Tuesday, December 30, 2008

Sobreviví


Contra todo pronóstico, sobreviví a las fiestas navideñas. Sobreviví a:
- Los villancicos
- El Papá Noel Pastrulo (PNP de ahora en adelante y cualquier similitud con alguna institución es mera coincidencia) que vive cerca de mi casa.
- El Papá Noel No Pastrulo (PNNP) pero que igual asusta. Está hecho de plástico y baila tocando un saxofón en la panadería
- Los avisos de "se hornea pavos y lechones"
- Las reuniones y tragandangas
- Los "brindis" (¿?)
- El intercambio de regalos (je, este año no regalé a nadie)
- Milagro en la calle 34
- La nostalgia
- El chocotón, panelate y otros adefesios

Ahora, ahorita nomás, viene una de mis fiestas favoritas en todo el año (además de mi cumpleaños): la celebración del año nuevo. Ocasión perfecta para ver a los que quiero, empujar a algún incauto a la piscina a la mitad de la noche, bailar los grandes éxitos de ayer-hoy-y-siempre, jugar cachascán (bueno, yo nunca juego cachascán en año nuevo, pero la ñanga sí y yo aplaudo su iniciativa), beber todos los tragos del mundo (¿volverá algún día el 2x1 de Wong y Metro?), inventar coctelitos exóticos aunque mis amigos renieguen de los tragos de colores, cantar "pepepe" y bailar "la natation synchronisée"*, destruir alguna casa, guardarme lentejas en los bolsillos alucinando que es plata, prender chispitas mariposas, inventar cábalas, salir a correr con mi mochila o maleta y volver a la fiesta cansadasa y renegar de mi pésima forma física, decir "el próximo año de todas maneras...".
Así que si la Navidad, como dicen por ahí, es la fiesta de los niños, pues el Año Nuevo es mi Navidad.

*La Natation Synchronisee

Monday, December 22, 2008

Amigo amigo
Creo que la última vez que jugué al amigo secreto fue durante mis años escolares. En ese entonces me divertía y lo disfrutaba ya que me tocaba regalar a mis amigas, a quienes quería (y quiero) y conocía. Es decir, sabía qué darle a cada quién, qué le haría reír, qué le emocionaría y que detestaría (regalarle un casette (síi, estoy viejaza) de Arjona a la gran Martita la haría vomitar, pero otra amiga (que no revelaré su nombre para no hacerle pasar vergüenza jeje) sí me lo agradecería).

Hoy, como ya sabemos, no le encuentro sentido a esta serie de rituales sociales prenavideños y tan solo escuchar esas dos palabras juntas ('amigo' y 'secreto') acompañadas de sonrisas y hasta palmas de emoción, no puede menos que estresarme o ponerme de mal humor.Felizmente esa infame costumbre no ha sido adoptada del todo por mis coworkers, pero sí por varios que conozco. Todos coinciden en que nunca han recibido regalos más horribles que en esos intercambios. Ahí está la Ñanga que el año pasado, durante un intercambio de regalos en su oficina, recibió un polo sin mangas que no se conformaba con ser desmangado, sino que además era verde fosforescente como una señal de tránsito en el mundo de los teletubbies. "¿Quién usa un polo sin mangas y verde fosforescente?" gritaba enojadísimo la Ñanga cuando llegó a la casa con el regalo.

Tampoco comprendo ese afán por organizar brindis, reuniones e intercambios de regalos con todos los que conocemos, pero no son necesariamente nuestros íntimos o amiguetes. La idea sería hacerlo solo con quienes queremos (querer del verbo amistad o famlia, tú me entiendes. Es decir "yo te quiero hermanito" que no es lo mismo que "yo quiero un helado de fresa". Tú me entiendes, yo sé).

Recuerdo que una vez, durante una clase del gimnasio, las tías con las que sufría al compás del Pilates, dijeron: "¿y chicas? ¿como hacemos con lo del amigo secreto?". Las señoras no habían terminado la frase y yo ya había huído del salón con una rapidez que casi nunca exhibo en la vida diaria. Osea, señora compañera de ejercicio, dígame usted qué diantres le podría regalar si yo a usted no la conozco, señora mía. ¿Qué le regalo? ¿Una toalla, un tomatodo, un desodorante?

Hoy estoy sufriendo. Dentro de algunos minutos, la oficina en la que trabajo celebrará la Navidad y habrá brindis y sorteo de regalos. Y yo solo pienso en qué momento se jodió tanto pero tanto la Navidad.

Tuesday, December 16, 2008

La grati

Cuando era feliz e indocumentada (citando a ya saben quién) recibía propinas en Navidad. Propinas que no duraban mucho pues casi siempre terminaban en un par de zapatos, discos (sí muchachos, antes la gente compraba discos), libros que no había podido comprar o alguna otra vanidad de la vida.

En ese entonces escuchaba a los adultos hablar de la grati. También recuerdo uno que otro comercial de tele horrible en el que decían que la grati la podías invertir en hiraoka o casa maruy o algo así. A medida que fui creciendo entendí qué diantres era la grati. Era lo que en las series de televisión traducidas al español mejicano llamaban "aguinaldos" o "bono". Algo así como una propina que recibían los adultos por ser personas asalariadas.

En estos días prenavideños, he leído en menos de una semana dos artículos en los que "especialistas" (no me pregunten de qué) recomiendan qué hacer con la grati. Ellos dicen que debe destinarse esencialmente al pago de deudas y ahorro porque con la crisis económica mundial que se viene, más vale tener un dinero extra bajo el colchón para los tiempos difíciles. Me gustaría ir a buscar a estos "especialistas" a su jato o lugar de trabajo y golpearlos con un bate de beisbol al mismo tiempo que les gritarían: "¿y tú quién (inserte aquí la mayor cantidad de insultos así bien hardcore que conozcas) te crees para decirme qué hacer con mi grati?!!!"

Pero como soy una cobarde y bien obediente, probablemente termine haciéndole caso a estos "especialistas", cuando en realidad quisiera hacer lo que me diera la gana con ese dinero que recibimos en navidad. Me gustaría hacer como el hermano de un amigo que ni bien recibió su grati se compró un Wii y se pasó todo el día jugando hasta cansarse y empaparse la camisa de tanto saltar y moverse con el aparatejo. También sería interesante invitar a comer a mis amigos a donde quisieran o comprarme esas sandalitas tan bonitas y malcriadamente caras que ví el otro día y que se han convertido en la obsesión preveneraniega. Otra alternativa sería comprar coca cola o cerveza hasta llenar la refri. Pero ya lo dije, soy cobarde y obediente.

Tuesday, December 09, 2008

En serio, ¿qué fue de Los Toribianitos?*
Este sábado, un poco maltrecha por la estrepitosa noche del viernes, me levanté, saqué el auto de la cochera (la cochera del toque de queda, que cierra a las 11 am y abre a las 4 pm. Cosas raras...) y de regreso a mi casa decidí parar en el kiosko a comprar el periódico que vino más pesado que nunca. La culpa la tenían los catálogos navideños.

Como siempre, los vi con detenimiento pensando: "si tuviera un sobrino de 7 años, probablemente le alocaría este carrito" (pero no tengo sobrinos de esa edad) o "en mi vida, le regalaría este set de maquillaje a alguien que quisiera". El asunto es que en mitad de esas ojeadas consumistas, me vino una infinita tristeza (sí, como la frase en la canción de Manu Chao) porque recordé esa navidad tan bonita que tuve de chiquititita cuando mi viejo se disfrazó de Papa Noel Pai. Y reparé en que hace muchísimo tiempo que las navidades dejaron de generarme esa mezcla tan rica de alegría y ansiedad porque ya sean las doce para abrazar a todos o para comer por fin ese pan que mis tías horneaban con tanta precisión o para recibir tantos regalos (era la única niña en esa navidad). Recuerdo cuando miraba el reloj que pasaba despacito y cómo mi tío Ernesto bromeaba con mi angustia, pero yo no podía enojarme porque mi tío era graciosísimo (y me daba unos regalos echelentes). Recuerdo también no entender por qué alguien se ponía nostálgico o soltaba una lagrimita.

En cambio ahora veo la navidad como una aburrida adulta:
- Reniego del tráfico o de no encontrar taxis.
- Me molesta tener que caminar entre miles de personas que andan como robotizadas buscando el regalo para el sobrino-hijo-latiapaquita-lanona (¿por qué no le dicen abuelita ah?)-la novia, etc.
- Converso con la Ñanga sobre con quién vamos a pasar la Nochebuena y con quién el almuerzo navideño.
- Rajo de la decoración tan fea que han puesto en el edificio donde vivo
- Hablo con mis amigos sobre los peores y mejores regalos que recibieron.
- Me pregunto qué fue de Los Toribianitos
- Me mato de hambre hasta el 24 de diciembre, día mágico en que rompo la dieta y como hasta límites vulgares.
- Recibo regalos corporativos en vez de juguetes.
- Trato de escabullirme de cuanto brindis navideño se me cruce en el camino.

Lo irónico es que desde el año pasado, horneo galletitas para regalar a mis coworkers. No sé por qué.

* este es el primero de una serie de posts sobre esta simpática fiesta (sí sí como no)

Tuesday, December 02, 2008

Varieté
1. No es justo pues varón.

¿Cómo se va a inundar la plaza de San Marcos en Venecia antes de que la gran Ñanga la visite? Me da entre pica y cólera cuando esos lugares que están en mi (nuestra) lista de pendientes se empiezan a ir al carajo. Ya bastante hemos tenido con habernos perdido la posibilidad de ver alguna vez a Nirvana o ver la llegada del hombre a la luna o escuchar el Sargent´s Pepper bajo estados alterados en estreno mundial. Ahora el mundo, el calentamiento global y la mala suerte se unen para desaparecer esos lugares que quiero conocer. Malditos sean, malditos.

2. Lunes por la madrugada.
Desde hace dos semanas y esencialmente porque estoy un poco mal de la cabeza, me levanto a las 5 y 20 am para ir a hacer ejercicio.
El mundo de madrugada es raro: las pistas están tan vacías que dan ganas de correr calato por ellas y cuando te cruzas con un auto o con una persona, te preguntas qué carajo hace despierto a esas horas. Las (mis) hipótesis son varias:
- se va de viaje a algún lugar y debe estar en el aeropuerto o la terminal de buses de madrugada
- está mal de la cabeza y se va al gimnasio
- regresa de pasar la noche con alguien con quien no quiere compartir desayuno
- regresa de pasar la noche cuidando a su papá o mamá enfermo en el hospital
- se despertó y encontró una nota de despedida al lado. Ha salido para no volverse loco (a)
- no aguanta a su familia y hoy no quiere preparar desayunos ni loncheras
- le gusta la ciudad sin ruido

3. Aviso de interés público
Este año ha sido el de los conciertos más bonitos del mundo y también del despilfarre económico (por lo mismo). Sirva entonces este blog para anunciar a mis queridos lectores (mis padres y tres gatos) que este año no habrá regalos de navidad para nadie. Besitos a todos.

Sunday, November 23, 2008

No sé bien qué quise decir, pero algo dije
Estoy escuchando una canción de los Cadillacs que podría ser el himno perfecto para una procesión. Pero octubre ya acabó así que no tiene mucha gracia y no viene al caso el comentario.

La Ñanga y yo nos fuimos de viaje de vacaciones. Supuestamente a un paraíso tropical, pero encontramos tormentas, ventiscas que se llevaban palmeras y salpicaban arena en la cara hasta causar dolor. Encontramos también todo el alcohol del mundo para ahogar la desazón y comprobamos que reír siempre nos salvará. Aunque reírse en medio de una ventisca tropical (¿existe ese fenómeno metereológico?) sea tantito peligroso. Uno nunca sabe qué le podría caer en la boca, los ojos, la nariz o los cachetitos.

Antes del extraño pero divertido viaje, mi abuelo murió. Tenía 101 años. Sé que murió de viejito porque eso de vivir ya no tenía mucha gracia para él. Supongo que al cerrar los ojos lo debe haber hecho con satisfacción. En cambio si el día de mañana, un auto me atropellara o un rayo me partiera en pedacitos, probablemente yo tendría demasiadas cuentas por pagar (y no es figurativa la frase), lugares por conocer y gente por estrangular.

Mi abuelo era el típico abuelo consentidor, buena gente, que usaba boina y lentes gruesos. Hace muchos años manejaba un ford superchévere con el que me iba a recoger al colegio. También hacía crepes que eran de rechupete y preparaba unos traguillos que me gustaría recrear en próximas reuniones alcohólicas. Uno de sus últimos regalos me salvó de vivir como pordiosera en uno de los mejores viajes que he hecho. Me dio un sobre con plata, de esa manera tan solapa y engreidora que solo los abuelos dominan.

A mi abuelo le decía Papi Victor y lo trataba de usted desde que tengo memoria. Pero me han contado que de chiquitititita (cuando era bien achorada debido a la convivencia con unos primos bien malandrines) le trataba de tú y una vez amenacé con pegarle con un matamoscas solo porque sí.

No me imagino cómo debe sentirse uno al cumplir 101 años. No me imagino acumulando tantos recuerdos o aprendiendo nuevos pasos de baile cada década. Ni siquiera me imagino qué pasará hasta diciembre. Lo que sé es que ahora hay una casa muy grande y muy vacía en San Martín de Porres.


*Los dibujitos son una cortesía de Liniers y, como siempre, caen perfecto

Saturday, November 08, 2008

No me den un arma
Yo que pensaba que ya había superado mis problemas de socialización hasta que tuve una de esas experiencias. Sip. Menchis podrá parecer una persona muy dulce, muy educada, muy confiable, pero en realidad si la dejan sola y le dieran libre acceso a las armas, pues podría matar a varias personas. Eso lo pude comprobar esta semana cuando estuve recluía por tres días en una capacitación de liderazgo. Tan solo nombre ya es espeluznante.
Nos hablaban de la importancia de tener un plan de vida. Nos decían que podíamos ser los líderes que siempre soñamos ser. Nos machacaban una y otra vez que el curso al que nos habían enviado nuestros jefes había representado una gran inversión para la empresa. Luego, cada dos horas, nos ofrecían comida. Nos ponían frente a tortas, no porciones, no pedacitos, nop. Tortas enteras para que acabáramos con ellas. También miles de gaseosas, aguas, cafés, infusiones varias y minibocaditos.
Cuando yo sonreía (con esa sonrisa nerviosa y gentil que pongo cuando no quiero decir: “Vete a la mierda”) ante las invitaciones de tortas y decía: “No, gracias”, una señora me respondíaa: “Come porque ya todo está pagado”. ¿Eso es descortés o qué?
Y bueno, la verdad es que yo nunca he soñado con ser un líder. He soñado con ser una rolling stone (ver post anteriores), pero ese sueño está bien lejos de convertirse en realidad pues mi maltrecho cuerpo no aguantaría ni medio día de los Rolling Stones. También de chiquita soñaba con ser bombera (osea apagar incendios) y una época creí que podría hacer películas y soñaba con ser directora de cine. Pero líder nunca he soñado ser y el día que quiera serlo probablemente esté en el Larco Herrera fumando puchos hasta tener los dedos amarillos, los dientes amarillos y la conciencia amarilla. Por cierto, ¿por qué fuman tanto los locos?
En este curso de liderazgo había un chico que me daba miedo porque cuando le preguntaron en qué momento de su vida estaba (ojo con la pregunta), él respondió que estaba en un proceso de mejoramiento pues quería ser el mejor en todo. El mejor hijo, el mejor novio, el mejor trabajador. ¿Mejoramiento? Osea, los programas de computación se mejoran. Las pistas en las avenidas se mejoran. Uno mejora su sazón al cocinar. ¿Pero puede haber alguien en el mundo que un día se despierte y diga: “Oh, creo que debo mejorar como persona”?
También había una chica que tenía el pelo pintado de rubio y usaba pantalones muy apretados y zapatos de taco y decía que era importante integrarnos.
Y había una señora que debe ser de las que se pelean con los señores que trabajan en Metro o Wong porque no le cortaron “como se debe” el jamón o el queso. Hay señoras así, yo he visto. La señora era enérgica al hablar y opinar, siempre tomaba notas y tenía una opinión para casi todo.
Había además un señor que estaba molesto porque solo había traído ternos al curso y no le habían avisado que había actividades deportivas por realizar.
A veces pensaba que todo era parte de un experimento social o una cámara escondida. Pero cuando me di cuenta que algunos de los participantes pensaban que el curso que estaban llevando realmente les iba a cambiar la vida pensé en dónde había dejado mi chicharra paralizadora para congelar el tiempo y poder huir de ese lugar sin que nadie se diera cuenta. También pensé en golpearme la cabeza contra la pared varias veces. Luego me tranquilicé y recordé que, como dice la canción, todo tiene su final y en algún momento el curso acabaría, yo estaría otra vez en mi casa acompañada de la Ñanga y tomando coca cola mientras buscábamos algo que ver en la tele. Era solo cuestión de paciencia.

Monday, November 03, 2008

Cuestión de horas
Mi madre siempre decía que cada cosa tiene su momento y lugar. Me lo debe haber dicho cuando era pequeña y estaba en Monterrey o Tía (eran supermercados por si no lo sabías, lector under 18) comprando cuando de repente me vinieron ganas de hacer pila. Como ya me habían enseñado a usar la bacenica (¿o bacinica o bacín?), cogí una que estaba en exhibición e hice la pichi ahí, en el supermercado. No recuerdo que hice con mi pila ni con el bacín. Fue entonces que mi madre pronunció esa frase que hoy he recordado. "Hijta, para cada cosa hay un momento y lugar".
Creo que hay situaciones que mi maltratado cerebro no puede soportar a determinadas horas del día. Digamos que ver una señora usando unas uñas decoradas a las 7 am es demasiado. Lo mismo con el pata que vi el otro día en el micro: 7:30 am y estaba secándose una lata de Cusqueña. Lo peor es que ni siquiera lucía resaqueado o que la estaba siguiendo de la noche anterior. Parecía que la lata de Cusqueña era su desayuno. No supe si sentir envidia o asquito.
Hoy es lunes y se supone que ya comenzó el día laboral hace rato. Se supone que debería apurarme y acabar con todo lo que tengo que hacer antes de las 6 pm, hora en la que he planeado irme. Digamos que el momento (día laborable) y el lugar (la oficina) deberían impulsarme a trabajar como hormiguita obrera, pero algo me hace recordar mi plácido fin de semana y mi domingo viendo una película tras otra, comiendo chocolate hasta sentirme mal y como que me vuelven a dar ganas de agarrar un bacin y hacerme la pila o tomarme una chela. Digo.

Saturday, October 25, 2008

Cosas que vi y viví

Como para no perder la costumbre de postear.

El datero y la fe
Un amigo me dijo, muerto de risa, que había visto a un datero usando hábito del Señor de los Milagros. Nunca pensé que me lo cruzaría y que verlo me dejaría pensando (exactamente por 2 minutos) en la nada, la economía y la fe. Luego reaccioné porque un carro me tocó el claxon y casi me atropellan.

Elvis está vivo
Hace 15 años (asu que vieja estoy) vi a Elvis (Elvis Presley por siaca, no crean que Elvis Crespo o Elvis Cochero juaaa, mal chiste). Era el tío de una amiga. Tenía patillas, pelaso (osea un montón de pelo, no pelo bonito), lentes de aviador pero con luna de medida, camisa de bobos, terno setentero y zapatos imposibles. Durante mucho tiempo pensé y sostuve con desesperación que ese señor era Elvis y por ende, Elvis vivía en Perú. Pero tal teoría ha tenido que ceder paso a un reciente hallazgo. En realidad Elvis vende bizcochos. Los vende en la av. Washington. Todas las mañanas lo veo y déjenme decirles que este señor es Elvis Presley. Y aunque no esté cantando y haciendo el pasito de Forrest Gump, vende los bizcochos entre los autos con tanta elegancia que siento que todo es una maldita fachada y que en realidad se trata del Rey del Rock n Roll.

Entrenados para ¿encantar?
Quien me lee o me conoce sabe que tengo un serio problema con esa cadena internacional que vende café a precios exorbitantes. Evitaré dar el nombre para que no me demanden (tan de moda en estos días), pero digamos que ya sabes de quien estoy hablando. El miércoles fui a esta cadena internacional que vende café a precios exorbitantes y me atendió un chico que de arranque me sonrió tan efusivamente que pensé que le iba a dar un ataque o iba a sacar un picahielos para usarlo en mi cabeza. Luego vio que llevaba varios libros (no entraban en mi cartera) y me preguntó sin dejar de sonreír: ¿qué estás leyendo?
Esta pregunta me parece tan extraña como cuando alguien me dice: “Oye Menchis, ¿qué música te gusta?”. Es el tipo de pregunta a la que no tengo respuesta porque un día puedo escuchar a un grupo de mejicanos que mezclan ritmos típicos con electrónica y al día siguiente decir que José José es el príncipe de la canción pero en serio y luego bajarme la colección completa de Johnny Cash y así. Es decir, ¿por qué el muchacho de la cadena internacional que vende café a precios exorbitantes quiere saber qué estoy leyendo? Osea, si le respondo que estoy leyendo una investigación sobre los alimentos transgénicos, ¿qué me va a responder?¿que está en contra o a favor o qué y en todo caso, me interesa que comparta su opinión conmigo? NO! Porque no lo conozco, porque me intimidan los desconocidos que sonríen y finalmente porque NO.
¿O qué pasaría si le dijera: “ah, no estoy leyendo nada. Dentro de estos libros tengo porno. Los llevo para encaletar mis revistas”. ¿Qué diría?
¿Qué ganaría él sabiendo qué fuckin estoy leyendo, osea, lo haría más feliz, más sabio, mejor persona, cuidadano comprometido, estrella de rock, en serio, sacaría algo de bueno al saber qué estoy leyendo?
En fin, le dije, ya bastante nerviosa por tanta pregunta y sonrisa: “Bueno, tengo este libro de postres que me han prestado…” y no pude terminar la frase pues el muchacho agregó: “¿postres?? Eres cheff?”. “No, no soy cheff….Ehh, soy periodista” le dije al borde de un ataque suicida. “¿Eres periodista? Y porque no haces una nota sobre nosotros, la cadena internacional que vende café a precios exorbitantes?”. “En realidad ya he escrito algo sobre ustedes”, le dije, pensando en este blog jeje. “¿En serio?” dijo el chico.
Digamos que para este momento yo ya estaba bastante preocupada y a punto de estrellar mi cabeza contra el mostrador para ver si de una vez el muchacho en cuestión se callaba y me entregaban mi café sobrevalorado. Pensé que tal vez el único modo de hacer que este muchacho se callara era haciéndome daño y esparciendo mi sangre por el local.
Finalmente me entregaron mi café y me fui casi corriendo.
Cuando le conté esta historia a mi padre, que es fan de la cadena internacional que vende café a precios exorbitantes, me dijo: “Es que están entrenados para sonreír pues Menchis”. Say no more.

Wednesday, October 01, 2008

Los aviones
1. Una mujer que se refiere a su esposo como "el hijo de puta" realmente lo debe odiar. Pero a muerte. La mujer está sentada detrás de mi y está hablando por teléfono, esperando a que el avión se llene, se prepare a despegar y le prohiban usar su celular. Yo, que estoy aburrida, escucho a la mujer hablar con:
a) su hija.
b) la empleada del hogar.
c) la mejor amiga.
Es precisamente a esta (según mi febril imaginación) a quien le cuenta que su marido, por esas cosas locas que hacen las aerolíneas, ha sido invitado a pasar a Clase Ejecutiva. La mujer está muy enojada porque el marido dijo: "ah chévere". Y se fue directo a Clase Ejecutiva y la dejó a ella en Clase Misia, perdón, Clase Económica. La mujer dice "claro, el hijo de puta está en Ejecutiva y yo aquí". No le veo el rostro a la mujer pero supongo que cuando ha dicho "aquí" se le ha torcido un poco la boca. Yo estoy contenta de viajar, de estar en el avión que me llevará a mi casa y más contenta aún porque el avión está vacío y tengo una fila solita para mí.
Al rato llega el marido de la señora. El hijo de puta, para mayores señas. El hijo de puta se acerca con un wisky en la mano (eso sí me parece bien de hijo de puta, cualquiera trae dos) y se sienta al lado de la mujer a quien llama "amor". "Amor, ¿quieres un poquito?", le dice. La mujer le responde: "Lo que yo quiero es pasarme a clase ejecutiva". El hombre responde: "Anda, pues". La mujer se para, saca su maletincito Louis vuitton (se me hace que bambeado) del compartimento para equipaje de mano y se va derecho a Clase Ejecutiva. La hostess la detiene y le dice: "sí???". La señora quiere colarse como sea a ese paraíso de sillones grandotes llamado Clase Ejecutiva y la hostess, como los vips en las discotecas, no la deja pasar. Qué rara es la gente. Mientras tanto, el hombre se pide el tercer o cuarto wisky, se pone los audífonos y ríe a rabiar
con la mala película que están pasando.

2. En otro avión, en otro momento. Un hombre oriental (no sé si chino, japonés, taiwanés, hongkonés) se ha sentado a mi lado y saca su laptop. La enciende. Veo su teclado lleno de caracteres extraños y maravillosos. Veo su pantalla y como diría la novia chillona de Chandler en Friends: Oh My God! La imagen de su salvapantallas es... es.... es un maldito perro pekinés sentado sobre una bicicleta. Pero no es una foto "artística". Es una foto tomada así a la que chu y supongo que se trata de la mascota del señor oriental que teclea rapidísimo y en la pantalla aparecen estos caracteres que parecen arañas aplastadas entre sí. Creo que le está mandando un correo a su mascota. "Hola Toby", me parece leer.

3. Ahora yo debo ser la hija de puta (mami esto no tiene q ver contigo por sia) pues la hostess me invita a pasar a Clase Ejecutiva. El señor que me atenderá durante el viaje se llama Elmer y me dice con sonrisa congelada que será un placer (¿?) atenderme durante el viaje. El señor me recita el menú del día y me pregunta qué quiero beber. Quisiera beberme un chopp enterito de cusqueña, ¿se podrá? No le revelo mis deseos a Elmer porque seguro se paltea. Elmer camina delicadamente, casi como flotando y va y viene de ese minísculo lugar llamado Clase Ejecutiva. Siento que si se me chorrea un poco de aderezo sobre la ropa Elmer aparecerá de la nada y me limpiará. Elmer me pone nerviosa porque cuando la gente es muy amable me provoca esa sensación. Como diría mi mamita "me da qué hacer".

Monday, September 29, 2008

El gerente se fue de vaca
Qué cosas raras hace la gente cuando está de vacaciones: se toma fotos con desconocidos que nunca más volverá a ver, mantiene larguísimas conversaciones tratando de explicar cómo es el Perú o por qué el cebiche es tan rico o el fenómeno de la cumbia. Tiempo perdido inútilmente. Tiempo que podría disfrutarse bailando, tomando sol o empachándose de comida no tan rica, pero comida gratis y abundante al fin y al cabo.
Ahí están los jubilados con su ropita todita nueva para la ocasión. Si se van a la nieve, tienen el equipo completo para esquiar. Si se van a la selva de excursión, traen el mejor repelente del mundo y los pantalones antimosquitos de la NASA. Si se van a tostar como iguanas bajo el sol, tienen siempre a la mano toallitas refrescantes y bebidas rehidratantes.
Ahí están las alemanas en topless, los ingleses en tanga con la piel tan blanca que se le traslucen las venas y de pronto te acuerdas del pollo crudo que tenías en la refri y sabes que nunca más en tu vida comerás pollo.
Ahí están las gringas y gringos locos, chiquillos en spring break que quieren aprender los ritmos latinos de moda y se mueven como Elaine en Seinfield (en uno de los mejores capítulos de la serie). Verlos bailar no da risa. Paltea.
Ahí están las coreografías grupales, los tours (qué raros son no?), los cambios de moneda y esa sensación de que estás gastando una millonada por unos aretes típicos y las palabras que no se entienden a pesar de pertenecer al mismo idioma.
Qué cosas raras inventa la gente que está de vacaciones. Puedes decir que tienes dos hijos esperándote en casa, que te acabas de divorciar, que huyes de un esposo obsesivo a lo Durmiendo con el Enemigo. Puedes sufrir todo eso junto. Puedes decir también que eres una princesa inca, que tu papá es el zar antidrogas y demás metidas de dedo. Puedes hacer lo que te de la gana y luego, como quien no quiere la cosa, bucear en Youtube hasta encontrar el videito delator de tus vacaciones.

Tuesday, September 16, 2008

Adictos
He tenido un fin de semana tan bonito como hacía tiempo no disfrutaba. Lo mejor es que todo fue gratis. Un amigo nos llamó al mediodía del sábado contándonos, así como quien no quiere la cosa, que tenía 200 botellas de cerveza en su casa pues había habido un tono el viernes y eso era lo que había sobrado. "¿Cómo pueden sobrar 200 botellas de cerveza?", pensé. Luego nos explicó que en realidad, el tono empezó con 700 botellas y que 200 en realidad eran una bicoquita. Ante semejante reto, la Ñanga y yo no pudimos decir que no y nos lanzamos a consumir esa cantidad de alcohol. Obvio, no la acabamos, pero nos hemos divertido tantisimo.
Luego hemos bailado en un tono al que entramos gratis gracias a unas invitaciones muy bonitas.
Y cansados, al llegar a casa, dormimos como vagazos.
Todo tan bonito y sin gastar dinero.
Pero llegó el lunes. Y la Ñanga se fue de viaje. Y tengo mucho trabajo que hacer, pero no lo hago y prefiero dar vueltas (en internet) o escribir cosas como estas en lugar de ponerme a hacer mi trabajo. Siento que debería salir a la calle a pasear, a comerme una torta inmensa de chocolate o simplemente ver más televisión. Creo que tengo una adicción a los gratos momentos y cuando no los vivo, pues me viene como un bajón. ¿O será simplemente que soy una flojonaza de lo peor (pirata surf)?

Tuesday, September 09, 2008

¿Que será?
Empecé la semana con una nueva dieta. Más allá de morirme de hambre, me llama la atención que luego de tomar desayuno me entra una angustia horrible. Siento que algo me aprieta en el pecho (no, no es el sostén... mal chiste) y que algo malo va a suceder. Es por eso que durante mis interminables viajes que me alejan de mi hogar y me llevan hacia mi dulce centro de labores siento que, en serio, me voy a morir o que el auto en el que viajo va a estrellar.
Trato de compensar este malestar escuchando mi interminable ipod que cada día me gusta más, pero igual el corazón sigue latiendo muy rápido y esa horrible sensación no se calma.
La angustia me dura un par de horas. Luego me tranquilizo y vuelvo a ser la Menchis encantadora de siempre.
Me pregunto, ¿será que la dieta me causa angustia, que tengo angustia por no comer todo lo que quisiera o que la angustia estaba esperando que hiciera una dieta para aparecer? Nunca he sufrido de angustia y no pienso dejar la dieta. ¿Y ahora?

Monday, September 08, 2008

Es hora de hacer algo ¿o no?
Propongo hacer algo, lo que sea en contra de todo. Je.
Jamás llegaría al extremo de volar un hospital en pedacitos como lo hizo el Guasón en Batman, pero voy a plantear algunas iniciativas que espero tengan acogida entre mis fieles (pocos, pero fieles) seguidores y amigos:

1. Contra el taxista "no voy por allá"
Propongo que cada vez que detengamos un taxi, de arranque y tras el saludo de rigor (hay que ser educados, siempre) le preguntemos: señor, usted ¿está trabajando ahorita, no?. El taxista tal vez te mire extrañado. Luego le dirás el lugar al que deseas ir y si te dice "ah no voy", tú rapidito nomás contestes: "pucha, sr que penita (decirlo con auténtica pena. para los hombres, el "penita" se puede obviar) yo pensé que usted hacía taxi".

2. Contra "no tengo sencillo"
La próxima vez que alguien te diga "puuucha, no tengo sencillo", simplemente dejas la mercancía adquirida y exiges tu dinero de vuelta. Si estás en "una unidad de transporte público" (siempre quise usar estas palabras pero nunca tuve la oportunidad), te bajas como si nada. Y si estás en taxi, lo mismo, salvo que estés en la Costa Verde y ahí sí mancaste y llorarás como un miserable.

3. Contra "de parte de quién"
Si llamas al celular de alguien y dices: hola ¿pitufino (o cual sea el nombre de tu amigo o persona a quien llamas)? y te responde "¿de parte de quien?", simplemente lo mandas a rodar y lo sacas de tu lista de amigos o conocidos. Esa debe ser la peor respuesta del mundo. Si llamas al celular de alguien es obvio que ese alguien es quien va a contestar o es que todo el mundo tiene secretarios o asistentes por estos días?.

4. Contra quienes te cierran cuando manejas
Dos propuestas: una propia y otra prestada. La propia: bocina de panadero de Acme. Así es. La próxima vez que alguien te cierre, no lo insultes, baja tu ventana, saca tu bocina de panadero de Acme, la cual tiene la fantástica cualidad de crecer hasta alcanzar la oreja del conductor de al lado. Una vez que crezca, la tocas y le revientas el oído por malcriado.
Propuesta prestada: higos. Carga en tu carro uno o dos kilos de higos y a quien te cierre cuando manejas, fuacatán, tírale un higo.

5. Contra los concursos de radio con malos efectos de sonido
Juegos como "sí o no" en los que, cosa rara, está prohibido decir "sí" o "no" deberían desaparecer de la radio. Lo peor es que cada vez que alguien gana o pierde usan unos efectos de sonido espantosos. ¿Qué hacer? Creo que deberíamos identificar a los djs que hacen este tipo de cosas, abordarlos y meterlos a una cabina (tipo cono del silencio del agente 86 pero más grande) y hacerles escuchar todas las estupideces que dicen pero por 3 o 4 horas, sin parar.

Como diría Cirilo en Carrusel: "yo nomás decía". Se aceptan propuestas y sugerencias.

Tuesday, September 02, 2008

Me gusta, no me gusta, me quiere, no me quiere
Pocas cosas me gustan de ser adulto. Como decían ese capítulo de Grey´s Anatomy: "ser adulto, apesta". Bueno, sí un poco, pero también tiene cosas buenas. Me gusta el control casi casi absoluto que tengo de mis horarios. Será porque tengo un trabajo lo suficientemente chévere para no preocuparme de la hora de entrada y salida. Pero sí siento que hago bastante lo que se me da la gana con mi tiempo. De ahí que no sienta culpa por dormir por horas, "almorzar" a las 4 p.m. o hacer una fiestita un lunes así de la nada mientras van cayendo amigos a mi casa, bienvenidos sean.
Me gusta también poder decidir sobre algunos asuntos. Como decidir hacerle un regalo a mis padres porque sí o decidir inscribirme en cursos o talleres simplemente porque me da la gana y siento que la voy a pasar bien.
Me gusta cuando me reuno con mis queridas amigas (L y P) y pareciera que no hubiesen pasado tantos años desde que salimos del colegio. Me gusta que ellas, a pesar de lo cool, inteligentes, divertidas y exitosas que son, no se hayan vuelto unas tías (tías entendiéndose por chicas aburridas).
Me gusta que haya gente que me pregunte cosas porque cree que, por tener unos años más que ellos, puedo saber un poquito (pero solo un poquito) más.
No me gusta cuando tengo que pagar cuentas, hacer trámites y responder a quienes me interrogan sobre cuándo voy a tener hijos. Tampoco me gusta cuando me preguntan sobre el futuro de mis padres, cómo voy a hacer para mantenerlos en el futuro, qué haré con su casa que queda tan lejos y cosas así, si están asegurados o qué pasaría si se enferman.
No me gusta que la gente pretenda que, porque soy adulta (¿soy no?) no pueda desvelarme, hablar estupideces por horas y nada de política o economía, ver dibujos animados, comprarme ropa de colores, una paleta o algodón de dulce.
No me gusta no poder sacarle la lengua a alguien que no me simpatiza porque si lo hago, me dirán "ay pero qué infantil".
No me gusta que me llamen a ofrecerme seguros de vida, tarjetas de créditos y préstamos.
No me gusta cuando la gente empieza a hablar de sus logros profesionales como cuando te cuentan que están estudiando tal cosa, que tienen a cargo a tanta gente, que tienen jet lag de tanto viajar por capacitaciones.
No me gusta cuando voy al bar de siempre y está lleno de chibolos.
No me gusta cuando me dicen "pronto te aburrirás de todo esto".

Monday, August 25, 2008

En serio pues...
- ¿Qué cruza por la cabeza de los chicos que usan pantalones "pitillo", osea apretadito hasta abajo?
- ¿Por qué la gente sigue diciendo "te llamo para vernos ¿ya?" y nunca llaman?
- ¿Los tipos que te gritan sandeces y mañosadas en la calle, lo hacen exactamente para qué. Para que les digas: "uy si papito rico y apretadito, me voy contigo a donde quieras"?
- ¿Esos patas que se mudan de la ciudad y se van a vivir al campo en comunidad y viven de lo que cultivan y dicen que ahora "sí viven a plenitud", de verdad lo disfrutan?
- ¿Hasta cuándo vamos a seguir escuchando (la misma) música de los 80 en las radios?
- ¿Por qué hay gente o mozos que cuando le pides una chela te responden: "¿helada?"?
- ¿Es muy faltoso quedarse dormido mientras unos orgullosos padres te muestran videos de su recién nacido hijo?
- ¿Hay escasez de hombres guapos, interesantes y solteros?
- ¿Los metaleros se toman en serio a si mismos?
- ¿Quién usa pantalón de cuero?
- ¿Es posible comer "de todo un poquito" en un buffet o inevitablemente uno cae rendido al tercer plato?

Sunday, August 24, 2008

Laralá
No sé por qué ni como esta semana he visto dos cosas muy retorcidas en la pantalla de mi televisor (“no toque su televisor”). La primera es una película que parece bastante normal, pero que al final muestra una relación incestuosa entre madre e hijo. Encima, de la vida real.
La segunda cosa horrible que vi es un documental, que, para aumentar el efecto guácala lo vi de madrugada y no me dejó dormir. El documental de marras se llama “No body is perfect” (sí, así separado) y trata básicamente del cuerpo. En realidad, de la relación (un poco retorcida) de determinada gente con su cuerpo. Así vemos desfilar gente que se hace modificaciones corporales (se parten la lengua, se meten bolitas debajo de la piel para parecer…. no sé, en realidad no sé a qué diablos quieren parecerse), gente sadomasoquista, clubes de tortura (seee, hay clubes de tortura), gente que se cuelga ganchos en la espalda como reses y gente que se corta o mutila a si misma porque le gusta.
Soy de la idea que cada quien puede hacer de su cuerpo lo que le de la gana siempre y cuando no dañe a otros o fuerce a otros a hacer algo que no les guste. Pero tal vez lo más fuerte de este documental sea que hay mucha, muchísima gente a la que le gusta hacerse daño. Gente que, a diferencia de muchos, no evita el dolor, sino que lo busca, lo disfruta, lo difunde y es aplaudida por sus sangrientas aficiones.
Lo más curioso del documental es que cuando termina y empiezan a pasar los créditos, ponen esta canción de Rita Pavone. Y si pues, al final la sensación que queda es que a todos estos señores que salen en el video, el mundo y lo que este piense cuando los ve pasar les debe importar bien poquito pues a su modo, son felices.

Monday, August 18, 2008

Quiero ser un rolling stone

Este fin de semana fui a ver el documental Shine a light, dirigido por Scorsese y que registra un concierto de los Rolling Stones en el Beacon Theater (NY). No quiero hablar de las canciones, ni de las imágenes (aunque sean todas de puta madre), sino de la sensación que me dejó y el próximo deseo a cumplir: "Yo quiero ser un rolling stone". No uno, quiero ser los cuatro juntos. Quiero poder bailar sin parar, tocar la batería, ser un poco pastrula y tan cool como Keith y divertirme tanto a los sesentaintantos años (si llegó, claro está). Quiero también conservar a mis amigos de juventud y que no se me mueran en el camino.
Quiero poder treparme a una palmera, caerme y sobrevivir. Hay un momento del documental que me gusta mucho y es cuando Keith mira al público y dice: "Hola... es bueno verlos. En realidad es bueno ver cualquier cosa". Supongo que esa debe ser su manera de darle gracias a la vida.
Me gusta también cuando Ronnie Wood dice que él no se sentía tan buen músico, pero que sobre el escenario, cuando están todos juntos, suenan mejor que veinte.
Me gusta que se sienta, en un documental, la amistad, la buena onda, el desbande, lo cool. Y es que, al final de eso se trata el rock n roll ¿o no?
Y como yapita, pueden ver este simpático video:

Monday, August 11, 2008

Viajes
Hay días en los que me siento una reverenda cojuda. En especial cuando vuelvo de uno de esos viajes. Esos que aparentemente no traerán ninguna sorpresa y terminan dejándote con tantas cosas en la cabeza que parece que vas a explotar o convulsionar como esos niños japoneses que veían demasiados capítulos de Pokemón. Estos son los momentos en los que me sentí así, cojudasa:

1. Santiago el juerguero
Paséabamos alegremente por el valle del Mantaro y en cada parada que hacíamos, nos encontrábamos con una comparsa de alegres muchachonas y muchachones que bailaban al son de distintos ritmos. "Están celebrando a Santiago", nos dijo Freddy el señor taxista. A Santiago Apóstol en realidad, que es una festividad que me da flojera explicar pero que es una de esas mezclas maravillosas que combinan el calendario agrícola con tradiciones ancestrales y de paso recuerda algo de la Conquista. Una mazamorra encantadora que se traduce en un juergón inacabable. Yo pensé que se celebraba en julio, pero parece que la fiesta continúa hasta agosto. "¿Y yo creo que me divierto?", fue la primera pregunta que me hice al ver a estos señores bailar como si el mundo se fuera a acabar en ese momento. Bailando y chupando e invitando a desconocidos (como yo) a unirse al grupo. Bailando por calles empinadas al ritmo de unos músicos igual de zampados y felices que ellos. Abrazos, polleras que te dejan ciego y más borrachos cayéndose por las calles y torres y torres de cajas de chela a su alrededor. Eso sí es una fiesta.
2. De shopping
¿Osea, tú te crees bien bacán por ir a comprar tu televisor LCD y gastar un montón de plata? Anda pues al mercado de Coto Coto y ahí te quiero ver. Es un mercado en el que venden animales. Pero no perritos, gatitos o hámsters oh no. Ahí se venden vacas, toros, ovejas, chanchitos y otras especies. Es un supermercado ganadero al aire libre. En una transacción, así tranqui nomás, vi como una señora se embolsillaba como 3 lucas por una vaquita. Claro, y de ahí ¿como te llevas la vaquita a tu jato? Pues compras tu soguita, y al costado nomás, su alimento fortificado y unos metros más allá ahí está tu taxi carga que no es otra cosa que un camión taxi en el que se meten, un poco a la mala, a los animales para llevarlos a tu jato. Activistas y miembros del PETA, abstenerse por favor.
3. A jugar
Uno que se angustia comprando millones de juguetes o huevadas para críos y sobrinos y creo que la mayoría de veces, a los pequeños les basta con un par de ramitas y un poco de violencia infantil (osea, entre ellos) para divertirse. Dos niñitos, al borde de la carretera y dándose de espigazos (es decir, golpeándose en broma con espigas doradas por el sooool, el racimo que corta el viñadoooor (gracias colegio de monjas). Espigas inofensivas, no se me asusten tampoco) y muriéndose de risa. Los mismos chibolos empiezan a rodar por una lomita y luego siguen con los espigazos. Carajo, qué envidia.
4. Silencio
Yo creo que la mayoría de gente le tiene miedo al silencio. A quedarse callados con los amigos, la pareja o el galancete de turno, como contaba Mia Wallace en Pulp Fiction y toda su teoría del Silencio Incómodo. Este fin de semana gocé de absoluto silencio en las noches. Estaba en un hotel en la punta de un cerro (literalmente) y sin compañía. No tuve pillow talk, ni un carro que pasara de madrugada, ni una risa de la calle. Todo calladito. En la mañana escuché este fascinante diálogo entre dos personas, que también disfrutaron del silencio nocturno:

Individuo A: Oye, ¿aquí no se escucha nada no?
Individuo B: No pues. Si estuvieras en la selva, puro mono nomás se escucharía
Individuo A: ¿Y cómo sabes que son monos?
Individuo B: ¡Qué mas van a ser pues huevón!

Y bueno, un poco que en esos momentos yo me sentía bien tarada. Taradaza por preocuparme por todo y no disfrutar a punta de espigazo o su equivalente citadino. Sonsonaza por creer que ser adulto es andar con el ceño fruncido pagando tarjetas y estados de cuentas. Cojudaza por creer que las chelas de fin de semana realmente alivian. Estupidaza por pensar tantísimo en el futuro en vez de simplemente bailar, dar de saltitos o agarrar a espigazos al mundo.

Thursday, July 17, 2008

Reflexiones de este fin de semana
- "Debe ser una chambasa ser Amy Winehouse. Imagínate, mantener ese estilo de vida, cualquiera no la hace o se muere en el camino". De acuerdo.
- "Quiero estar en la mente de todos. En todos sus recuerdos", dicho por la Ñanga que se ha empeñado en formar parte del imaginario rockeril-artístico indie (¿existe eso?) peruano.
- "Ese es tu problema, Menchis. Te enojas demasiado por cosas que no valen la pena. Deberías simplemente cagarte de risa", dicho por el amigo imaginario amante de los carritos de juguete.
- "El mundo se va a acabar bien sea por el calentamiento global o gracias al Sindicato de Trabajadores que visten como Muñecos de Goma para Ganarse la Vida. Son malos". De acuerdo.

Acabo de cumplir 30 primorosos años. Me alejo de mis queridos 20 para acercarme a los temidos cuarenta. Hace unos días, un amigo me decía que admiraba a aquella gente que celebraba sus cumpleaños con entusiasmo. A mí me encantan. Me vuelvo una tirana (en realidad siempre lo soy, solo que soy tirana sin culpa), hago lo que me da la gana y obligo a quienes me rodean a que cumplan mis caprichos. El de este año será: "Córtenle la cabeza".
Siempre digo que los años no pasan en vano. No pues. No en vano, el cuerpo resiste menos las juergas o lo piensas dos veces antes de hacer algo muy muy estúpido (aunque casi siempre terminamos rindiéndonos a los pies de la estupidez porque la gran mayoría del tiempo, la estupidez resulta maravillosa, bueno, en ciertas personas y circunstancias). No en vano te llaman señora por la calle. No en vano te paseas por la sección de cremas de belleza y no te parece tan descabellado empezar a usar alguna (antiarrugas, antiojeras, antifealdad, antitodo). No en vano, te quedas con tu grupo de amigos de toda la vida y sabes que los vas a querer por siempre porque podrán ser de cualquier modo (a veces hasta moralmente cuestionable), pero están ahí por ti y hasta ponen su cabeza en la guillotina porque es tu deseo de cumpleaños. No en vano empiezas a comprender más a tus padres (y a sentirte un tantito mierda).
Lo que yo siento es que cada vez más hago las cosas que realmente quiero. Que los comentarios de gente que no conozco o no quiero, poco me importan. Que ya estuvo bueno de lo políticamente correcto y que es bueno chanchearse, revolcarse en el barro (como chanchos o hippies de woodstock, tú eliges), rascarse la nariz, bailar sin importar si es martes, viernes o lunes por la madrugada (como la canción), comer sin resentimientos, reírte tanto que te duelan las mandíbulas y amanezcas ronca al día siguiente, comprarte cosas lindas que el resto de gente no entienda, regalarle algo a un amigo porque te de la gana o dejar de renegar. Sí, ya estuvo bueno.

Wednesday, July 09, 2008

Hoy he escuchado a Sui Generis
A Sui Generis lo descubrí tarde, ya bien grandecita, como a los 18 primorosos añitos. Los conocí brutalmente, es decir, de la boca de mis amigos y lo digo literalmente. Es decir, tenía unos amigos que vivieron esa oscura época de la guitarrita. Osea, cantaban (y tocaban la guitarrita). Algunos lo hacían muy mal, otros muy bien y en una de esas cantaditas escuché canciones que pensé debían ser bonitas en sus versiones originales. Felizmente llegué a las versiones originales que eran, claro pe, de Sui Generis. Y me gustaron.
A pesar de que por ratos me parecían demasiado naif, demasiado buena onda y como que algo no me cuadraba del todo. Es decir, ¿esa voz era la de Charly García, provenía del mismo individuo que destruía hoteles (no solo en canciones), que repetía con aguardientosa voz "Say No More", que compuso algo tan extraño como "El Rap de las Hormigas", que protagonizaba escandaletes que fascinaban a la más amarilla de la prensa como aquella vez cuando se lanzó de un piso muy alto de un hotel sosteniendo un vaso de wisky y cayó en una piscina?
Escuchar Sui Generis era un poco como escuchar y conocer al Protocharly García. No sé qué le habrá pasado entre Sui Generis y Say No More y las uñas pintadas y el aspecto terriblemente no saludable (¿insalubre?) pero definitivamente prefiero al insalubre porque la autodestrucción es una de las máximas de este humilde blog.
Pero volviendo a Sui Generis, luego de que mis amigos superaron su etapa de la guitarrita (ya entiendo de donde vino la canción que reza "te voy a dar con la guitarra en la cabeza"), escuché un tiempito más al duo argentino y ahí paré la mano.
Hoy después de tantos años (no tanto tampoco) volví a Sui Generis. Se sintió bonito. No sé si por sus canciones naif que en mañanas grises me vienen bien (aunque me guste el gris limeño), por el protocharly, porque me trajeron de vuelta (a la memoria) a mis amigos guitarreros o porque escuché esa canción tan rara que se llama "mr. jones o pequeña semblanza de una familia tipo" la cual, sospecho, salió de la mente de Charly y que en mi parte favorita dice "mr jones trabajaba y su esposa asesinaba y los chicos correteaban por ahí". No sé.

Tuesday, June 17, 2008

Eso cansa
En estos últimos años hay una palabra que siempre está presente en mis respuestas y justificaciones: "flojera".

Ej. 1:
Persona A: ¿Por qué eres tan reacia a hacer nuevas amistades?
Menchis: Porque me da flojera.

Ej. 2:
Persona B: ¿Casada?
Menchis: Sí
Persona B: ¿Hijos?
Menchis: Cero
Persona B: ¿Para cuándo?
Menchis: No sé
Persona B: ¿Por qué no te animas?
Menchis: Porque me da flojera

Ej. 3:
Persona C: ¿Vamos a chupar?
Menchis: ¿A dónde?
Persona C: A donde siempre
Menchis: Qué flojera

Y no es que sea una flojonaza que me pase todo el día viendo las musarañas (¿alguien sabe si existen? Me encantaría ver una antes de morir). Ahí me ves levantándome de madrugada y en pleno invierno para ir a nadar. Ahí me ves limpiando hacendosamente mi dulce hogar. Ahí me ves organizando música o discos. Osea, flojanaza no soy.
Pero sí me da flojeraza pasar de nuevo por todo. Conocer a una nueva persona y pensar: "ay qué chévere esta chica o pata, quiero que sea mi amiga o amigo". Y volver a pasar por todo ese larguísimo proceso de conocerse, de averiguar sus gustos, de "andaaaa, yo también pienso eso", de "si??? tú también alucinabas con eso?", de "uy no sabía que esa persona no te caía, disculpa", de "te voy a enseñar un lugar mostro", de "tienes que conocer a ..." , de abrirle tu corazón y mente, de enseñarle cosas lindas con la esperanza que las disfrute tanto como tú. Con mis adorados amigos, a los que nunca dejo de ver o escribir, ya no tengo que pasar por todo eso. Los veo, los abrazo y de frente les digo lo que haya que decirles. Si es su santo, ya sé qué puedo regalarles. Si voy de viaje y veo algo que les guste, se los compro porque sé que eso les hará felices. Si están tristes, sé qué frases no puedo decirles. Sé qué películas pueden gustarles y cuáles jamás veríamos juntos. Y todo eso me da una grata sensación de comodidad. Y flojonaza no seré, pero comodona emocional sí.
Ni qué decir de los críos. Dice mi madre que si estoy buscando un momento ideal para tenerlos, pues ese momento nunca llegará. No es que esté esperándolo, estoy más bien tan contenta y cómoda (volvemos a lo mismo) con cómo estoy en este momento que simplemente, qué flojera. Quienes son padres me dicen que eso es egoísmo, que un hijo te cambia la vida, que es maravilloso y miles de cosas más. Respeto sus opiniones, pero por el momento, paso tan a gusto mis domingos frente a la tele que pensar en amanecidas y malas noches por un demandante y pequeño ser, no gracias, paso por el momento. Qué flojera.
Y lo de los rituales de fin de semana, pues también me dan flojera. Me sigue gustando salir, la rica chela heladita y los potentes equipos estereofónicos. Solo que me da flojera hacerlo igual, siempre y en el mismo lugar cada sábado o viernes. Me da flojera ver a los mismos grupos y bailar las mismas canciones. Y prefiero salir un martes, tomarme dos chilcanos y reírme tantísimo (como hace poco sucedió) a ir al mismo sitio que siempre, como cada sábado.

Tuesday, June 03, 2008

¿Ya estuvo bueno no?
O es retro o es vintage y ya me cansé de esa onda "todo tiempo pasado fue mejor". Ya me cansé de los "grupos que suenan a ..." (inserte alguna banda del pasado en estas líneas). De los homenajes. De la ropa con toques ochenteros, noventeros, sesenteros, cincuenteros y demás.
Supongo que en algún momento de la historia del arte (bueno sí, hay varios momentos), las cosas eran 100% originales y siempre me pregunto qué se debe haber sentido ver a los Sex Pistols en vivo y por primera vez. Escuchar esos sonidos tan raros en un local vacío tipo auditorio escolar - según esta película que me gusta tanto 24 hour party people. O escuchar ensayar a Nirvana en el garaje de al lado (claro, si viviera en Gringolandia). O entrar al cine y ver la imagen de un ojo cortado por una navaja muy filuda y quedarme cojudísima. O ser la primera en usar pantalón e ir a estudiar, no sé, a la Católica rodeada de chicos.
Hace algunas semanas, conversaba con la Ñanga sobre este boom de la gastronomía peruana y que hoy hay tantísimos restaurantes en Lima, algunos carasos y otros normales. Él me decía que si va a pagar alguna suma obscena por un plato de comida, él espera que el plato le reviente en la boca, es decir, que los sabores de la preparación sean extraordinarios, que sean totalmente nuevos (volvemos al tema de la originalidad) o distintos y que si vas a pagar 50 lucas por un arroz con pollo rococó lo mínimo que esperas es que sea tan pero tan rico que nunca más en tu vida quieras comer otro arroz con pollo que no sea ese.
Y ni qué decir del cine. ¿No te ha pasado que ves una película y ya sabes qué va a pasar? Lo peor es que uno termina malacostumbrándose. Me pasó cuando vi Luz Silenciosa de Carlos Reygadas. Claro, es una película poco convencional, si por convencional nos referimos a las comedias románticas, indiana jones o harry potter. Durante los primeros minutos de la película no tienes ni idea de lo que está pasando y mucha gente no sabía qué hacer, conversaba, cuchicheaba un tanto preocupada sobre qué diablos estaba pasando en la pantalla y hasta llegó a preguntar si se había malogrado el proyector. Nada. Era simplemente que el inicio de la película muestra un amanecer y obvio-microbio, antes del amanecer, todo es oscuridad.
Cada vez añoro más esa sensación wow!, el desconcierto por algo novedoso, distinto y también esas ganas de ser testigo de algo totalmente maravilloso. La sensación wow! es locaza. Hace algunas semanas ví por primera vez, y van a disculpar lo lorna que va a sonar esto, un I-Touch. Y me sentí un poco como los nativos a los que les enseñan por primera vez un espejo o el hielo. Dije osu, wow, chénguere y el clásico "yo quiero".

Tuesday, May 27, 2008

No pues
Demasiada dosis de realidad para un martes por la mañana.

Chicles, cigarrillos, caramelos
Lugar: la combi que tomo para ir al trabajo
Personajes: tipo 1, tipo 2, tipa 3
Sube un tipo a la combi con toda la pinta de que va a vendernos algo (caramelitos, mentitas, galletas, libretas, lapiceros, lo que sea), se levanta el polo y noto que tiene la clásica bolsita de caramelos (chicles cigarrillos caramelos) debajo del polo, osea, encaletada. Pero oh no, no saca la bolsita pues al toque se baja el polo pues uno de los pasajeros le dice: "Habla Pucho!". Pucho se paltea y noto que está un tanto drogado por la expresión de su rostro. Pucho se acerca a su pata (el que le ha pasado la voz) y le dice así sin que se lo pregunte, que está trabajando en, esteee, ummm ahhh, en el en el en esteeee el hospital del niño! sí, en el hospital del niño, aunque en realidad se va a bajar ahí porque de ahí se va a la arequipa ves?
El amigo le pregunta por la Negra, por Jaime y por su mamá. Pucho responde que todos están bien y que a su hermano no lo ve hace dos años (¿?). Pucho le da su teléfono al pata, se despide y baja casi al vuelo.
"Cha que ese Pucho está bien duro... y encima macheteadaso, ¿viste su cara?", le dice el amigo de Pucho a su amiga que viaja en silencio.
La amiga responde: "Tremendo fumonazo".
Me dio pena Pucho. Osea. Tú subes a vender tus chicles cigarrillos caramelos con tu speech bien preparadito, que te han botado del trabajo o que tu hijito necesita medicinas o que acabas de salir de la cárcel y fuacatón, te encuentras con un amigo de la infancia y encima te pregunta dónde estás trabajando. ¡Pucha Pucho!

"Carne blanca aunque sea de hombre"
Lugar: la misma combi
Personaje: ex presidiario dicen
Sube un tipo medio gordo usando un sobretodo, zapatillas superbrillantes (sí, algunas zapatillas se lustran y brillan) y una camisa amarilla. Dice que acaba de salir de San Jorge hace cinco días nomás, que se comprobó su inocencia y lo liberaron y que ha estado durmiendo en la calle y que una señora lo encontró jateando en el jardín de su casa y le invitó desayuno y le regaló la ropa que trae puesta. Dice que tiene cicatrices en la pierna, en la espalda y en la cara. "Estas cicatrices me las he hecho defendiéndome en la cárcel. No porque me haya mechado, sino para defenderme porque me querían violar. "Carne blanca, aunque sea de hombre", decían los presos y ustedes no saben lo que es ser blanco en la cárcel".
El hombre sigue hablando y yo miro por la ventana. Pasa con sus caramelos y yo sigo pensando en su speech. "Carne blanca aunque sea de hombre" es una frase que retumba en mi cabeza y me acompaña hasta que bajo en la bulliciosa calle. Le doy Play al Ipod y Pearl Jam grita "It´s the evolution baby!" y solo pienso: demasiada realidad para un martes. Y acelero el paso.

Wednesday, May 21, 2008

El taxi yeah yeah
Ya estoy acostumbrada a parar 3, 4, 5 taxis hasta encontrar alguno que quiera llevarme desde el caótico centro de Lima hasta mi hogar. Pero hoy pasó algo tan extraño…
El primer taxi que paré aceptó llevarme por una tarifa sospechosamente económica. Y aunque me han dicho que siempre hay que desconfiar, en especial de tarifas sospechosamente económicas, pues dije: "qué diablos, vamos pe".
Y apenas subí al taxi hice la clásico verificación de datos que me recomendó un amigo:
- ¿tiene sticker de soat?
- ¿tiene estampitas de santitos?
- ¿tiene zapatito colgado del espejo retrovisor?
- ¿tiene stickers mañosos?
- ¿qué radio escucha?

Veamos: no, no, no, no y oh qué bien, está escuchando una de Los Beatles. Cantemos: yellow submarine, yellow submarine lalala. Luego, otra canción de los beatles y otra y otra más, otra noche otra.
Y qué bonito se veía el centro de Lima al ritmo de los grandes éxitos musicales de ayer hoy y siempre (frase de animador de boda. Sí, los hay). Y qué bonito cantar y acordarme de aquella vez que encontré el Album Azul entre los discos de mi apá y lo puse en el tocadiscos (¿te acuerdas o eres demasiado fuckin joven?) con tanto cuidado para no rayarlo y escuchar ¡fuácate! Strawberry Fields Forever a los 9 años y quedarme pegadasa y sentadita al lado del equipo y pensando qué diablos era eso tan bonito que escuchaba por primera vez e imaginarme a mi viejo como un joven pelucón (cuando yo tenía 9 años aún era algo pelucón) y como siempre reirme solita, pero solo que esta vez era chiquita, con ese corte paje tan paja de los 80, con mis overoles de corduroy y con la Abeja Maya a punto de empezar en el canal 4 y dejar que avanzara el capítulo con las aventuras de Maya y Willie hasta terminar de escuchar todito el disco y luego irme corriendo a fastidiar a mis abuelos y perseguirlos con un matamoscas y correr alrededor de la mesa y luego correr hasta el tocadiscos para sacar el LP (¿tampoco sabes que es?) y meterlo con cuidado en su cubierta para que mi apá no se diera cuenta que agarré su disco sin permiso y luego sonreir y reirme solita, como siempre.


Tuesday, May 13, 2008

Hablemos de amor (parte II)
¿Y tú qué quieres? Si nos preguntan a hombres y mujeres cómo debería ser nuestra pareja ideal y obviando lo físico y lo sexual creo que nuestras aspiraciones van más o menos por el mismo camino. ¿Qué queremos pues los seres humanos cuando queremos a alguien (y no para aparearnos necesariamente)?
- Queremos a alguien que nos quiera, así de simple. No importa si leyó los mismos libros que tú, si comparte tus sonsos gustos musicales o cinematográficos o si sabe quién chucha es Foucalt. Claro, tengo un amigo que puede refutar este hecho y decirme que sabía que algo malo había en esa chica que luego se convirtió en su novia y luego ya no cuando le dijo: “Bueno a mí la música hecha después de los 70 no me gusta nada”. Sí, algo malo había en esa chica. Y claro, por ahí también hay algo malo en alguien que te dice que no le gustan Los Simpsons, pero en fin.
- Queremos a alguien con quien nunca nos aburramos. Que podamos estar largos minutos sin decirnos nada y no angustiarnos por el fuckin silencio. Que cuando veamos algo por la calle de lo que vale la pena reírse, lo hagamos sin explicar por qué es tan gracioso. Que podamos salir los dos solos y conversar por horas sin tener que hablar del clima, la política o el gobierno de turno (¿habrá gente que hable de esto sin avergonzarse ni un poquito?)
- Queremos a alguien que nos abrace. Que al verlo o verla sientas paz y que no te falta nada (carajo, a este paso le voy a hacer las letras a Arjona).
- Queremos a alguien que no se haga muchas bolas y que, como los alcohólicos (mal ejemplo Menchis, mal ejemplo) viva un día a la vez.
- Queremos a alguien que siempre nos encuentre guapos o guapas.
- Queremos a alguien que nos sorprenda
con algún detalle o alguna historia, anécdota o vanidad de la vida que te haga sonreír por horas.
- Queremos a alguien que sea tan pero tan chévere que lo quieras presentar a todo el mundo. Como dijo alguna vez mi viejo -sabio mi viejo- “que sea tu mejor carta de presentación”.

Y ahora, digámoslo a coro niños queridos, ¿qué es lo que no queremos?
- No queremos a un huevas tibias ni a una…¿cuál es el equivalente a ser un huevas tibias en femenino?.
- No queremos que dependan de nosotros.
- No queremos frases clichés.

- No queremos a alguien que nos aleje de nuestros amigos o padres (salvo que sean muy pero muy hijos de puta)
- No queremos a alguien que nos convierta en algo que no somos.
- No queremos que nos hagan sufrir.
- No queremos que nos comparen con ex.
- No queremos que le guste Arjona, Ricky Martin o Studio 92.

Sunday, May 11, 2008

Fin de semana
He recuperado:
- El gusto por la música
- Las ganas de escribir

He confirmado:
- Que mi madre es sabia
- Que mi papá adora a mi amá (aunque le cueste admitirlo)
- Que desde chiquita ya estaba mal, osea, loca, osea mal.
- Que aún soy de confiar
- Que puedo pasarla bien con gente nueva

Visité:
- La casa de mis padres
- El baúl de mis recuerdos

Hoy es domingo y a diferencia de la Ñanga a mí no me asalta la angustia o la melancolía cuando pasan las últimas horas domingueras.
Hace algunas horas abrí el baúl de los recuerdos ** y la alergia me mataba. No me dio nostalgia ni tristeza porque confirmé que esos papelitos que se resisten a morir, esas fotos aún sin amarillarse, esas entradas a conciertos tan divertidos, los pasajes hacia ese diciembre tan bonito, los cientos de posavasos de los bares con las mejores borracheras, todo eso soy yo y carajo, qué bien la he pasado.


** Baúl de los recuerdos: Dos cajas (pero que finalmente son una sola) que mi madre guarda en el desván de su casa. Aquí encontramos más o menos la historia de mis últimos 14 años: fotos viejísimas, negativos, cartitas, un casette que guarda una de las conversaciones más hilarantes que he tenido en mi vida, más fotos que confirman que, sí pues maldita sea, el tiempo pasa, cuentitos de hace miles de años, agendas con anotaciones e iniciales tan pastrulas que hoy ya no entiendo (hay un día que dice: sch, nada, casa de todos, ojalá, no sé), posavasos con firmas borrachas, tarjetas de cumpleaños y navidad, cuadernos de la universidad con más cuentos, apuntes, dibujos y sonseras que nada tenían con lo que el profesor decía (y supongo que por eso los he guardado) y la firma de Joaquín Sabina en un papelito.

Tuesday, April 22, 2008

Que tengo manías, que te contagié
Así cantaba Pablito Ruiz a inicios de los 90. ¿No te acuerdas? Cantaba "Manías" y hacía un pasito de baile que provocaba que su peinadito, llamado en ese entonces (tan originalmente) "el corte pablito ruiz" se moviera al compas de tan ridícula canción.
¿A qué viene Pablito Ruiz? A que hoy, estimado lector, hablaremos de las manías, palabra que, según el diccionario de la Real Academia Española, tiene hasta 4 acepciones. La primera y más perturbadora: "especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor". La segunda: "extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada". La tercera: "afecto o deseo desordenado". La cuarta: "ojeriza" ¿?
Nos quedamos con la segunda acepción y pasamos a ennumerar las mías simplemente porque me da la gana:
- Fijarme en esos pequeños detalles de la presentación personal en los que tal vez otros no reparan: ¿la basta de su pantalón es la adecuada?, ¿arrastra la basta y está sucia?, ¿le queda grande la camisa y el corte del hombro no está en el hombro sino más abajo?, ¿la pinza de la blusa no está bien cortada?, ¿el pantalón tiene una mancha de grasa mal disimulada?, ¿los puños de su polo o camisa de manga larga están asquerosos?, ¿cuando se sienta se le abre la blusa? No me importa si la gente se viste bien o mal, con style o con cosas de marca. No me importa. Me importa que estén bien arregladitos, limpiecitos y que la ropa, a su estilo, le quede bonito.
- Ver a una persona e imaginar qué corte y color sería el adecuado para su pelo. Nunca se lo digo, solo me quedo pensando en el tema.
- Cortar la comida en pedacitos antes de comerla, en especial el pan.
- Googlear de todo.
- Borrar los archivos temporales de mi computadora
- De chiquita, dice mi mamá que me encantaba mirarme al espejo hasta que ella me dijo que de tanto hacerlo, un día iba a ver al diablo calato (así me dijo) en el espejo.
- No dejar que ningún pelito de la ceja crezca fuera de lugar. Si lo hace, fuacate, lo saco.
- Cantar cuando estoy aburrida, nerviosa o con ganas de fastidiar a alguien.
- Decir "ponte", "esteee", "eee". Lo siento, no me puedo deshacer de esas muletillas.

Thursday, April 10, 2008

Hablemos de amor (¡oh, sí!) (Parte I)
Digamos que en estos últimos meses, he discutido y conversado bastante del tema (del amor pues, de qué mas). Extrañamente, no he tenido estas conversaciones con la Ñanga porque nos gusta más hablar de los Simpsons o practicar pasos absurdos de baile. Estas charlas han sido con amigos, a veces sobrios, a veces en copas. A veces en esta Lima fea o en ciudades muy muy lejanas. A veces en directo, otras por mail.

1. ¿Qué tan factible es que, siendo soltero y a medida que pasen los años, encuentres a quien (digámoslo sin tapujos ni asco) será el amor de tu vida?
Le decía a unos amiguetes que en el supuesto de que volviera a la soltería, permanecería en ese estado un buen y largo tiempo.
¿Por dolor, depresión o nostalgia por el amor perdido? Nada. Simplemente por flojera. Me daría flojera volver al mundo de las citas, ni siquiera de las citas, sino a todo ese mundo de fantasía, de espera, de llamadas, de mails, de mensajes ocultos, de "estaba pasando por aquí y vine a verte", de indirectas, de ¿me llamas?, de ¿nos vemos hoy?, de "escuché esta canción y me acordé de ti", de "hoy no creo que pueda, pero mañana de hecho".
Me daría aún más flojera por ejemplo, ir a verlo o verla después de trabajar. De conocer a sus amigos, caerles bien u odiarlos. De lonchecitos familiares para que su familia me ame u odie. De ¿no te gustaba el pollo? pucha! y yo que te preparé esta rica comidita.
Un amigo me decía que yo miro todo eso con desdén porque ahora estoy en "otra etapa" (sentí que estaba escuchando al doctor Maestre y eso no es bueno, no no), pero cuando estás en el mundo de fantasía-llamadas-espera-tequieroperono-estabapasandoporaquiyvineaverte lo vives con ilusión y alegría similar a la del findemespagaronya. No creo ah.
Otra amiga me decía en cambio que ella cree que la vida en pareja es una buena mierda pero que le parecen admirables quienes logran mantener una y quererse a pesar del tiempo y sus ataques (del tiempo, no de ella). Me dijo una frase que me pareció genial (es que ella es cool, si quieres te la presento, je): "las relaciones de pareja duraderas son un poco como ver las olimpiadas por televisión. Te parece admirable lo que hacen, pero sabes que definitivamente no vas a llegar a hacerlo".

2. El fenómeno Friends
Mis amigos ya deben saber que yo los quiero muchísimo. Deben saber también que me preocupo por su salud mental y que sueño con que puedan ser felices a su manera y estilo. Hace algunos años desistí de la noble misión de presentar candidatos o candidatas a novio o novia a mis amigos. Soy un auténtico fracaso en esa tarea. Es así que, conforme ha pasado el tiempo, me he conformado con verlos felices, la mayoría de veces, solitos y solitas, sin pareja.
Es así que, por ejemplo, durante un buen tiempo, la Ñanga y yo éramos la única pareja entre su grupo de amigos y en mi grupo. Salvando las distancias éramos algo así como la Mónica y el Chandler de Magdalena. Mientras el resto de amigos, andaba por ahí rebotando en las tierras de la soltería.
Pero, ¿qué pasa cuándo los amigos se emparejan? Nada pues, dirá ud. serio lector. ¿Qué va a pasar? Pasa y mucho. Te presentarán al galán o novia y prentenden que los quieras. Si te encariñas con el galán o novia de tu amiga o amigo y al mes terminan, qué pena porque ese chico o esa chica te caían tan bien (a veces mejor que tu amigo o amiga, je). Si no los quieres nada y duran 20 años juntos, pues no te queda otra que no hacerte muchas bolas y con la sonrisa de oreja a oreja "desearles lo mejor del mundo". (Para mí "lo mejor del mundo" sería: 1. hacer un programa de viaje de esos maravillosos que te dan todo gratis y vives como millonario. 2. ser millonario. 3. tener diseñador de modas, peluquero, maquillador, chef, nutricionista y personal trainer a mi disposición. 4. lanzar rayos mortales con mis ojos. 5. viajar en el tiempo).
Una amiga me decía que no podía pretender que todas las parejas de mis amigos me cayeran bien, que era suficiente con que mis amigos fueran queridos, respetados y felices y sobre todo, que la pareja no los cambiara hasta convertirlos en personas totalmente distintas (y peores) a lo que eran antes. No puedo negarlo. Pero igual me gusta hacerme bolas (y tomar el té con bolas o bubble tea).

Esta historia continuará...

Tuesday, April 08, 2008

Que alguien me explique...
- ¿Desde cuando al pan con chorizo se le dice choripan y a las peliculas "pelas"? A este paso vamos a terminar hablando de sudaderas, emparedados y remeras.

- ¿Qué pretenden los conductores de combi que pegan stickers del tipo "solo suben mamacitas"?

- ¿Qué le pasa a la gente que cuando la llamas por teléfono y dices su nombre te responde: "¿de parte de quién?"?

- ¿Por qué la gente no se da cuenta cuando te cuentan algo que no te interesa y respondes con: ajá, manya!, anda!, oh, mm, sí?

- ¿En qué momento los realities y los mensajes de texto se apoderaron del mundo?

- ¿Qué diablos significa "mi más sentido pésame"? Osea, pésame estas uvas, pero si alguien se muere, ¿qué tiene que ver el peso en todo esto?

- ¿Por qué la gente se cuelga sus memorias usb en el cuello o cargan con su fotocheck en el pecho o colgado del cuello cuando ya salieron del trabajo?

Gracias por sus gentiles respuestas.

Friday, March 07, 2008

Perdonen la nostalgia
Como que algo se hace 'clac' (onomatopeya de algo, lo que sea, que se rompe) o 'brac' o 'crac' cuando algún lugar al que querías mucho por diversas razones, cierra o, peor aún, cambia de rubro. Me explico: había un bar muy bonito, allá por los noventas al que íbamos los jóvenes de ese entonces (todavía jóvenes hoy, pero un poco más maleteados) a disfrutar de la rica chela heladita y oh novedad, mojitos a discreción y si te daba hambre, te empujabas moros y cristianos (arroz con frejoles) o patacones (patacón pisao pisao). Era un barcito cubano encantador (aunque a veces abusara de la trova, para mi gusto) y en el que, cosa rara en esos días y hoy más común que el sánguche triple (¿?), la gente escribía en las paredes lo que le daba la gana. El barcito fue escenario de conversas, citas y oh si oh oh la primera cita con mi hoy señor esposo, el señor Ñanga o La Ñanga, a secas nomás. El barcito sin embargo mutó en un antro para oficinistas con canciones tipo La Mega o peor aún La Eñe, con chela en jarra (mm, no me convence, ni en los matrimonios ni en los tonos. La chela debe ser personal, en chopp y heladísima. Dios soy una experta en chela, qué pensarán mis padres, neee ya me conocen) y deplorables, muy deplorables espectáculos que se hacían más tristes al ser protagonizados por oficinistas que, hasta hace unas horas, supongo, deben haber sido las personas más correctas y educadas del mundo.
Otra decepción, esta vez a edad más temprana, pero siempre sobre el mismo tema, me tocó vivir cuando cerraron un antrito barranquino que llevaba el pastrulo nombre de Séptimo Planeta. Para los amigos era simplemente El Séptimo y para los caseritos, El Pésimo. Lo cerraron porque supongo que violaba cada norma de seguridad y buenas costumbres y qué pena pues, pero igual qué bien porque aunque le tenía cariño, era un refugio de jóvenes y encantadores pastrulos universitarios. Nunca olvidaré a la chica vomitando en el lavatorio del baño y acto seguido, metiéndose curiosas pastillas de colores (¿serían desenfriolitos?, je).
Y aunque me haya quejado una y otra vez de ese antrito miraflorino llamado El Oso, debo admitir que pasé muy buenos sábados ahí, sin olvidar aquel inolvidable Halloween con Mujer Maravilla, Novia Cadaver y otras rarezas. Lo cerraron y mejor, porque ya había perdido la gracia.
O será que, inevitablemente, ¿nos estamos haciendo viejos? O será que hoy me he puesto nostálgica o como dice Rafaella Carrá ¿será que ya es primavera?

Wednesday, February 27, 2008

Je, las películas
No recuerdo con exactitud la primera película que ví en el cine. Creo, no estoy segura, que fue una de Disney, tal vez Fantasía que me dio tantísimo miedo. Lo que sí sé y puedo dar fe es que, como a muchos, el cine nos ha vendido tal cantidad de escenas e ideas que uno termina (tontos, tontos), creyéndoselas como ciertas o, en todo caso, acostumbrándose a estas.


Me ha metido en la cabeza que bailar en la calle no está mal (por culpa de los musicales). Justo de esto hablaba el otro día con una amiga. Ella me decía que no le gustaban los musicales porque no eran lógicos. Es decir, un no ve a gente bailando en la calle (aunque sería 'chénguere', en especial griferos, vendedores ambulantes y policías) y que si ya pues, estás en éxtasis (de felicidad, no la droga), a lo mucho, lo que haces es cantar (lalala), pero ¿bailar? Yo he bailado la conga alguna vez en la calle, de purita felicidad. Claro, con bailarines que me secundaron. Igual me parece válido que la gente baile en la calle. Y espero con ansias que un día llueva a mares en Lima para poder hacer la de Singing (and dancing) in the rain.



Me ha vendido la idea que un gran amor no es tal si no hay escena romántica en el aeropuerto. Entendiéndose como tal a uno de los protagonistas persiguiendo al otro que está por subir al avión. A lo mucho, yo he vivido la angustia (en pareja) de casi perder un avión, de hacer escalas horribles o quedarme varada. Eso no es romántico pero debería hacerse una película, romántica ¡obvio! al respecto. Así la próxima vez que estemos aburridazos en un aeropuerto en vez de quejarnos suspiraremos y diremos a la par: pero qué romántico.
Me ha vendido la idea que los días transcurren mejor con un soundtrack personal. Que ir por el mundo con audífonos y ipod (o cdplayer o walkman o mp3) le da otra dimensión a las cosas. Es como protagonizar tu propio videoclip. Esa idea me gusta y sí, ¡te la compro! (te compro tu noviaaa).


Me ha vendido frases geniales y muy tontas que no me canso de repetir: "es bueno ser rey" (la loca historia del mundo), "la primera regla del club es no hablar del club" (the fight club), "cayeron las moscas" (pulp fiction, en la tienda con los neonazis gays), "elige una vida" (trainspotting, al inicio y al final), "hagamos un top 5" (high fidelity, todo el tiempo), "hoy es un buen día para morir" (esta es de una película que empieza con christian slater jovencito. No me acuerdo el nombre, pero es la primera frase de la película) , "que empiece la diversión" (trainspotting, uno de los personajes arroja un vaso de chopp a la gente en un bar esperando bronca), "aalex, aalex", "maan in the moon" (ambas de la naranja mecánica), "redrum redrum", "here is johnnie" (el resplandor), "mejor tráeme una cubeta" (el sentido de la vida de monty phyton), "idiot", "sweet" (napoleon dynamite), "¡Teniente Dan!" (forrest gump).

Me ha vendido ideas interesantes para reproducir, a falta de imaginación, en la vida real: casarse en una mesa larga en el campo como la mafia italiana; correr en el Louvre; caminar con una espada de samurai colgada en la espalda; jugar a las luchas en cámara lenta; mecharse en un bar pero de manera espectacular; envenenar palomas; sentarse a ver el puente de Brooklin; clavarle el tenedor a unos bollitos y hacerlos bailar y otras más que espero recordar en un próximo post. Algunas yala, otras están por cumplirse.


Me ha querido vender la idea que Estados Unidos de Norteamérica salvará al mundo de monstruos, ataques nucleares y hasta del fin del mundo. Esta idea felizmente no la he comprado y siempre que puedo, la pateo, la escupo y la aborrezco.

Saturday, February 16, 2008

Me gustas tú
Cuzco me gusta porque aquí conocí a La Ñanga, porque pasé la Navidad más rara y simpática de los últimos años, porque jugué un mes entero a vivir como grande (con algunos tropezones), porque se venden los choclitos más ricos del mundo, porque el tiempo transcurre en otra frecuencia, porque su cielo siempre es condenadamente azul, porque el primer día que llegas y te falta un poco el aire, te sientes como drogada.
De Cuzco no me gustan los locales decorados artificialmente con piedras y manteles con motivos andinos que no se lavan hace años. No me gusta cuando la gente me dice "págueme su voluntad nomás". No me gustan los gringos que gritan "Gringou locou" o que usan sus polos con la imagen del Che Guevara. No me gusta cuando me sirven un plato mal cocinado, reclamas y te dicen "pero así es". Me molesta cuando tratan de adivinar tu nacionalidad y si dices "peruano" te tratan diferente (osea mal).
Me da risa que aún se mantenga el bricherismo en la Plaza de Armas al caer la tarde. Hasta me conmueve un poquito y me recuerda cuando a una amiga, un tipo se ofreció a hacerle una pedicure porque "le gustaban sus pies" (los cuales no podía ver porque mi amiga usaba zapatillas).
Me alegra que haya cada vez más locales nuevos, con mejor servicio y con comida deliciosa. Me alegra que haya turismo con consciencia social y que al mismo tiempo que te diviertes y conoces, ayudes a otras personas.
Me sorprende que haya tantas personas ofreciéndote masajes, limpiezas faciales y manicures.
Desde Cuzco informó para ustedes, Menchis, reportera del aire y por favor "tengan la amabilidad de ser felices".

Friday, February 01, 2008

Seguramente me odiarás después de leer esto
Nunca mejor dicho aquello de no mires la paja en el ojo ajeno. Siempre le digo a un amigo que él en realidad no trabaja, que huevea todo el día y busca cosas raras y graciosas en internet. Él me dice que si tanto nos maileamos (aj el spanglish tecnológico) enviándonos links mutuamente sobre pastruladas en la red, eso quiere decir que yo tampoco trabajo. Nada más falso (¿o sí?).
Los mails que nos mandamos también contienen top 5 (osea listas top pe, todo te tengo que explicar) sobre varios temas. El último top fue "Cosas que me molestan" y salió tan pero tan largo (osea ya no era un top 5) que tengo que postearlo y compartirlo contigo fiel lector. Ahí va. Ah y no vale picarse.
- La gente que se saca los zapatos debajo de la mesa, en especial si es en un restaurante o en una reunión de trabajo. Esto lo he heredado de mi viejo pues él también odia dicha costumbre. Pero él es más radical en su odio, pues pateaba los zapatos y luego se reía cuando la gente solapa y desesperada trataba de encontrar sus tabas.
- Los baby showers y showers para novias. Y cualquier shower que no sea ducha.
- Las mujeres q no se afeitan las axilas.
- Las mujeres q no se retocan las raíces del pelo.
- Los bebes que babean.
- El pancito en los restaurantes. Siempre llena y luego no puedes comer lo más rico.
- Que cobren "cubierto" en los restaurantes.
- Cuando la chela no está heladísima.
- La gente que dice "yo no fumo ni tomo".
- La frase "se te está pasando el tren".
- La gente que sorbe la sopa o los tallarines (salvo que esté ebria. A los ebrios todito se los perdono)
- Las campañas de lactancia materna.
- La gorda de mi clase de natación que me dice "¡No pares!" y me obliga a ser rapidísima.
- Los bautizos.
- La gente que no sabe nada de nada, pero nada eh.
- La gente que todo el tiempo está aburrida. Cuando yo estaba aburrida y le decía a mi abuela: "Mamá Lola, estoy aburrida", mi dulce abuelita contestaba: "¡Serás burro para estar aburrida!". - La gente que cuando la invitas a algún lugar o fiesta dice "¿y quiénes van a ir?"
- Los niños y bebes en los aviones.
- Los niños que le pegan a su mamá.
- Los padres de familia que ponen al bebe en el volante (a lo Britney).
- Que me pregunten mi nombre varias veces. Es decir: "Hola, soy Menchis". Cinco minutos después: "¿Cómo me dijiste q te llamabas?". "Menchis", respondo. Diez minutos después: "¿Cómo era tu nombre?"
- Los que dicen "enenantes".
- Los que tratan a los niños como tarados, esto incluye ciertos espectáculos teatrales, obras literarias y las animadoras de fiestas infantiles.
- Los padres primerizos que te dicen que su hija sí, es lo más inteligente que se haya creado sobre la tierra.
- La gente a la que tienes que explicarle los chistes (¿o será q mis chistes son malos?).
- Cuando la grasa no sale de mi repostero.
- Las botellas de plástico y basura en general en la playa.
- Las mamás que hacen orinar a sus hijos chiquititos en la calle. Luego se quejan por qué hay tanto meón en la calle.
- La comida muy muy cara.
- Que cada vez haya mas huevonazos que publiquen sus libros.
- Las viejas de mi clase de pilates que se estiran más que yo.
- Las flacas regias que dicen "estoy gordaaa".
- Las vendedoras que tratan de adivinar tu talla y no la chuntan y te dicen que eres una talla más de la que usas.
- Estar mal de la garganta en verano y no poder tomar la rica chela heladita-
- Cuando haces notar algo muy muy gracioso y te dicen "no entiendo": No entiendo porque es gracioso ese letrero, no entiendo por qué te ríes con ese muñeco de Barney que baila en un chifa, no entiendo por qué consideras que Melcochita es genial. No entiendo por qué Melcochita dice "no vayaaan aaay".
- Los que dicen "ay q fuerte el pisco" y se toman 8 shots de tequila.
- Desconocidos que te saquen a bailar y pretenden que bailes pegadito o "hasta el suelo, hasta el suelo!!"
- Quienes hablan todo en diminutivo
- Las rifas
- Los taxistas que te preguntan: "¿Y usted cuánto paga hasta allá?". Y si le digo "¿un sol"?

Y me aturde:
- Las mujeres muy exuberantes.
- Los chicos muy guapos.
- Los enanos.
- Los perros que, de buenas a primeras, te huelen el poto.
- Las zapatillas con plataformas.
- Las personas con permanente u ondulación. (Salvo que seas Beyoncé y todo te queda)
- Las mujeres con uñas muy largas.
- Las chicas grandecitas que usan agendas de Hello Kitty.
- La pucca (el personaje animado)
- Mis vecinos del piso de arriba que tiran todo el tiempo
- Cuando escucho a gente tirar

Thursday, January 24, 2008

Caballero, nomás
La ley de Murphy dice que si algo malo tiene que pasar, va a pasar. Y sí pues. Yo tengo mis propias leyes que, como soy buena, compartiré con usted, estimado lector:

1. El dinero y las compras
Cada vez que ves algo lindo (vestidito, zapatos o hasta algún objeto de decoración) no tienes dinero para comprártelo. Cuando lo tienes, eso que viste, ya desapareció o, simplemente, no encuentras nada que valga la pena.

2. El verano y el trabajo
Cuando tienes que trabajar, sale el sol, bello, radiante. Cuando decides ir a la playa, el día está nublado. ¡Por la Sarita!

3. La maldita tecnología
Ves algún aparatejo tecnológico que te gusta, te seduce, te fascina como dice Guillermo Dávila. Ahorras un dinerillo para comprarlo. Cuando lo puedes comprar, ves que ha salido algo muchísimo mejor y claro, más caro. Lo mismo sucede, cuando te lo logras comprar.

4. Menchis y los grandes almacenes
No me gusta comprar en las tiendas como Saga y Ripley salvo que sea estrictamente necesario. Pero cuando lo hago y digo: "vamos, démosle una oportunidad a los grandes almacenes", resulta que alguna compañerita de trabajo tuvo la misma idea y vamos a trabajar con el mismo modelito, el mismo color, el mismo día. Como diría Jorge Benavides cuando imita a Jorgito del Castillo: "yeeeee!" (con salto de alegría por favor).

5. El imán del compromiso
Ni bien te comprometes y pasas a convertirte en una chica con pareja fija, aparecen esos galanes de antaño por los que babeabas. Y aparecen con intenciones de lo más raras.

6. Menchis y el transporte
Cuando decido usar transporte público para largos trechos, este (el transporte pe) me juega malas pasadas. Siempre. O me topo con una huelga o el micro se malogra.

7. Low battery
Justo cuando pienso: "ah, necesito inspiración, voy a escuchar música para trabajar mejor", el ipod se queda sin baterías. Lo mismo me ha pasado en los viajes.

8. Los trapos una vez más
Cuando decido ir a una reunión o fiesta de lo más arregladita, esmerarme, ponerme mis taquitos, pintarme y ¡oh si! hasta peinarme, resulta que los demás asistentes se van sport o hasta las patas. También se aplica al revés (yo sport, el resto elegante). Creo que necesito ayuda de mi querida Patty, mi querida amiga experta en protocolo y buenas costumbres.

Tuesday, January 22, 2008

Un lento
¿No te pasa que hay cosas que las ves en cámara lenta? Como esa cachetada que va a aterrizar en tu rostro o la primera vez que viste al chico o chica que terminó convirtiéndose en el gran amor de tu vida (uy que cliché me salió esto). También cuando ves correr a un chico guapísimo (eso me pasó el otro día) o a una chica tipo Baywatch. No en vano, los productores de aquella serie usaban ese recurso hasta el cansancio, pero bien que nos gustaba. Ayer domingo estaba metiendo algunas cosas a la maletera, bien aceleradita yo, y en eso, mi piecito se resbaló y sentía como me iba cayendo leeentamente (como la salsita a la huancaína que cae sobre la papa). Lo peor es que llevaba una botella de vino en la mano, así que mientras me caía (el instante pareció eterno) pensaba: esto va a resultar en una embarradera y cortadera. Y seguía cayéndome y no había cuando aterrizar en el piso. De pronto, me agarré de algo (no sé de qué) y me quedé como colgando en una posición ridículamente tonta, y por lo tanto, graciosa.
- Qué fueee?, me dijo la Ñanga que me encontró doblada en 22.
- Nada, casi me caigo.
Y seguí mi camino.
Y como siempre, yo creo que las cosas no pasan en vano, pues siempre me permiten dar pie a hueveras reflexiones (osea, pensamientos que no van a ninguna parte, no es que me ponga a filosofar sobre las hueveras, aunque debería). Me puse a pensar que sería maravilloso que las personas tuvieramos esa capacidad de dividir un instante en pedacitos y disfrutarlo. Como cuando comes algo rico y lo partes en pedacitos para comer de a poquitos y que nunca se acabe (manía que ciertas personas odian, pero yo encuentro adorable). Como cuando dices: "¿quéee? ¿ya son las 4 am? ¡Nooo!, ¿pero como se pasó el tiempo?". Como cuando sientes que ESE es el momento, que no podrías sentirte ni más contento, ni más pleno, ni más satisfocha-con-tus morochas-ocho-cocho-pocho.
Sonseras nomás escribes ¿no?

Thursday, January 17, 2008

Es bueno ser rey


Mel Brooks tiene esta película tan graciosa y boba que se llama "La Loca Loca Loca Historia del Mundo" (History of the World part 1... hasta ahorita estoy esperando la parte 2, je) de la que surgen diálogos memorablemente absurdos, pero muy útiles para distintas situaciones. Para aquellos que no han visto dicho film, este trata, obvio, sobre la historia del mundo. Desde el hombre de las cavernas hasta la Revolución Francesa. Por partes muy vulgar, por otras graciosa y en otras, si pues, nadie es perfecto, demasiado tonta. Me gusta cuando muestran la Revolución Francesa y vemos el lujoso y decadente estilo de vida de los reyes de ese entonces. El rey hacía lo que le daba la gana, desde jugar ajedrez con personas hasta tirarse a todo aquello que se moviera. Estos actos los terminaba con la frase: "es bueno ser rey".
¿Y a qué viene todo esto? Pues a que esta humilde señora tuvo la oportunidad de, por nueve largos días, sentirse reina. ¿La razón? Una invitación (osea, no pagué nada de nada, lero lero) para viajar en un crucero de lujo por el Atlántico, partiendo de Buenos Aires y desembarcando en Punta Arenas, Chile.

Vida de reina
Sin despertador.
Aunque puedes levantarte a la hora que te venga en gana, lo ideal es hacerlo temprano, pues existen horarios de desayuno, almuerzo y cena. Y, como es bueno ser reina, si se te pasan los horarios, te llevan la comida a tu cuarto, pero esto no es muy recomendable porque entras en un círculo vicioso de decadencia y de pronto tu cuarto parece el de un rock star.
No mueves un dedito. Te levantas, te bañas y a diferencia del común de los mortales, sales de tu cuarto a pasear. No limpias, sacudes ni barres. No lavas, no cocinas, no te vas al paradero a buscar tu combi. Al regresar de tu caminata o hueveo matutino, encontrarás tu cuarto ordenadito y limpísimo.
Comer hasta morir. Adonde vayas (son siete pisos en este crucero de pura elegancia) siempre habrá alguien ofreciéndote algo de comer o tomar. Si vas a la piscina, el barman (que sospecho es el doble de Wong Kar Wai) te ofrecerá exóticos brebajes. Si vas a uno de los lounges, se te acercarán a darte bocaditos y claro, más bebidas o si quieres, tecito de cualquier lugar del mundo, pastelitos o lo que se te antoje. ¿Tiene langosta? Claro, señora, de inmediato. Si vas a ver una película (sí, aquí hay cine), te dan lo que quieras. ¿Pollo a la brasa? Lo siento, señora, eso no hay.
Hasta reventar.
Cuentan con una biblioteca y videoteca (o dividiteca). Escoges las películas o series que gustes y las ves. Hasta ahora he visto: la trilogía de Volver al Futuro, una película romántica con Barbra Straisand, muchas películas de la Pantera Rosa y Perros del Depósito.
Como si no fuera suficiente. No sé cómo te puedes estresar en un lugar así, pero debe haber gente que sufra, de lo contrario no me explico cómo puede haber un spa y salón de belleza. Masajes, faciales, manicures, pedicures y hasta tratamientos contra la celulitis.
Sí pues, es bueno ser reina.

Friday, January 04, 2008

Bienvenidos
Pasada la resaca y la euforia del nuevo año, ¿qué queda decir? Por favor, ya no más "próspero y venturoso 2008". La última noche del 2007 jugábamos a hacer rankings a lo High Fidelity sobre momentos tops de nuestras vidas. Obvio que vino el top de los mejores 5 año nuevos que nos ha tocado vivir. Los míos incluían uno muy bueno de cuando tenía como 7 años o menos y mis viejos se fueron a algún tono y me dejaron con mis primos: los primos pirañas (achoradazos eran). A mí me gustaba pasar tiempo con ellos (pero no mucho porque a veces daban miedo) porque aprendía mucho (por ejemplo, cómo evitar que te quiten tu comida o jugar a las luchas en un espacio reducido) y eran divertidos. La noche del 31 pusimos Viva el Sábado o algo así, un programa de musicales y nos dedicamos a bailar cada una de las canciones que pasaban. Recuerdo con cariño "La chica de Chicago" pues le hicimos una coreografía y cantábamos con nuestras dulces e infantiles voces: "de Chicago la más hermosa" . También bailamos "La noche" de Joe Arroyo e imitábamos su voz. Claro, a la una y algo de la mañana ya estábamos todos bien dormiditos, pero la pasé bomba.
Y claro, el primer puesto del ranking se los robé a todos porque ganó el año nuevo del 99, en Cusco, con la querida Sol y el que ahora es mi esposo (suspiros de la audiencia). Aunque tuvo poco de romántico ya que hubo broncas, golpes, puertas que casi se rompen y un poco de lágrimas. Igual, el mejor.
¿Y el peor? Sin duda aquel en el que viajé hasta Trujillo porque me dijeron las ilusas con las que viajé que "Huanchaco era la voz". Viajamos todos esos kilometros que separan Lima de la Ciudad de la Eterna Primavera (si güey) y aunque pude quedarme en la siempre linda y confortable casa de mis tíos, tuve que quedarme con estas muchachitas en otro sitio que no era lindo ni confortable. Llegado el 31, fuimos a Huanchaco para descubrir que era una larga calle, con playa al frente y muchos borrachos pasándola super. "Bueno, parece que está en algo", pensé. A lo que las muchachitas respondieron: "Ay no, qué fea vaina". Y yo, que debo haber pasado por la etapa más tarada de mi vida, respondí: "¿entonces qué hacemos?" (debí decir: "no me jodas"). La respuesta fue: "vamos a la casa pues".
Y les hice caso.
Y nos fuimos a "la casa".
Y pedimos pollo a la brasa (sin ají porque una de las muchachitas sufría de gastritis o creía tenerla)
Y comimos el pollo
Sin música
Ni baile
Ni una conversación graciosa
Solo nosotras y el pollo (que no era Pios Chicken)
Feliz año, me dijeron y brindamos con Triple Kola o algún simil de la época.
Feliz año, malditas