Tuesday, June 17, 2008

Eso cansa
En estos últimos años hay una palabra que siempre está presente en mis respuestas y justificaciones: "flojera".

Ej. 1:
Persona A: ¿Por qué eres tan reacia a hacer nuevas amistades?
Menchis: Porque me da flojera.

Ej. 2:
Persona B: ¿Casada?
Menchis: Sí
Persona B: ¿Hijos?
Menchis: Cero
Persona B: ¿Para cuándo?
Menchis: No sé
Persona B: ¿Por qué no te animas?
Menchis: Porque me da flojera

Ej. 3:
Persona C: ¿Vamos a chupar?
Menchis: ¿A dónde?
Persona C: A donde siempre
Menchis: Qué flojera

Y no es que sea una flojonaza que me pase todo el día viendo las musarañas (¿alguien sabe si existen? Me encantaría ver una antes de morir). Ahí me ves levantándome de madrugada y en pleno invierno para ir a nadar. Ahí me ves limpiando hacendosamente mi dulce hogar. Ahí me ves organizando música o discos. Osea, flojanaza no soy.
Pero sí me da flojeraza pasar de nuevo por todo. Conocer a una nueva persona y pensar: "ay qué chévere esta chica o pata, quiero que sea mi amiga o amigo". Y volver a pasar por todo ese larguísimo proceso de conocerse, de averiguar sus gustos, de "andaaaa, yo también pienso eso", de "si??? tú también alucinabas con eso?", de "uy no sabía que esa persona no te caía, disculpa", de "te voy a enseñar un lugar mostro", de "tienes que conocer a ..." , de abrirle tu corazón y mente, de enseñarle cosas lindas con la esperanza que las disfrute tanto como tú. Con mis adorados amigos, a los que nunca dejo de ver o escribir, ya no tengo que pasar por todo eso. Los veo, los abrazo y de frente les digo lo que haya que decirles. Si es su santo, ya sé qué puedo regalarles. Si voy de viaje y veo algo que les guste, se los compro porque sé que eso les hará felices. Si están tristes, sé qué frases no puedo decirles. Sé qué películas pueden gustarles y cuáles jamás veríamos juntos. Y todo eso me da una grata sensación de comodidad. Y flojonaza no seré, pero comodona emocional sí.
Ni qué decir de los críos. Dice mi madre que si estoy buscando un momento ideal para tenerlos, pues ese momento nunca llegará. No es que esté esperándolo, estoy más bien tan contenta y cómoda (volvemos a lo mismo) con cómo estoy en este momento que simplemente, qué flojera. Quienes son padres me dicen que eso es egoísmo, que un hijo te cambia la vida, que es maravilloso y miles de cosas más. Respeto sus opiniones, pero por el momento, paso tan a gusto mis domingos frente a la tele que pensar en amanecidas y malas noches por un demandante y pequeño ser, no gracias, paso por el momento. Qué flojera.
Y lo de los rituales de fin de semana, pues también me dan flojera. Me sigue gustando salir, la rica chela heladita y los potentes equipos estereofónicos. Solo que me da flojera hacerlo igual, siempre y en el mismo lugar cada sábado o viernes. Me da flojera ver a los mismos grupos y bailar las mismas canciones. Y prefiero salir un martes, tomarme dos chilcanos y reírme tantísimo (como hace poco sucedió) a ir al mismo sitio que siempre, como cada sábado.

Tuesday, June 03, 2008

¿Ya estuvo bueno no?
O es retro o es vintage y ya me cansé de esa onda "todo tiempo pasado fue mejor". Ya me cansé de los "grupos que suenan a ..." (inserte alguna banda del pasado en estas líneas). De los homenajes. De la ropa con toques ochenteros, noventeros, sesenteros, cincuenteros y demás.
Supongo que en algún momento de la historia del arte (bueno sí, hay varios momentos), las cosas eran 100% originales y siempre me pregunto qué se debe haber sentido ver a los Sex Pistols en vivo y por primera vez. Escuchar esos sonidos tan raros en un local vacío tipo auditorio escolar - según esta película que me gusta tanto 24 hour party people. O escuchar ensayar a Nirvana en el garaje de al lado (claro, si viviera en Gringolandia). O entrar al cine y ver la imagen de un ojo cortado por una navaja muy filuda y quedarme cojudísima. O ser la primera en usar pantalón e ir a estudiar, no sé, a la Católica rodeada de chicos.
Hace algunas semanas, conversaba con la Ñanga sobre este boom de la gastronomía peruana y que hoy hay tantísimos restaurantes en Lima, algunos carasos y otros normales. Él me decía que si va a pagar alguna suma obscena por un plato de comida, él espera que el plato le reviente en la boca, es decir, que los sabores de la preparación sean extraordinarios, que sean totalmente nuevos (volvemos al tema de la originalidad) o distintos y que si vas a pagar 50 lucas por un arroz con pollo rococó lo mínimo que esperas es que sea tan pero tan rico que nunca más en tu vida quieras comer otro arroz con pollo que no sea ese.
Y ni qué decir del cine. ¿No te ha pasado que ves una película y ya sabes qué va a pasar? Lo peor es que uno termina malacostumbrándose. Me pasó cuando vi Luz Silenciosa de Carlos Reygadas. Claro, es una película poco convencional, si por convencional nos referimos a las comedias románticas, indiana jones o harry potter. Durante los primeros minutos de la película no tienes ni idea de lo que está pasando y mucha gente no sabía qué hacer, conversaba, cuchicheaba un tanto preocupada sobre qué diablos estaba pasando en la pantalla y hasta llegó a preguntar si se había malogrado el proyector. Nada. Era simplemente que el inicio de la película muestra un amanecer y obvio-microbio, antes del amanecer, todo es oscuridad.
Cada vez añoro más esa sensación wow!, el desconcierto por algo novedoso, distinto y también esas ganas de ser testigo de algo totalmente maravilloso. La sensación wow! es locaza. Hace algunas semanas ví por primera vez, y van a disculpar lo lorna que va a sonar esto, un I-Touch. Y me sentí un poco como los nativos a los que les enseñan por primera vez un espejo o el hielo. Dije osu, wow, chénguere y el clásico "yo quiero".