Tuesday, December 30, 2008

Sobreviví


Contra todo pronóstico, sobreviví a las fiestas navideñas. Sobreviví a:
- Los villancicos
- El Papá Noel Pastrulo (PNP de ahora en adelante y cualquier similitud con alguna institución es mera coincidencia) que vive cerca de mi casa.
- El Papá Noel No Pastrulo (PNNP) pero que igual asusta. Está hecho de plástico y baila tocando un saxofón en la panadería
- Los avisos de "se hornea pavos y lechones"
- Las reuniones y tragandangas
- Los "brindis" (¿?)
- El intercambio de regalos (je, este año no regalé a nadie)
- Milagro en la calle 34
- La nostalgia
- El chocotón, panelate y otros adefesios

Ahora, ahorita nomás, viene una de mis fiestas favoritas en todo el año (además de mi cumpleaños): la celebración del año nuevo. Ocasión perfecta para ver a los que quiero, empujar a algún incauto a la piscina a la mitad de la noche, bailar los grandes éxitos de ayer-hoy-y-siempre, jugar cachascán (bueno, yo nunca juego cachascán en año nuevo, pero la ñanga sí y yo aplaudo su iniciativa), beber todos los tragos del mundo (¿volverá algún día el 2x1 de Wong y Metro?), inventar coctelitos exóticos aunque mis amigos renieguen de los tragos de colores, cantar "pepepe" y bailar "la natation synchronisée"*, destruir alguna casa, guardarme lentejas en los bolsillos alucinando que es plata, prender chispitas mariposas, inventar cábalas, salir a correr con mi mochila o maleta y volver a la fiesta cansadasa y renegar de mi pésima forma física, decir "el próximo año de todas maneras...".
Así que si la Navidad, como dicen por ahí, es la fiesta de los niños, pues el Año Nuevo es mi Navidad.

*La Natation Synchronisee

Monday, December 22, 2008

Amigo amigo
Creo que la última vez que jugué al amigo secreto fue durante mis años escolares. En ese entonces me divertía y lo disfrutaba ya que me tocaba regalar a mis amigas, a quienes quería (y quiero) y conocía. Es decir, sabía qué darle a cada quién, qué le haría reír, qué le emocionaría y que detestaría (regalarle un casette (síi, estoy viejaza) de Arjona a la gran Martita la haría vomitar, pero otra amiga (que no revelaré su nombre para no hacerle pasar vergüenza jeje) sí me lo agradecería).

Hoy, como ya sabemos, no le encuentro sentido a esta serie de rituales sociales prenavideños y tan solo escuchar esas dos palabras juntas ('amigo' y 'secreto') acompañadas de sonrisas y hasta palmas de emoción, no puede menos que estresarme o ponerme de mal humor.Felizmente esa infame costumbre no ha sido adoptada del todo por mis coworkers, pero sí por varios que conozco. Todos coinciden en que nunca han recibido regalos más horribles que en esos intercambios. Ahí está la Ñanga que el año pasado, durante un intercambio de regalos en su oficina, recibió un polo sin mangas que no se conformaba con ser desmangado, sino que además era verde fosforescente como una señal de tránsito en el mundo de los teletubbies. "¿Quién usa un polo sin mangas y verde fosforescente?" gritaba enojadísimo la Ñanga cuando llegó a la casa con el regalo.

Tampoco comprendo ese afán por organizar brindis, reuniones e intercambios de regalos con todos los que conocemos, pero no son necesariamente nuestros íntimos o amiguetes. La idea sería hacerlo solo con quienes queremos (querer del verbo amistad o famlia, tú me entiendes. Es decir "yo te quiero hermanito" que no es lo mismo que "yo quiero un helado de fresa". Tú me entiendes, yo sé).

Recuerdo que una vez, durante una clase del gimnasio, las tías con las que sufría al compás del Pilates, dijeron: "¿y chicas? ¿como hacemos con lo del amigo secreto?". Las señoras no habían terminado la frase y yo ya había huído del salón con una rapidez que casi nunca exhibo en la vida diaria. Osea, señora compañera de ejercicio, dígame usted qué diantres le podría regalar si yo a usted no la conozco, señora mía. ¿Qué le regalo? ¿Una toalla, un tomatodo, un desodorante?

Hoy estoy sufriendo. Dentro de algunos minutos, la oficina en la que trabajo celebrará la Navidad y habrá brindis y sorteo de regalos. Y yo solo pienso en qué momento se jodió tanto pero tanto la Navidad.

Tuesday, December 16, 2008

La grati

Cuando era feliz e indocumentada (citando a ya saben quién) recibía propinas en Navidad. Propinas que no duraban mucho pues casi siempre terminaban en un par de zapatos, discos (sí muchachos, antes la gente compraba discos), libros que no había podido comprar o alguna otra vanidad de la vida.

En ese entonces escuchaba a los adultos hablar de la grati. También recuerdo uno que otro comercial de tele horrible en el que decían que la grati la podías invertir en hiraoka o casa maruy o algo así. A medida que fui creciendo entendí qué diantres era la grati. Era lo que en las series de televisión traducidas al español mejicano llamaban "aguinaldos" o "bono". Algo así como una propina que recibían los adultos por ser personas asalariadas.

En estos días prenavideños, he leído en menos de una semana dos artículos en los que "especialistas" (no me pregunten de qué) recomiendan qué hacer con la grati. Ellos dicen que debe destinarse esencialmente al pago de deudas y ahorro porque con la crisis económica mundial que se viene, más vale tener un dinero extra bajo el colchón para los tiempos difíciles. Me gustaría ir a buscar a estos "especialistas" a su jato o lugar de trabajo y golpearlos con un bate de beisbol al mismo tiempo que les gritarían: "¿y tú quién (inserte aquí la mayor cantidad de insultos así bien hardcore que conozcas) te crees para decirme qué hacer con mi grati?!!!"

Pero como soy una cobarde y bien obediente, probablemente termine haciéndole caso a estos "especialistas", cuando en realidad quisiera hacer lo que me diera la gana con ese dinero que recibimos en navidad. Me gustaría hacer como el hermano de un amigo que ni bien recibió su grati se compró un Wii y se pasó todo el día jugando hasta cansarse y empaparse la camisa de tanto saltar y moverse con el aparatejo. También sería interesante invitar a comer a mis amigos a donde quisieran o comprarme esas sandalitas tan bonitas y malcriadamente caras que ví el otro día y que se han convertido en la obsesión preveneraniega. Otra alternativa sería comprar coca cola o cerveza hasta llenar la refri. Pero ya lo dije, soy cobarde y obediente.

Tuesday, December 09, 2008

En serio, ¿qué fue de Los Toribianitos?*
Este sábado, un poco maltrecha por la estrepitosa noche del viernes, me levanté, saqué el auto de la cochera (la cochera del toque de queda, que cierra a las 11 am y abre a las 4 pm. Cosas raras...) y de regreso a mi casa decidí parar en el kiosko a comprar el periódico que vino más pesado que nunca. La culpa la tenían los catálogos navideños.

Como siempre, los vi con detenimiento pensando: "si tuviera un sobrino de 7 años, probablemente le alocaría este carrito" (pero no tengo sobrinos de esa edad) o "en mi vida, le regalaría este set de maquillaje a alguien que quisiera". El asunto es que en mitad de esas ojeadas consumistas, me vino una infinita tristeza (sí, como la frase en la canción de Manu Chao) porque recordé esa navidad tan bonita que tuve de chiquititita cuando mi viejo se disfrazó de Papa Noel Pai. Y reparé en que hace muchísimo tiempo que las navidades dejaron de generarme esa mezcla tan rica de alegría y ansiedad porque ya sean las doce para abrazar a todos o para comer por fin ese pan que mis tías horneaban con tanta precisión o para recibir tantos regalos (era la única niña en esa navidad). Recuerdo cuando miraba el reloj que pasaba despacito y cómo mi tío Ernesto bromeaba con mi angustia, pero yo no podía enojarme porque mi tío era graciosísimo (y me daba unos regalos echelentes). Recuerdo también no entender por qué alguien se ponía nostálgico o soltaba una lagrimita.

En cambio ahora veo la navidad como una aburrida adulta:
- Reniego del tráfico o de no encontrar taxis.
- Me molesta tener que caminar entre miles de personas que andan como robotizadas buscando el regalo para el sobrino-hijo-latiapaquita-lanona (¿por qué no le dicen abuelita ah?)-la novia, etc.
- Converso con la Ñanga sobre con quién vamos a pasar la Nochebuena y con quién el almuerzo navideño.
- Rajo de la decoración tan fea que han puesto en el edificio donde vivo
- Hablo con mis amigos sobre los peores y mejores regalos que recibieron.
- Me pregunto qué fue de Los Toribianitos
- Me mato de hambre hasta el 24 de diciembre, día mágico en que rompo la dieta y como hasta límites vulgares.
- Recibo regalos corporativos en vez de juguetes.
- Trato de escabullirme de cuanto brindis navideño se me cruce en el camino.

Lo irónico es que desde el año pasado, horneo galletitas para regalar a mis coworkers. No sé por qué.

* este es el primero de una serie de posts sobre esta simpática fiesta (sí sí como no)

Tuesday, December 02, 2008

Varieté
1. No es justo pues varón.

¿Cómo se va a inundar la plaza de San Marcos en Venecia antes de que la gran Ñanga la visite? Me da entre pica y cólera cuando esos lugares que están en mi (nuestra) lista de pendientes se empiezan a ir al carajo. Ya bastante hemos tenido con habernos perdido la posibilidad de ver alguna vez a Nirvana o ver la llegada del hombre a la luna o escuchar el Sargent´s Pepper bajo estados alterados en estreno mundial. Ahora el mundo, el calentamiento global y la mala suerte se unen para desaparecer esos lugares que quiero conocer. Malditos sean, malditos.

2. Lunes por la madrugada.
Desde hace dos semanas y esencialmente porque estoy un poco mal de la cabeza, me levanto a las 5 y 20 am para ir a hacer ejercicio.
El mundo de madrugada es raro: las pistas están tan vacías que dan ganas de correr calato por ellas y cuando te cruzas con un auto o con una persona, te preguntas qué carajo hace despierto a esas horas. Las (mis) hipótesis son varias:
- se va de viaje a algún lugar y debe estar en el aeropuerto o la terminal de buses de madrugada
- está mal de la cabeza y se va al gimnasio
- regresa de pasar la noche con alguien con quien no quiere compartir desayuno
- regresa de pasar la noche cuidando a su papá o mamá enfermo en el hospital
- se despertó y encontró una nota de despedida al lado. Ha salido para no volverse loco (a)
- no aguanta a su familia y hoy no quiere preparar desayunos ni loncheras
- le gusta la ciudad sin ruido

3. Aviso de interés público
Este año ha sido el de los conciertos más bonitos del mundo y también del despilfarre económico (por lo mismo). Sirva entonces este blog para anunciar a mis queridos lectores (mis padres y tres gatos) que este año no habrá regalos de navidad para nadie. Besitos a todos.