Monday, September 29, 2008

El gerente se fue de vaca
Qué cosas raras hace la gente cuando está de vacaciones: se toma fotos con desconocidos que nunca más volverá a ver, mantiene larguísimas conversaciones tratando de explicar cómo es el Perú o por qué el cebiche es tan rico o el fenómeno de la cumbia. Tiempo perdido inútilmente. Tiempo que podría disfrutarse bailando, tomando sol o empachándose de comida no tan rica, pero comida gratis y abundante al fin y al cabo.
Ahí están los jubilados con su ropita todita nueva para la ocasión. Si se van a la nieve, tienen el equipo completo para esquiar. Si se van a la selva de excursión, traen el mejor repelente del mundo y los pantalones antimosquitos de la NASA. Si se van a tostar como iguanas bajo el sol, tienen siempre a la mano toallitas refrescantes y bebidas rehidratantes.
Ahí están las alemanas en topless, los ingleses en tanga con la piel tan blanca que se le traslucen las venas y de pronto te acuerdas del pollo crudo que tenías en la refri y sabes que nunca más en tu vida comerás pollo.
Ahí están las gringas y gringos locos, chiquillos en spring break que quieren aprender los ritmos latinos de moda y se mueven como Elaine en Seinfield (en uno de los mejores capítulos de la serie). Verlos bailar no da risa. Paltea.
Ahí están las coreografías grupales, los tours (qué raros son no?), los cambios de moneda y esa sensación de que estás gastando una millonada por unos aretes típicos y las palabras que no se entienden a pesar de pertenecer al mismo idioma.
Qué cosas raras inventa la gente que está de vacaciones. Puedes decir que tienes dos hijos esperándote en casa, que te acabas de divorciar, que huyes de un esposo obsesivo a lo Durmiendo con el Enemigo. Puedes sufrir todo eso junto. Puedes decir también que eres una princesa inca, que tu papá es el zar antidrogas y demás metidas de dedo. Puedes hacer lo que te de la gana y luego, como quien no quiere la cosa, bucear en Youtube hasta encontrar el videito delator de tus vacaciones.

Tuesday, September 16, 2008

Adictos
He tenido un fin de semana tan bonito como hacía tiempo no disfrutaba. Lo mejor es que todo fue gratis. Un amigo nos llamó al mediodía del sábado contándonos, así como quien no quiere la cosa, que tenía 200 botellas de cerveza en su casa pues había habido un tono el viernes y eso era lo que había sobrado. "¿Cómo pueden sobrar 200 botellas de cerveza?", pensé. Luego nos explicó que en realidad, el tono empezó con 700 botellas y que 200 en realidad eran una bicoquita. Ante semejante reto, la Ñanga y yo no pudimos decir que no y nos lanzamos a consumir esa cantidad de alcohol. Obvio, no la acabamos, pero nos hemos divertido tantisimo.
Luego hemos bailado en un tono al que entramos gratis gracias a unas invitaciones muy bonitas.
Y cansados, al llegar a casa, dormimos como vagazos.
Todo tan bonito y sin gastar dinero.
Pero llegó el lunes. Y la Ñanga se fue de viaje. Y tengo mucho trabajo que hacer, pero no lo hago y prefiero dar vueltas (en internet) o escribir cosas como estas en lugar de ponerme a hacer mi trabajo. Siento que debería salir a la calle a pasear, a comerme una torta inmensa de chocolate o simplemente ver más televisión. Creo que tengo una adicción a los gratos momentos y cuando no los vivo, pues me viene como un bajón. ¿O será simplemente que soy una flojonaza de lo peor (pirata surf)?

Tuesday, September 09, 2008

¿Que será?
Empecé la semana con una nueva dieta. Más allá de morirme de hambre, me llama la atención que luego de tomar desayuno me entra una angustia horrible. Siento que algo me aprieta en el pecho (no, no es el sostén... mal chiste) y que algo malo va a suceder. Es por eso que durante mis interminables viajes que me alejan de mi hogar y me llevan hacia mi dulce centro de labores siento que, en serio, me voy a morir o que el auto en el que viajo va a estrellar.
Trato de compensar este malestar escuchando mi interminable ipod que cada día me gusta más, pero igual el corazón sigue latiendo muy rápido y esa horrible sensación no se calma.
La angustia me dura un par de horas. Luego me tranquilizo y vuelvo a ser la Menchis encantadora de siempre.
Me pregunto, ¿será que la dieta me causa angustia, que tengo angustia por no comer todo lo que quisiera o que la angustia estaba esperando que hiciera una dieta para aparecer? Nunca he sufrido de angustia y no pienso dejar la dieta. ¿Y ahora?

Monday, September 08, 2008

Es hora de hacer algo ¿o no?
Propongo hacer algo, lo que sea en contra de todo. Je.
Jamás llegaría al extremo de volar un hospital en pedacitos como lo hizo el Guasón en Batman, pero voy a plantear algunas iniciativas que espero tengan acogida entre mis fieles (pocos, pero fieles) seguidores y amigos:

1. Contra el taxista "no voy por allá"
Propongo que cada vez que detengamos un taxi, de arranque y tras el saludo de rigor (hay que ser educados, siempre) le preguntemos: señor, usted ¿está trabajando ahorita, no?. El taxista tal vez te mire extrañado. Luego le dirás el lugar al que deseas ir y si te dice "ah no voy", tú rapidito nomás contestes: "pucha, sr que penita (decirlo con auténtica pena. para los hombres, el "penita" se puede obviar) yo pensé que usted hacía taxi".

2. Contra "no tengo sencillo"
La próxima vez que alguien te diga "puuucha, no tengo sencillo", simplemente dejas la mercancía adquirida y exiges tu dinero de vuelta. Si estás en "una unidad de transporte público" (siempre quise usar estas palabras pero nunca tuve la oportunidad), te bajas como si nada. Y si estás en taxi, lo mismo, salvo que estés en la Costa Verde y ahí sí mancaste y llorarás como un miserable.

3. Contra "de parte de quién"
Si llamas al celular de alguien y dices: hola ¿pitufino (o cual sea el nombre de tu amigo o persona a quien llamas)? y te responde "¿de parte de quien?", simplemente lo mandas a rodar y lo sacas de tu lista de amigos o conocidos. Esa debe ser la peor respuesta del mundo. Si llamas al celular de alguien es obvio que ese alguien es quien va a contestar o es que todo el mundo tiene secretarios o asistentes por estos días?.

4. Contra quienes te cierran cuando manejas
Dos propuestas: una propia y otra prestada. La propia: bocina de panadero de Acme. Así es. La próxima vez que alguien te cierre, no lo insultes, baja tu ventana, saca tu bocina de panadero de Acme, la cual tiene la fantástica cualidad de crecer hasta alcanzar la oreja del conductor de al lado. Una vez que crezca, la tocas y le revientas el oído por malcriado.
Propuesta prestada: higos. Carga en tu carro uno o dos kilos de higos y a quien te cierre cuando manejas, fuacatán, tírale un higo.

5. Contra los concursos de radio con malos efectos de sonido
Juegos como "sí o no" en los que, cosa rara, está prohibido decir "sí" o "no" deberían desaparecer de la radio. Lo peor es que cada vez que alguien gana o pierde usan unos efectos de sonido espantosos. ¿Qué hacer? Creo que deberíamos identificar a los djs que hacen este tipo de cosas, abordarlos y meterlos a una cabina (tipo cono del silencio del agente 86 pero más grande) y hacerles escuchar todas las estupideces que dicen pero por 3 o 4 horas, sin parar.

Como diría Cirilo en Carrusel: "yo nomás decía". Se aceptan propuestas y sugerencias.

Tuesday, September 02, 2008

Me gusta, no me gusta, me quiere, no me quiere
Pocas cosas me gustan de ser adulto. Como decían ese capítulo de Grey´s Anatomy: "ser adulto, apesta". Bueno, sí un poco, pero también tiene cosas buenas. Me gusta el control casi casi absoluto que tengo de mis horarios. Será porque tengo un trabajo lo suficientemente chévere para no preocuparme de la hora de entrada y salida. Pero sí siento que hago bastante lo que se me da la gana con mi tiempo. De ahí que no sienta culpa por dormir por horas, "almorzar" a las 4 p.m. o hacer una fiestita un lunes así de la nada mientras van cayendo amigos a mi casa, bienvenidos sean.
Me gusta también poder decidir sobre algunos asuntos. Como decidir hacerle un regalo a mis padres porque sí o decidir inscribirme en cursos o talleres simplemente porque me da la gana y siento que la voy a pasar bien.
Me gusta cuando me reuno con mis queridas amigas (L y P) y pareciera que no hubiesen pasado tantos años desde que salimos del colegio. Me gusta que ellas, a pesar de lo cool, inteligentes, divertidas y exitosas que son, no se hayan vuelto unas tías (tías entendiéndose por chicas aburridas).
Me gusta que haya gente que me pregunte cosas porque cree que, por tener unos años más que ellos, puedo saber un poquito (pero solo un poquito) más.
No me gusta cuando tengo que pagar cuentas, hacer trámites y responder a quienes me interrogan sobre cuándo voy a tener hijos. Tampoco me gusta cuando me preguntan sobre el futuro de mis padres, cómo voy a hacer para mantenerlos en el futuro, qué haré con su casa que queda tan lejos y cosas así, si están asegurados o qué pasaría si se enferman.
No me gusta que la gente pretenda que, porque soy adulta (¿soy no?) no pueda desvelarme, hablar estupideces por horas y nada de política o economía, ver dibujos animados, comprarme ropa de colores, una paleta o algodón de dulce.
No me gusta no poder sacarle la lengua a alguien que no me simpatiza porque si lo hago, me dirán "ay pero qué infantil".
No me gusta que me llamen a ofrecerme seguros de vida, tarjetas de créditos y préstamos.
No me gusta cuando la gente empieza a hablar de sus logros profesionales como cuando te cuentan que están estudiando tal cosa, que tienen a cargo a tanta gente, que tienen jet lag de tanto viajar por capacitaciones.
No me gusta cuando voy al bar de siempre y está lleno de chibolos.
No me gusta cuando me dicen "pronto te aburrirás de todo esto".