Monday, August 25, 2008

En serio pues...
- ¿Qué cruza por la cabeza de los chicos que usan pantalones "pitillo", osea apretadito hasta abajo?
- ¿Por qué la gente sigue diciendo "te llamo para vernos ¿ya?" y nunca llaman?
- ¿Los tipos que te gritan sandeces y mañosadas en la calle, lo hacen exactamente para qué. Para que les digas: "uy si papito rico y apretadito, me voy contigo a donde quieras"?
- ¿Esos patas que se mudan de la ciudad y se van a vivir al campo en comunidad y viven de lo que cultivan y dicen que ahora "sí viven a plenitud", de verdad lo disfrutan?
- ¿Hasta cuándo vamos a seguir escuchando (la misma) música de los 80 en las radios?
- ¿Por qué hay gente o mozos que cuando le pides una chela te responden: "¿helada?"?
- ¿Es muy faltoso quedarse dormido mientras unos orgullosos padres te muestran videos de su recién nacido hijo?
- ¿Hay escasez de hombres guapos, interesantes y solteros?
- ¿Los metaleros se toman en serio a si mismos?
- ¿Quién usa pantalón de cuero?
- ¿Es posible comer "de todo un poquito" en un buffet o inevitablemente uno cae rendido al tercer plato?

Sunday, August 24, 2008

Laralá
No sé por qué ni como esta semana he visto dos cosas muy retorcidas en la pantalla de mi televisor (“no toque su televisor”). La primera es una película que parece bastante normal, pero que al final muestra una relación incestuosa entre madre e hijo. Encima, de la vida real.
La segunda cosa horrible que vi es un documental, que, para aumentar el efecto guácala lo vi de madrugada y no me dejó dormir. El documental de marras se llama “No body is perfect” (sí, así separado) y trata básicamente del cuerpo. En realidad, de la relación (un poco retorcida) de determinada gente con su cuerpo. Así vemos desfilar gente que se hace modificaciones corporales (se parten la lengua, se meten bolitas debajo de la piel para parecer…. no sé, en realidad no sé a qué diablos quieren parecerse), gente sadomasoquista, clubes de tortura (seee, hay clubes de tortura), gente que se cuelga ganchos en la espalda como reses y gente que se corta o mutila a si misma porque le gusta.
Soy de la idea que cada quien puede hacer de su cuerpo lo que le de la gana siempre y cuando no dañe a otros o fuerce a otros a hacer algo que no les guste. Pero tal vez lo más fuerte de este documental sea que hay mucha, muchísima gente a la que le gusta hacerse daño. Gente que, a diferencia de muchos, no evita el dolor, sino que lo busca, lo disfruta, lo difunde y es aplaudida por sus sangrientas aficiones.
Lo más curioso del documental es que cuando termina y empiezan a pasar los créditos, ponen esta canción de Rita Pavone. Y si pues, al final la sensación que queda es que a todos estos señores que salen en el video, el mundo y lo que este piense cuando los ve pasar les debe importar bien poquito pues a su modo, son felices.

Monday, August 18, 2008

Quiero ser un rolling stone

Este fin de semana fui a ver el documental Shine a light, dirigido por Scorsese y que registra un concierto de los Rolling Stones en el Beacon Theater (NY). No quiero hablar de las canciones, ni de las imágenes (aunque sean todas de puta madre), sino de la sensación que me dejó y el próximo deseo a cumplir: "Yo quiero ser un rolling stone". No uno, quiero ser los cuatro juntos. Quiero poder bailar sin parar, tocar la batería, ser un poco pastrula y tan cool como Keith y divertirme tanto a los sesentaintantos años (si llegó, claro está). Quiero también conservar a mis amigos de juventud y que no se me mueran en el camino.
Quiero poder treparme a una palmera, caerme y sobrevivir. Hay un momento del documental que me gusta mucho y es cuando Keith mira al público y dice: "Hola... es bueno verlos. En realidad es bueno ver cualquier cosa". Supongo que esa debe ser su manera de darle gracias a la vida.
Me gusta también cuando Ronnie Wood dice que él no se sentía tan buen músico, pero que sobre el escenario, cuando están todos juntos, suenan mejor que veinte.
Me gusta que se sienta, en un documental, la amistad, la buena onda, el desbande, lo cool. Y es que, al final de eso se trata el rock n roll ¿o no?
Y como yapita, pueden ver este simpático video:

Monday, August 11, 2008

Viajes
Hay días en los que me siento una reverenda cojuda. En especial cuando vuelvo de uno de esos viajes. Esos que aparentemente no traerán ninguna sorpresa y terminan dejándote con tantas cosas en la cabeza que parece que vas a explotar o convulsionar como esos niños japoneses que veían demasiados capítulos de Pokemón. Estos son los momentos en los que me sentí así, cojudasa:

1. Santiago el juerguero
Paséabamos alegremente por el valle del Mantaro y en cada parada que hacíamos, nos encontrábamos con una comparsa de alegres muchachonas y muchachones que bailaban al son de distintos ritmos. "Están celebrando a Santiago", nos dijo Freddy el señor taxista. A Santiago Apóstol en realidad, que es una festividad que me da flojera explicar pero que es una de esas mezclas maravillosas que combinan el calendario agrícola con tradiciones ancestrales y de paso recuerda algo de la Conquista. Una mazamorra encantadora que se traduce en un juergón inacabable. Yo pensé que se celebraba en julio, pero parece que la fiesta continúa hasta agosto. "¿Y yo creo que me divierto?", fue la primera pregunta que me hice al ver a estos señores bailar como si el mundo se fuera a acabar en ese momento. Bailando y chupando e invitando a desconocidos (como yo) a unirse al grupo. Bailando por calles empinadas al ritmo de unos músicos igual de zampados y felices que ellos. Abrazos, polleras que te dejan ciego y más borrachos cayéndose por las calles y torres y torres de cajas de chela a su alrededor. Eso sí es una fiesta.
2. De shopping
¿Osea, tú te crees bien bacán por ir a comprar tu televisor LCD y gastar un montón de plata? Anda pues al mercado de Coto Coto y ahí te quiero ver. Es un mercado en el que venden animales. Pero no perritos, gatitos o hámsters oh no. Ahí se venden vacas, toros, ovejas, chanchitos y otras especies. Es un supermercado ganadero al aire libre. En una transacción, así tranqui nomás, vi como una señora se embolsillaba como 3 lucas por una vaquita. Claro, y de ahí ¿como te llevas la vaquita a tu jato? Pues compras tu soguita, y al costado nomás, su alimento fortificado y unos metros más allá ahí está tu taxi carga que no es otra cosa que un camión taxi en el que se meten, un poco a la mala, a los animales para llevarlos a tu jato. Activistas y miembros del PETA, abstenerse por favor.
3. A jugar
Uno que se angustia comprando millones de juguetes o huevadas para críos y sobrinos y creo que la mayoría de veces, a los pequeños les basta con un par de ramitas y un poco de violencia infantil (osea, entre ellos) para divertirse. Dos niñitos, al borde de la carretera y dándose de espigazos (es decir, golpeándose en broma con espigas doradas por el sooool, el racimo que corta el viñadoooor (gracias colegio de monjas). Espigas inofensivas, no se me asusten tampoco) y muriéndose de risa. Los mismos chibolos empiezan a rodar por una lomita y luego siguen con los espigazos. Carajo, qué envidia.
4. Silencio
Yo creo que la mayoría de gente le tiene miedo al silencio. A quedarse callados con los amigos, la pareja o el galancete de turno, como contaba Mia Wallace en Pulp Fiction y toda su teoría del Silencio Incómodo. Este fin de semana gocé de absoluto silencio en las noches. Estaba en un hotel en la punta de un cerro (literalmente) y sin compañía. No tuve pillow talk, ni un carro que pasara de madrugada, ni una risa de la calle. Todo calladito. En la mañana escuché este fascinante diálogo entre dos personas, que también disfrutaron del silencio nocturno:

Individuo A: Oye, ¿aquí no se escucha nada no?
Individuo B: No pues. Si estuvieras en la selva, puro mono nomás se escucharía
Individuo A: ¿Y cómo sabes que son monos?
Individuo B: ¡Qué mas van a ser pues huevón!

Y bueno, un poco que en esos momentos yo me sentía bien tarada. Taradaza por preocuparme por todo y no disfrutar a punta de espigazo o su equivalente citadino. Sonsonaza por creer que ser adulto es andar con el ceño fruncido pagando tarjetas y estados de cuentas. Cojudaza por creer que las chelas de fin de semana realmente alivian. Estupidaza por pensar tantísimo en el futuro en vez de simplemente bailar, dar de saltitos o agarrar a espigazos al mundo.