima. ¿Se acuerdan del video?




2. God Only Knows de los Beach Boys (préstenle atención a este grupo y olvídense que aparecieron en Tres por Tres) es una canción de amor poco convencional. Empezar una canción de este estilo con la frase: "I may not always love you..." y encima, mencionar a Dios es... raro. O no?

3. El poema era "Margarita, está linda la mar" y no "Niña, está linda la tarde" (je. A veces me ataca la brutez pe).

4. Ya sé por qué chocherita usa esos audífonos de DJ por la calle. ¡Son una maravilla y Lima se vuelve bonita y hasta un poquito brillante!!

5. La Ñanga merece el premio Nobel de la paz (y la tolerancia) por no mandarme a la mierda cuando me dan rabietas por causas totalmente ajenas a él.

6. Stevie Wonder no siempre tuvo las bolas en la cabeza. Es decir, ese peinado tan raro.



7. Qué gran banda es Radiohead. En serio.



8. En el ranking de las 500 mejores canciones de la historia según la Rolling Stone, el 80% de canciones se centra en los 60´s y 70´s. Algunos éxitos ochenteros y muy pocos noventeros. Ni qué decir de los éxitos de los últimos nueve años. Entonces, ¿en los últimos nueve años no se han creado canciones fantabulosas? Pues parece que no. ¿Tú qué dices?

9. No veas películas de terror antes de dormir. No veas a Ralph Fiennes con la espalda tatuada y torturando a Phillip Seymour Hoffman. No veas películas de terror antes de dormir. No comas tanto antes de dormir. No veas películas de terror antes de dormir.

10. Otro año más y aunque no hay disfraces que coser, sí hay muchas chelas por acabar, muchos pasitos tun tun que hacer y muchos abrazos que recibir. ¿Te apuntas?

Monday, July 06, 2009

Ah, cómo hemos cambiado
La gente, ¿cambia o no? No lo sé. Si cambia sus gustos, su manera de vestir y sus raros peinados nuevos, ¿no podría también volverse más hija de puta o menos simpática? Interesante analizarlo, pero no tengo ganas de hacerlo. Además, con Thriller sonando tantas veces durante el día (y no por voluntad propia...basta prender la radio o la tele y ahí está la casaquita roja y los zombies) no dan muchas ganas de ponerse filosóficos.
A veces me pregunto qué tanto queda en mí de la chica malhumorada y pelilarga de la facultad o de la niña malcriadaza que perseguía a su abuelo con un matamoscas para pegarle. ¿Se habrán ido o estarán esperando para irrumpir en el momento menos esperado? Hoy mientras venía a trabajar en un tico realmente aguerrido, empecé a recordar las cosas qué han cambiado en mí (y no, en este momento no va a escucharse la canción de la telenovela Quinceañera, esa que dice que no se sabe por qué se siente hoy tan diferente).

1. Las aceitunas. Desde que tengo memoria, las aceitunas y yo andábamos peleadas. Cuando veía a mis compañeritas de colegio comiendo su pan con aceituna, simplemente no lo entendía. Tampoco comprendía por qué mi mamá preparaba con tanto cariño aceitunas con cebolla para mi apá y mi abuelo. Aceitunas, guácala. Las pobres ya estaban resignadas a verme desde un ladito del plato hasta que el año pasado que, durante un viaje, me pedí una ensalada. Le dije a la moza: "señorita, yo sé que la ensalada viene con aceitunas (y luego agregué la frase que cambiaría mi vida...), pero puede poner unas dos o tres, no más. Quiero probarlas". No sé por qué las pedí. Usualmente hubiese dicho: "sin las aceitunas por favor". Pero las probé y desde ese entonces, somos tan buenas amigas que estoy pensando en sembrar mi propio olivar, disfrazarme de aceituna o prepararme pancitos con aceitunas porque sí.

2. Las ideas totales. Hasta hace, no sé, unos cinco años atrás, las cosas para mí eran o blancas o negras o buenas o malas. Y no se diga más. Contigo pan y cebolla, en las buenas y en las malas. Sí, hermanito, yo te estimo, yo te amo, yo por ti doy la vida. Hoy estoy segura que aunque haya gente a la que quiera muchísimo, esa lealtad tan de mosquetero ya no va conmigo. Tal vez me he vuelto más hijadeputa (y no mami, esto no tiene nada que ver contigo) o estoy en una fase alpinchista tardía, pero ahora me preocupo más por mi y si pues, que se joda un poco el resto. Sí, soy una egoísta de lo peor y voy a arder en el infierno por siempre, pero me pregunto, si yo no pienso en mí, ¿quién lo hará? ¿el chapulín colorado?

3. No quiero pues. Hace algún tiempo trataba de quedar bien con todo el mundo. Decía solo las cosas correctas y no frases como: "no querida, ese color no te va" o "la verdad, no quiero". Dejé de hacer las cosas que no quería, de asistir a reuniones que no me apetecían, de sonreír a quienes no me caían, de bailar música que no me gustara, de comer cosas que me desagradaran, de dar explicaciones a quienes no se las merecían y decidí: "lo único que haré por obligación será trabajar (al menos hasta que mick jagger me adopte)". Además, vamos, no es tan difícil, levantarte para hacer algo que te gusta. Y encima, te pagan por eso.

4. Deportis ja ja ja ta?? Yo la chica que se inventaba problemas cardíacos para no hacer Educación Física o que decía tener la regla 4 veces al mes para escaparse de esa misma clase, ahora soy una dedicada deportista que se levanta todas las mañanas (ya, casi todas, tampoco tampoco api) para meterse en una piscina y nadar hasta que le salgan escamas. Quién diría.

Sí, como hemos cambiado. ¿O no?

Friday, June 05, 2009

He visto la luz
1. Tú, incauto lector, creías que a mi me gustaba The Fight Club (la película, no el libro porque todavía no lo leo) porque Brad Pitt sale sin polo la mayor parte de la película. A lo mejor pensabas que se encuentra entre mis películas favoritas por ese despliegue de violencia por el que tengo tantísima debilidad. En realidad, hace unos días mientras la veía (debe ser por cuarta vez), me di cuenta que todo lo anterior son naderías en comparación a la verdadera razón por la que me gusta ese film: porque va más allá del "qué pasaría si..." y lo hace. Es decir, yo puedo soñar con agarrar a batazos (con golpes de bate de beisbol, no confundir con cualquier otra malcriadez) la ciudad o renegar contra las combis. Ya y acaso, ¿hago algo al respecto? En The Fight Club, el personaje principal pierde todo (bueno, la cordura también) y, poco a poco, va haciendo eso que siempre quiso y para lo que le faltó huevos. Se saca la mierda luchando con desconocidos que están tan hartos de todo como él, orina en la comida de gente elegante, inserta pedazos de películas porno en cintas infantiles, se lava los dientes con agua de desagüe y así. Ese mismo personaje que tenía su departamento decorado con puros muebles Ikea y ganaba lo que le daba la gana, decide dejar sus fantasías anárquicas y violentas y hacerlas realidad de una puta vez. Y eso, me gusta.




2. Hace tiempo decidí que ya no haría más cosas que no me gustaran. Es así que decidí no ir a los baby showers. No importa que sirvan alcohol, que baile Jamiroquai (bueno, aunque si él bailara en un shower, por ahí que me animaría a ir), que prometan que será "diferente". Sé que a mis amigos que van a ser papás esta creencia (una de las pocas firmes que tengo) los pone de mal humor y ya estoy siendo tildada como "Menchis, la que no va a los showers" y me acusan de posera y otras cosas. Yo les digo, queridos amigos, que no hay nada de posería en este asunto. Simplemente, no puedo con los regalitos y, en especial, con el "ohhh" que sueltan después de abrir los simpáticos obsequios de sus invitados. Ese "ohhh" me pone mal y no hay alcohol en el mundo que cure ese disgusto. Me disgusta la decoración con globos, los cartelitos con imágenes supuestamente tiernas, las invitaciones con bebitos que sonríen, los juegos con pañales, la referencia constante a la caca del bebe. Me pone tan mal como cuando me caí de cara contra el asfalto y perdí la conciencia. Así de mal me pone, así que ya lo sabes.

3. Yo sé que la Ñanga no lee este blog así que le voy a hacer un homenaje. Voy a hacerlo porque con sus tan sencillas palabras me hizo ver el otro día que, sí pues, los hombres son de Marte y las mujeres...de cualquier otro lugar. Que los muchachos necesitan su espacio, sus chelas, sus pogos, sus "yo te estimo hermanito", sus campeonatos de poker, su ropa sucia por días. Lo necesitan tanto como nuestros lonchecitos entre amigas, las visitas a los cafés recién inaugurados (no conozco ni un pata al que le emocione conocer los nuevos postrecitos de algún nuevo café), las compras compulsivas, los chocolates, el café con leche o Grey´s Anatomy para sacar ese lado girly que tratamos de ocultar. Gracias Ñanga por tu sabiduría. Me hizo ver también que gracias a que somos tan diferentes es que nos llevamos bien. Que si él no fuera tan sociable, yo no podría ser tan gruñona y antipática con los desconocidos. Que si él no siguiera soñando con cumplir sus proyectos pendientes, yo no podría ser tan realista como aparento ser. Clap clap.

Monday, May 18, 2009

Cuidado con lo que deseas
1. De tanto desear que volvieran los 90´s, estos regresaron con una furia tan brutal que casi casi necesité cinturón y lentes de seguridad para no morir de la impresión. En medio de una fiesta que me hizo recordar a esos queridos bacanales universitarios, un DJ maligno, muy maligno, decidió tocar todos aquellos éxitos que nos hicieron saltar y poguear hace una década. Saltos, bailes ridículos, divertidos pasitos del recuerdo y mucha sacudida de cabellera (con dolor de cuello al día siguiente porque los años, ya lo sabes, no pasan en vano).
Era curioso ver a esa gente con la que estudiaste hace miles de años (no tantos en realidad) un poco más vieja y con cara de no entender muy bien nada. Mi amiga tantas veces citada en el blog me dejó un comentario en el que decía que probablemente en los 90´s éramos más felices no solo porque fue una época bonita (vamos, sí lo fue) sino porque también éramos un poco más tontitos. Y estoy absolutamente de acuerdo. Ya lo he dicho varias veces: mientras menos sepas, te diviertes más. ¿O no? Te cuestionas menos, te dejas llevar y no te preocupa mucho cómo llegar a tu casa o levantarte al día siguiente. Simplemente lo haces y ya. Eso sin contar el asombroso poder elástico del dinero durante la juventud temprana. Aún me pregunto cómo podía divertirme de manera tan desaforada a base a propinas o, lo que es lo mismo, con sueldo de practicante. El dinero en ese entonces era escaso, pero servía increíblemente para irte de viaje todos los feriados largos, comprarte una que otra vanidad de la vida, juerguearte (con sanguchón madrugador incluído), movilizarte por toda la ciudad y encima, estudiar. Increíble.
2. La semana pasada soñé que vomitaba gusanos. Asquerosos y gordos gusanos salían de mi boca y yo, como sucede en las películas surrealistas, no me inmutaba por la situación. Consultada al respecto, la señorita Chica dijo que soñar con gusanos era equivalente a soñar con una persona mala del entorno laboral. Ahora me pregunto, si soñaba no solo con gusanos, sino que los vomitaba, ¿quiere decir que me voy a comer a esta persona malita? Espero respuestas e interpretaciones.
3. ¿Cuántas veces has dicho, parafraseando a la chica Dorothy, que no hay lugar como el hogar y que no puedes más del cansancio y que lo que quieres es dormir ya ya?. Ten cuidado con lo que deseas porque te puede pasar como a mí y dormir un día entero sin darte cuenta. Claro, si me conoces sabes que puedo dormir hasta caminando o con solo desearlo, pero eso es una cosa y otra cosa mariposa es dormir un día entero. Decir algo así como "ah, es momento de una siestita" y despertarte a la una de la mañana del día siguiente. Eso está mal. Tanto descanso es maligno para el cerebro, el corazón y el asombroso cuerpo humano de Editorial Navarrete.
4. Si vuelvo a ver un solo documental más sobre la reproducción humana o animal voy a cruzar la vía expresa con una venda en los ojos en plena hora punta. Ya paren con eso ¿no?

Sunday, May 10, 2009

Los famosos y los 90`s
¿Qué se sentirá ver a un famoso, pero famoso famoso, de verdad? ¿Qué pasaría si de pronto ¡catapum! te cruzas con… John Cusack o ya, para hacerlo mas marketero, con Mr. Spielberg? Yo en cambio hasta ahora no entiendo porque me he cruzado tantas veces con Melcochita en la calle. Cuando era más chica y vivía en el Verde Bosque y mientras daba brincos con unas amigas, me lo encontré y me hizo un coqueto guiño (del que siempre hablo con mi terapeuta…ja). Y desde que me mudé a mi barrio proletario me lo habré cruzado unas dos o tres veces más. A lo mejor el destino quiere que nos unamos. A mi todo el asunto me preocupa, a pesar de ser su fan.
Durante esta semana, la gran Martita me contó que por esas maravillosas coincidencias de la vida se encontraba en un hotel de Miami donde se filmaba una película con George Clooney. Y obvio microbio, lo vio. Me dijo que era un súper churro, que para nada se le veía viejo ni sobrado y yo leía su relato vía msn mientras Lima olía a pescado y la neblina invadía mi cuarto.
Tengo otra amiga que hace algunos añitos ya, me llamó desde la lejana Roma. “Menchis, no sabes a quién acabo de ver?”, me dijo. La niña, cargada con un espíritu heroico que admiro, se fue, cual fan enamorada al cine en el que estrenarían Ocean Twelve (o era Eleven? Ya perdí la cuenta). Claro, no se fue al cine-cine, sino afuerita nomás a esperar, bajo condiciones metereológicas temerarias, a que apareciera Braulio Pito, conocido también como Brad Pitt. Esperó junto con otras temerarias muchachas detrás de la baranda y la clásica alfombra roja. El muchacho Braulio llegó, sonrío y todas se sintieron un poquito más dichosas.
Siguiendo con las internacionales, la amiga tantas veces citada en este blog vió en un bar neoyorkino a un John Cusack tan cochino como churro y, si recuerdo la anécdota correctamente, creo que compartió un par de sonrisitas con ella. (¿Es cierto esto, amiga tantas veces citada en este blog o ya quemé?).
Y para terminar con los famosos, tengo que citar a mi cuñado quien, el año pasado, se tomó una foto con un tímido y amable Michael Stipe (sep, el de REM) en el aeropuerto de Santiago de Chile.
Tranquila Menchis. Ya llegará tu hora.

90’s


Hoy que también se celebra el día de la mamita, me entraron unas ganas locas de que vuelvan los 90’s. Me dieron ganas de usar camisas a cuadros, muchas zapatillas, más botas y tener el pelo largo. Me entró algo así como una nostalgia por esos antros del pasado y el MTV de esos años. Era sencillo pasarla bien con el vodka de contrabando (¿te acuerdas chica tantas veces citada en este blog?). Era divertido soñar con todo. Era patético enamorarse de loosers rompecorazones. Era maravilloso sorprenderse tanto y leer como si mañana mismo me fuera a morir. A veces, consumida por una nostalgia dominguera y treintañera, me gustaría volver a esos 90`s cuando invadía tu casa y la tuya también por horas porque me daba flojerisima volver al Verde Bosque. Disculpen la nostalgia. La neblina, la acidez estomacal y el día de la mamita tienen la culpa.
*En la imagen, Homero creando el grunge. Gracias al blog por su colaborasao.

Monday, April 20, 2009

Fotos y la sobriedad
1. Clic
No sé si me estoy volviendo (más) vieja, si simplemente estoy mal o tal vez el resto sea el que está mal, pero hay algo que no entiendo. En serio que no. De pronto, hay que fotografiar TODO y a TODOS. Yo me acuerdo que hace unos diez años, ya teníamos identificado al amigo o amiga que siempre llegaba a la fiesta, reunión, almuerzo campestre, pollada profondos, con su cámara de fotos. Siempre había alguien a quien le afanaba tomar fotitos y encima a veces, de tan buena gente, te pasaba o te regalaba las fotos enmarcaditas y todo.

Entonces, todos felices con nuestras fotos en la sala, en el velador o en el escritorio de la oficina y ya.

Pero llegaron las camaritas digitales y de pronto fua! fua! fua! (sonido de dedo machucando el botón de la cámara de fotos o sonido de flash) todo se volvió foto. Vas a un bar y fua! fua!, gente tomándose fotos o, peor aún, tomándote la foto justo cuando estás riéndote y tienes un pedazo de cancha en el diente y los ojos desorbitados. Luego, a lo mejor no lo sabes (o sí y prefieres hacerte el loco), tu foto con la cancha en el diente aparece en alguna página tipo Facebook o algo así y todo el mundo ve tu foto con la cancha o el perejil o el langostino en el diente. Y te haces famoso como el tipo con el langostino en el diente. Ni qué decir de los videos en Youtube, pero ese es otro tema.

Y de pronto, una necesidad, medio compulsiva, de tomar foto de todo. Vas a un concierto y la gente fua fua!. Me acuerdo que, el año pasado, Andrés Calamaro durante su concierto en el Monumental y ante tanto flash de la concurrencia, dijo algo así como "Bienvenidos a la convención internacional de cámaras digitales" y, bien amable, nos recomendó mirar el concierto con los ojos en vez de con las pantalla de cámara.

Y esto ha derivado en una situación más rara de la que ayer fui testigo: el fotógrafo anónimo. Es decir, estás en algún lugar, digamos un bar o por ahí que algún amigo te invitó a la inauguración de algo, y de pronto viene un tipo, se te para al frente y fua fua, te toma una foto y se va. Y tú sigues bailando, conversando, coqueteando, chupando después del fua fua. A veces te pide tu nombre y lo apunta en una libretita. Entonces suponemos, que el señor trabaja en alguna de esas páginas (de webs, revistas o periódicos) que nunca comprenderé y en las que se muestra a gente en reuniones, fiestas o situaciones bien rarazas bajo el título de Sociales. A mí Sociales me suena al nombre de alguna facultad, pero en fin.

A veces el fotógrafo anónimo no te pregunta tu nombre y se va. Y ahí se va tu imagen con él. A mí estas cosas me preocupan y, como diría mi amiga, la tantas veces citada en este blog, "me da qué hacer". Pero al resto de la gente, esto no parece incomodarle, entonces me pregunto: ¿por qué pienso (y escribo) tanta huevada en vez de ocupar mi mente en cosas, digamos, más ¿importantes?

A mí "me da qué hacer" que mi imagen o la tuya o la nuestra ande por el mundo en la cámara de alguien a quien no conozco. Tal vez crea, como algunas tribus, que un poco de mi alma se va con esa foto. Y que mi mejor amiga tenga una foto mía no me molesta, pero que un X tenga un pedacito de Menchis en su computadora sí me angustia.

2. De pronto, la sobriedad
La diversión nocturna sin alcohol es realmente otro mundo. Y confesaré que es un mundo que voy a visitar con mayor frecuencia. Ir a la barra y pedir una Coca Cola resulta divertido. También da risa ver cómo la gente que te rodea va perdiendo las inhibiciones y la vergüenza a causa del alcohol mientras tú sigues tan decente como siempe.
Lo curioso es que mi visita al mundo de la sobriedad coincidió con un rarísimo insomnio. Es decir, de nada valió no beber alcohol durante la noche porque no pude dormir al llegar a casa. Encima me enganché como a las 4 am con una comedia romántica (seee). ¿Resultado? Llegué a trabajar con ojeras, sueño, sintiéndome fatal y con ganas de dormir. Osea, casi casi, los mismos síntomas de la temida resaca...Bienvenidos a mi mundo.