Sunday, November 23, 2008

No sé bien qué quise decir, pero algo dije
Estoy escuchando una canción de los Cadillacs que podría ser el himno perfecto para una procesión. Pero octubre ya acabó así que no tiene mucha gracia y no viene al caso el comentario.

La Ñanga y yo nos fuimos de viaje de vacaciones. Supuestamente a un paraíso tropical, pero encontramos tormentas, ventiscas que se llevaban palmeras y salpicaban arena en la cara hasta causar dolor. Encontramos también todo el alcohol del mundo para ahogar la desazón y comprobamos que reír siempre nos salvará. Aunque reírse en medio de una ventisca tropical (¿existe ese fenómeno metereológico?) sea tantito peligroso. Uno nunca sabe qué le podría caer en la boca, los ojos, la nariz o los cachetitos.

Antes del extraño pero divertido viaje, mi abuelo murió. Tenía 101 años. Sé que murió de viejito porque eso de vivir ya no tenía mucha gracia para él. Supongo que al cerrar los ojos lo debe haber hecho con satisfacción. En cambio si el día de mañana, un auto me atropellara o un rayo me partiera en pedacitos, probablemente yo tendría demasiadas cuentas por pagar (y no es figurativa la frase), lugares por conocer y gente por estrangular.

Mi abuelo era el típico abuelo consentidor, buena gente, que usaba boina y lentes gruesos. Hace muchos años manejaba un ford superchévere con el que me iba a recoger al colegio. También hacía crepes que eran de rechupete y preparaba unos traguillos que me gustaría recrear en próximas reuniones alcohólicas. Uno de sus últimos regalos me salvó de vivir como pordiosera en uno de los mejores viajes que he hecho. Me dio un sobre con plata, de esa manera tan solapa y engreidora que solo los abuelos dominan.

A mi abuelo le decía Papi Victor y lo trataba de usted desde que tengo memoria. Pero me han contado que de chiquitititita (cuando era bien achorada debido a la convivencia con unos primos bien malandrines) le trataba de tú y una vez amenacé con pegarle con un matamoscas solo porque sí.

No me imagino cómo debe sentirse uno al cumplir 101 años. No me imagino acumulando tantos recuerdos o aprendiendo nuevos pasos de baile cada década. Ni siquiera me imagino qué pasará hasta diciembre. Lo que sé es que ahora hay una casa muy grande y muy vacía en San Martín de Porres.


*Los dibujitos son una cortesía de Liniers y, como siempre, caen perfecto

2 comments:

chica said...

Lindo post. Ojalá se encuentre con mi mamita Lucha que también es nueva por allá, y son promo. Bien fácil imaginarte blandiendo el matamoscas... jajaaa.

:)

Anonymous said...

puchis menchis, yo nomas espero q podamos acumular tantas cosas en nuestra vida que al cerrar los ojitos uno tenga la tranquilidad como pa decir...listo! vao!un abrazo desde madrid.mili