Monday, December 22, 2008

Amigo amigo
Creo que la última vez que jugué al amigo secreto fue durante mis años escolares. En ese entonces me divertía y lo disfrutaba ya que me tocaba regalar a mis amigas, a quienes quería (y quiero) y conocía. Es decir, sabía qué darle a cada quién, qué le haría reír, qué le emocionaría y que detestaría (regalarle un casette (síi, estoy viejaza) de Arjona a la gran Martita la haría vomitar, pero otra amiga (que no revelaré su nombre para no hacerle pasar vergüenza jeje) sí me lo agradecería).

Hoy, como ya sabemos, no le encuentro sentido a esta serie de rituales sociales prenavideños y tan solo escuchar esas dos palabras juntas ('amigo' y 'secreto') acompañadas de sonrisas y hasta palmas de emoción, no puede menos que estresarme o ponerme de mal humor.Felizmente esa infame costumbre no ha sido adoptada del todo por mis coworkers, pero sí por varios que conozco. Todos coinciden en que nunca han recibido regalos más horribles que en esos intercambios. Ahí está la Ñanga que el año pasado, durante un intercambio de regalos en su oficina, recibió un polo sin mangas que no se conformaba con ser desmangado, sino que además era verde fosforescente como una señal de tránsito en el mundo de los teletubbies. "¿Quién usa un polo sin mangas y verde fosforescente?" gritaba enojadísimo la Ñanga cuando llegó a la casa con el regalo.

Tampoco comprendo ese afán por organizar brindis, reuniones e intercambios de regalos con todos los que conocemos, pero no son necesariamente nuestros íntimos o amiguetes. La idea sería hacerlo solo con quienes queremos (querer del verbo amistad o famlia, tú me entiendes. Es decir "yo te quiero hermanito" que no es lo mismo que "yo quiero un helado de fresa". Tú me entiendes, yo sé).

Recuerdo que una vez, durante una clase del gimnasio, las tías con las que sufría al compás del Pilates, dijeron: "¿y chicas? ¿como hacemos con lo del amigo secreto?". Las señoras no habían terminado la frase y yo ya había huído del salón con una rapidez que casi nunca exhibo en la vida diaria. Osea, señora compañera de ejercicio, dígame usted qué diantres le podría regalar si yo a usted no la conozco, señora mía. ¿Qué le regalo? ¿Una toalla, un tomatodo, un desodorante?

Hoy estoy sufriendo. Dentro de algunos minutos, la oficina en la que trabajo celebrará la Navidad y habrá brindis y sorteo de regalos. Y yo solo pienso en qué momento se jodió tanto pero tanto la Navidad.

6 comments:

Imberbe_Muchacho said...

pero facil pe, si es hombre, regalale trago..ahora si es mujer, ahi si te fregaste

menchis said...

Claro piiii.

kara::kara said...

jajajajajajajaja
a la señora le hubieras podido regalar uno de esos jabones con soga xD

Has visto los jabones con soga?
que demonios! es acaso para que no se te pierda mientras te bañas? o es que esperan que lo saques a pasear...

menchis said...

Kara: los jabones con soga promueven el suicidio y punto.

Abaduya said...

..Pues creo que me voy a unir a tu club anti intercambio de regalos..resulta que este año recibí el regalo más inverosímil..una botella de vino de sauco de Apurimac....

menchis said...

Abaduya!!! Ese regalo que has recibido merece reventarse en la cabeza de alguien (y no estoy hablando figurativamente)