Wednesday, January 17, 2007

Secretos de familia
Hace años que no veía telenovelas. Las sit-coms las desplazaron de mi rutina y me volví fanática de ellas. He visto, casi, de todo: la retorcidaza Nip Tuck, la girly Gilmore Girls o Friends (las primeras temporadas siempre fueron las mejores), las que parecen películas como Carnivale, las romanticonas tipo Mad about you, la ácida Six Feet Under, la pseudointelectual (con sus referencias a Freud y todo eso) Frasier y bueno, también he tenido mis deslices (me pongo roja) y he visto Dawson Creek´s (hoy la considero vomitiva) y por supuesto Beverly Hills 90210 (acéptenlo, todos hemos pasado por la fase Beverly Hills).
En fin. Hace un par de semanas empecé a ver una telenovela brasileña. Se llama Señora del Destino y en realidad estoy pegada a ella principalmente porque hay un par de actores que están fuertotes. El slogan de la telenovela es "toda familia tiene una historia que contar". Nada más cierto que eso.
Durante esas conversaciones familiares que ocasionalmente tengo (cuando visito a mis padres y me chanto en su jato tres o dos días), me entero de cada cosa que me hacen pensar, seriamente, en la posibilidad de crear mi propia telenovela, algo así como "Señora Menchis" o "Menchis del destino". Claro, porque mi familia también tiene una historia que contar.
Así, me enteré de algunas perlas familiares (y esto es solo del lado de mi papá, todavía me falta investigar el de mi madre que es más alucinante aún porque tiene elementos tipo Macondo y eso, ah una maravilla):
- Mi abuelo fue un miloficios de joven. Y entre sus múltiples oficios tuvo el de barman. (¿De ahí vendrá mi solapado alcoholismo?)Hoy tiene 99 años y aún recuerda las recetas de Capitán y Pisco Sour.
- Mi abuela vivió con monjas y sabía hacer hostias.
- Mi abuela tenía una hermana de la que fue separada. Cuando eran chiquitas, murió su mamá (osea, mi bisabuela) y cada quien fue enviada a un convento distinto para que fueran criadas por monjas. Nunca más supo de su hermana. (Díganme si acá no hay un argumento de melodrama, por favor!!)
- Mi tía Angelita salía en la tele durante los años 70. Ella daba recetas de cómo preparar anchoveta de mil maneras (Gastón es un chancay al lado de mi tía Angelita)
- Mi tía Angelita hacía teatro experimental durante esos lisérgicos años.
- Mi tía Lidia viajó a San Francisco (EE.UU) durante el verano del amor, allá por los sesentas.
- Mi viejo trabajó en una fábrica de harina de pescado cuando era joven (yiaks!).
- Mi abuela se ganó una máquina de coser gracias a Trampolín a la Fama ("¡Vámonos con Faucett"!)
- Mi viejo pasó una noche en la comisaría por pintar paredes en los setentas (qué monseee)
- Un policía detuvo a mis viejos en la carretera por "conducta inmoral" (viejos calentones)
- Al parecer tengo un tío que toca música folklórica.
- Dos primas fueron enviadas de Brasil (donde vivían) a Perú cuando tenían dos años o algo así. Viajaron solitas y sin miedo.
- Tengo una tía que críaba abejas en Brasil.
- Mis viejos se casaron cuando yo era bien grandecita. Lo hicieron en realidad para que yo pudiera entrar al colegio de monjas.
- Mi viejo fumó marihuana una única vez en su vida. Justo antes de un examen final de la universidad. Obviamente, reprobó.
- Y quizá la mejor anécdota fue aquella referida a la maldición que nos lanzó un cura. Resulta que hace muchísimos años, mi bisabuelo se peleó con un cura allá en su pueblo (en Ancash). Mi bisabuelo, al parecer, estaba un poco loco y botó al cura del pueblo, lo montó en un burro y le dijo: ¡Lárgate!. El cura en venganza le respondió: "Te maldigo a tí y a hasta tu cuarta generación". Así que, señores, estoy maldita. Yeee.

Monday, January 15, 2007

Lunes otra vez
Hoy me quedé dos horas pegada a la cama por simple flojera. Algunos estudiosos podrían decir que es el inicio de una depresión. Me levanté, prendí la tele y las noticias daban cuenta de un paro de transportes. Mucha realidad, muy temprano. Sabía que debía levantarme, bañarme e ir a trabajar y lo único que hacía era decir: "Carajo, es lunes!".
Mi novio, mientras tanto, exhibía un buen humor envidiable. Se paró de cabeza sobre la cama y se reía. Yo, envidiosita, le dije: "Esa camisa que te has puesto está arrugada". Él se rió, trato de estirarla e intentó pararse otra vez de cabeza sobre la cama. Se despidió y se fue a la chamba. Ya había pasado una hora y yo seguía sin levantarme, con piyama y, lo admito, un poquito de malhumor.
Prolongué, todo lo que pude, mis rituales (ducha, sesión de cremas, preparación de desayuno) y decidí que era hora de cambiar la ropa de cama, reparar una puerta del armario y, por qué no, pintar las paredes del cuarto. Cogí la caja de herramientas y reparé la puerta. Ordené la ropa, fui a la lavandería, al banco, pero nada de ir a trabajar. Luego recordé que tenía una reunión a las once y claro, obvio, qué raro, me entró la neura: No voy a llegar a tiempo, no tengo qué ponerme, me van a botar, soy una irresponsable, mañana me levanto a las cinco de la mañana, etc.
Llegué a tiempo y un poquito agitada.
Ya es mediodía y pienso qué haré al salir del trabajo. ¿Acaso mi lado "soy la ama de casa perfecta" está tomando mi lado "qué chica responsable esta menchis"? ¿O debería ingerir más mate de coca? ¿o debería buscar un trabajo que haga que, cada mañana, me levante de la cama como un resorte, feliz, contenta de ir a mi centro de labores (je, que feo suena esto)? ¿Existe realmente un trabajo así, que me haga feliz? Mi viejo dice que sí, que él se divierte en su trabajo. Bien por él.

Thursday, January 11, 2007



A ver cuánto te dura
A once días de iniciado el año, veamos pues cuánto te dura le emoción y si logras al menos la tercera parte de tus megaobjetivos. Yo, que pienso en chiquito nomás, me he trazado una sola meta: no hablar mal de los demás. Obvio que al día siguiente de Año Nuevo, ya estaba rajando con ganas (que si la conga, que si los "cuetes", que sí, que no), mientras mi novio movia la cabeza haciendo ese gesto tan característico, ese gesto que dice: "ay chiquia, ay chiquia, no cambias". Acto seguido, el muchacho me leyó mi horóscopo (que gay suena esto) que decía: "tienes que ser más crítico contigo mismo y menos con los demás". No mi amor, así no juega Perú. "Oye, pero ese horóscopo lo hacen un montón de pastrulos", le dije piconasa. "Sí, claro", me respondió y se fue saltando (él se va saltando a veces o dando pasitos de baile, por eso nunca me aburro).
¿Y ahora qué voy a hacer si no puedo rajar de nadie?
- Podría dedicar más tiempo a mi querido hogar. No sé, volverme hacendosita (sí, un poquito más) y tener la casa siempre lista (¿lista para qué? no sé, ¿para tomarle foto?)
- Podría meterme a estudiar manualidades. (pero seguro rajaría del trabajo de los demás)
- Podría dedicarme a ver películas a lo loco, tipo festival de cine y salir con los ojos rojísimos. (¿y no podría rajar de las peliculas?)
- O simplemente podría mandar a todos al cacho y seguir con lo mío.

Pero, dime cómo hago para no rajar cuando:

- Veo a un tipo en la oficina haciendo algo así como un 'stand up comedy', mientras todo el resto de compañeros sigue en lo suyo y ni siquiera lo mira.

- Escucho que alguien dice: "¿mandastesss?"

- Veo Top Chef (??)

- Tengo un adorno galleta (sí, un adornogalleta) en mi escritorio.

Ahh. mátenme por favor!