Thursday, January 24, 2008

Caballero, nomás
La ley de Murphy dice que si algo malo tiene que pasar, va a pasar. Y sí pues. Yo tengo mis propias leyes que, como soy buena, compartiré con usted, estimado lector:

1. El dinero y las compras
Cada vez que ves algo lindo (vestidito, zapatos o hasta algún objeto de decoración) no tienes dinero para comprártelo. Cuando lo tienes, eso que viste, ya desapareció o, simplemente, no encuentras nada que valga la pena.

2. El verano y el trabajo
Cuando tienes que trabajar, sale el sol, bello, radiante. Cuando decides ir a la playa, el día está nublado. ¡Por la Sarita!

3. La maldita tecnología
Ves algún aparatejo tecnológico que te gusta, te seduce, te fascina como dice Guillermo Dávila. Ahorras un dinerillo para comprarlo. Cuando lo puedes comprar, ves que ha salido algo muchísimo mejor y claro, más caro. Lo mismo sucede, cuando te lo logras comprar.

4. Menchis y los grandes almacenes
No me gusta comprar en las tiendas como Saga y Ripley salvo que sea estrictamente necesario. Pero cuando lo hago y digo: "vamos, démosle una oportunidad a los grandes almacenes", resulta que alguna compañerita de trabajo tuvo la misma idea y vamos a trabajar con el mismo modelito, el mismo color, el mismo día. Como diría Jorge Benavides cuando imita a Jorgito del Castillo: "yeeeee!" (con salto de alegría por favor).

5. El imán del compromiso
Ni bien te comprometes y pasas a convertirte en una chica con pareja fija, aparecen esos galanes de antaño por los que babeabas. Y aparecen con intenciones de lo más raras.

6. Menchis y el transporte
Cuando decido usar transporte público para largos trechos, este (el transporte pe) me juega malas pasadas. Siempre. O me topo con una huelga o el micro se malogra.

7. Low battery
Justo cuando pienso: "ah, necesito inspiración, voy a escuchar música para trabajar mejor", el ipod se queda sin baterías. Lo mismo me ha pasado en los viajes.

8. Los trapos una vez más
Cuando decido ir a una reunión o fiesta de lo más arregladita, esmerarme, ponerme mis taquitos, pintarme y ¡oh si! hasta peinarme, resulta que los demás asistentes se van sport o hasta las patas. También se aplica al revés (yo sport, el resto elegante). Creo que necesito ayuda de mi querida Patty, mi querida amiga experta en protocolo y buenas costumbres.

Tuesday, January 22, 2008

Un lento
¿No te pasa que hay cosas que las ves en cámara lenta? Como esa cachetada que va a aterrizar en tu rostro o la primera vez que viste al chico o chica que terminó convirtiéndose en el gran amor de tu vida (uy que cliché me salió esto). También cuando ves correr a un chico guapísimo (eso me pasó el otro día) o a una chica tipo Baywatch. No en vano, los productores de aquella serie usaban ese recurso hasta el cansancio, pero bien que nos gustaba. Ayer domingo estaba metiendo algunas cosas a la maletera, bien aceleradita yo, y en eso, mi piecito se resbaló y sentía como me iba cayendo leeentamente (como la salsita a la huancaína que cae sobre la papa). Lo peor es que llevaba una botella de vino en la mano, así que mientras me caía (el instante pareció eterno) pensaba: esto va a resultar en una embarradera y cortadera. Y seguía cayéndome y no había cuando aterrizar en el piso. De pronto, me agarré de algo (no sé de qué) y me quedé como colgando en una posición ridículamente tonta, y por lo tanto, graciosa.
- Qué fueee?, me dijo la Ñanga que me encontró doblada en 22.
- Nada, casi me caigo.
Y seguí mi camino.
Y como siempre, yo creo que las cosas no pasan en vano, pues siempre me permiten dar pie a hueveras reflexiones (osea, pensamientos que no van a ninguna parte, no es que me ponga a filosofar sobre las hueveras, aunque debería). Me puse a pensar que sería maravilloso que las personas tuvieramos esa capacidad de dividir un instante en pedacitos y disfrutarlo. Como cuando comes algo rico y lo partes en pedacitos para comer de a poquitos y que nunca se acabe (manía que ciertas personas odian, pero yo encuentro adorable). Como cuando dices: "¿quéee? ¿ya son las 4 am? ¡Nooo!, ¿pero como se pasó el tiempo?". Como cuando sientes que ESE es el momento, que no podrías sentirte ni más contento, ni más pleno, ni más satisfocha-con-tus morochas-ocho-cocho-pocho.
Sonseras nomás escribes ¿no?

Thursday, January 17, 2008

Es bueno ser rey


Mel Brooks tiene esta película tan graciosa y boba que se llama "La Loca Loca Loca Historia del Mundo" (History of the World part 1... hasta ahorita estoy esperando la parte 2, je) de la que surgen diálogos memorablemente absurdos, pero muy útiles para distintas situaciones. Para aquellos que no han visto dicho film, este trata, obvio, sobre la historia del mundo. Desde el hombre de las cavernas hasta la Revolución Francesa. Por partes muy vulgar, por otras graciosa y en otras, si pues, nadie es perfecto, demasiado tonta. Me gusta cuando muestran la Revolución Francesa y vemos el lujoso y decadente estilo de vida de los reyes de ese entonces. El rey hacía lo que le daba la gana, desde jugar ajedrez con personas hasta tirarse a todo aquello que se moviera. Estos actos los terminaba con la frase: "es bueno ser rey".
¿Y a qué viene todo esto? Pues a que esta humilde señora tuvo la oportunidad de, por nueve largos días, sentirse reina. ¿La razón? Una invitación (osea, no pagué nada de nada, lero lero) para viajar en un crucero de lujo por el Atlántico, partiendo de Buenos Aires y desembarcando en Punta Arenas, Chile.

Vida de reina
Sin despertador.
Aunque puedes levantarte a la hora que te venga en gana, lo ideal es hacerlo temprano, pues existen horarios de desayuno, almuerzo y cena. Y, como es bueno ser reina, si se te pasan los horarios, te llevan la comida a tu cuarto, pero esto no es muy recomendable porque entras en un círculo vicioso de decadencia y de pronto tu cuarto parece el de un rock star.
No mueves un dedito. Te levantas, te bañas y a diferencia del común de los mortales, sales de tu cuarto a pasear. No limpias, sacudes ni barres. No lavas, no cocinas, no te vas al paradero a buscar tu combi. Al regresar de tu caminata o hueveo matutino, encontrarás tu cuarto ordenadito y limpísimo.
Comer hasta morir. Adonde vayas (son siete pisos en este crucero de pura elegancia) siempre habrá alguien ofreciéndote algo de comer o tomar. Si vas a la piscina, el barman (que sospecho es el doble de Wong Kar Wai) te ofrecerá exóticos brebajes. Si vas a uno de los lounges, se te acercarán a darte bocaditos y claro, más bebidas o si quieres, tecito de cualquier lugar del mundo, pastelitos o lo que se te antoje. ¿Tiene langosta? Claro, señora, de inmediato. Si vas a ver una película (sí, aquí hay cine), te dan lo que quieras. ¿Pollo a la brasa? Lo siento, señora, eso no hay.
Hasta reventar.
Cuentan con una biblioteca y videoteca (o dividiteca). Escoges las películas o series que gustes y las ves. Hasta ahora he visto: la trilogía de Volver al Futuro, una película romántica con Barbra Straisand, muchas películas de la Pantera Rosa y Perros del Depósito.
Como si no fuera suficiente. No sé cómo te puedes estresar en un lugar así, pero debe haber gente que sufra, de lo contrario no me explico cómo puede haber un spa y salón de belleza. Masajes, faciales, manicures, pedicures y hasta tratamientos contra la celulitis.
Sí pues, es bueno ser reina.

Friday, January 04, 2008

Bienvenidos
Pasada la resaca y la euforia del nuevo año, ¿qué queda decir? Por favor, ya no más "próspero y venturoso 2008". La última noche del 2007 jugábamos a hacer rankings a lo High Fidelity sobre momentos tops de nuestras vidas. Obvio que vino el top de los mejores 5 año nuevos que nos ha tocado vivir. Los míos incluían uno muy bueno de cuando tenía como 7 años o menos y mis viejos se fueron a algún tono y me dejaron con mis primos: los primos pirañas (achoradazos eran). A mí me gustaba pasar tiempo con ellos (pero no mucho porque a veces daban miedo) porque aprendía mucho (por ejemplo, cómo evitar que te quiten tu comida o jugar a las luchas en un espacio reducido) y eran divertidos. La noche del 31 pusimos Viva el Sábado o algo así, un programa de musicales y nos dedicamos a bailar cada una de las canciones que pasaban. Recuerdo con cariño "La chica de Chicago" pues le hicimos una coreografía y cantábamos con nuestras dulces e infantiles voces: "de Chicago la más hermosa" . También bailamos "La noche" de Joe Arroyo e imitábamos su voz. Claro, a la una y algo de la mañana ya estábamos todos bien dormiditos, pero la pasé bomba.
Y claro, el primer puesto del ranking se los robé a todos porque ganó el año nuevo del 99, en Cusco, con la querida Sol y el que ahora es mi esposo (suspiros de la audiencia). Aunque tuvo poco de romántico ya que hubo broncas, golpes, puertas que casi se rompen y un poco de lágrimas. Igual, el mejor.
¿Y el peor? Sin duda aquel en el que viajé hasta Trujillo porque me dijeron las ilusas con las que viajé que "Huanchaco era la voz". Viajamos todos esos kilometros que separan Lima de la Ciudad de la Eterna Primavera (si güey) y aunque pude quedarme en la siempre linda y confortable casa de mis tíos, tuve que quedarme con estas muchachitas en otro sitio que no era lindo ni confortable. Llegado el 31, fuimos a Huanchaco para descubrir que era una larga calle, con playa al frente y muchos borrachos pasándola super. "Bueno, parece que está en algo", pensé. A lo que las muchachitas respondieron: "Ay no, qué fea vaina". Y yo, que debo haber pasado por la etapa más tarada de mi vida, respondí: "¿entonces qué hacemos?" (debí decir: "no me jodas"). La respuesta fue: "vamos a la casa pues".
Y les hice caso.
Y nos fuimos a "la casa".
Y pedimos pollo a la brasa (sin ají porque una de las muchachitas sufría de gastritis o creía tenerla)
Y comimos el pollo
Sin música
Ni baile
Ni una conversación graciosa
Solo nosotras y el pollo (que no era Pios Chicken)
Feliz año, me dijeron y brindamos con Triple Kola o algún simil de la época.
Feliz año, malditas