Monday, August 11, 2008

Viajes
Hay días en los que me siento una reverenda cojuda. En especial cuando vuelvo de uno de esos viajes. Esos que aparentemente no traerán ninguna sorpresa y terminan dejándote con tantas cosas en la cabeza que parece que vas a explotar o convulsionar como esos niños japoneses que veían demasiados capítulos de Pokemón. Estos son los momentos en los que me sentí así, cojudasa:

1. Santiago el juerguero
Paséabamos alegremente por el valle del Mantaro y en cada parada que hacíamos, nos encontrábamos con una comparsa de alegres muchachonas y muchachones que bailaban al son de distintos ritmos. "Están celebrando a Santiago", nos dijo Freddy el señor taxista. A Santiago Apóstol en realidad, que es una festividad que me da flojera explicar pero que es una de esas mezclas maravillosas que combinan el calendario agrícola con tradiciones ancestrales y de paso recuerda algo de la Conquista. Una mazamorra encantadora que se traduce en un juergón inacabable. Yo pensé que se celebraba en julio, pero parece que la fiesta continúa hasta agosto. "¿Y yo creo que me divierto?", fue la primera pregunta que me hice al ver a estos señores bailar como si el mundo se fuera a acabar en ese momento. Bailando y chupando e invitando a desconocidos (como yo) a unirse al grupo. Bailando por calles empinadas al ritmo de unos músicos igual de zampados y felices que ellos. Abrazos, polleras que te dejan ciego y más borrachos cayéndose por las calles y torres y torres de cajas de chela a su alrededor. Eso sí es una fiesta.
2. De shopping
¿Osea, tú te crees bien bacán por ir a comprar tu televisor LCD y gastar un montón de plata? Anda pues al mercado de Coto Coto y ahí te quiero ver. Es un mercado en el que venden animales. Pero no perritos, gatitos o hámsters oh no. Ahí se venden vacas, toros, ovejas, chanchitos y otras especies. Es un supermercado ganadero al aire libre. En una transacción, así tranqui nomás, vi como una señora se embolsillaba como 3 lucas por una vaquita. Claro, y de ahí ¿como te llevas la vaquita a tu jato? Pues compras tu soguita, y al costado nomás, su alimento fortificado y unos metros más allá ahí está tu taxi carga que no es otra cosa que un camión taxi en el que se meten, un poco a la mala, a los animales para llevarlos a tu jato. Activistas y miembros del PETA, abstenerse por favor.
3. A jugar
Uno que se angustia comprando millones de juguetes o huevadas para críos y sobrinos y creo que la mayoría de veces, a los pequeños les basta con un par de ramitas y un poco de violencia infantil (osea, entre ellos) para divertirse. Dos niñitos, al borde de la carretera y dándose de espigazos (es decir, golpeándose en broma con espigas doradas por el sooool, el racimo que corta el viñadoooor (gracias colegio de monjas). Espigas inofensivas, no se me asusten tampoco) y muriéndose de risa. Los mismos chibolos empiezan a rodar por una lomita y luego siguen con los espigazos. Carajo, qué envidia.
4. Silencio
Yo creo que la mayoría de gente le tiene miedo al silencio. A quedarse callados con los amigos, la pareja o el galancete de turno, como contaba Mia Wallace en Pulp Fiction y toda su teoría del Silencio Incómodo. Este fin de semana gocé de absoluto silencio en las noches. Estaba en un hotel en la punta de un cerro (literalmente) y sin compañía. No tuve pillow talk, ni un carro que pasara de madrugada, ni una risa de la calle. Todo calladito. En la mañana escuché este fascinante diálogo entre dos personas, que también disfrutaron del silencio nocturno:

Individuo A: Oye, ¿aquí no se escucha nada no?
Individuo B: No pues. Si estuvieras en la selva, puro mono nomás se escucharía
Individuo A: ¿Y cómo sabes que son monos?
Individuo B: ¡Qué mas van a ser pues huevón!

Y bueno, un poco que en esos momentos yo me sentía bien tarada. Taradaza por preocuparme por todo y no disfrutar a punta de espigazo o su equivalente citadino. Sonsonaza por creer que ser adulto es andar con el ceño fruncido pagando tarjetas y estados de cuentas. Cojudaza por creer que las chelas de fin de semana realmente alivian. Estupidaza por pensar tantísimo en el futuro en vez de simplemente bailar, dar de saltitos o agarrar a espigazos al mundo.

1 comment:

Marquinho's Way said...

El último parrafo lo resumió todo.