Thursday, December 07, 2006


No quiero ser Julio Iglesias

Hoy escuché una canción de Julio Iglesias que dice así: "Ser bohemio, poeta y ser golfo me va. Soy cantor de silencios que no vive en paz, que presume de ser español por donde va". Debe ser muy cool alucinarse bohemio-poeta-golfo y "cantor" y ganar un montón de plata por ello. ¿Será?
Hay algo en Julio Iglesias que no me cuadra del todo (¿sus genes?), esa actitud de ganadorsazo, de "pucha soy tan rico, pero tan rico que me miro al espejo y me doy ganas", de "ah todas las mujeres se quieren acostar conmigo", de "mira mi bronceado eterno, mis lentes oscuros, umf". Si alguien me dijera: "A mí me gusta Julio Iglesias" o si en medio de una feroz borrachera (cuando afloran esos ocultos gustos y aficiones) me pidiera: "oye, ponte "Hey" de Julio Iglesias", creo que convulsionaría de purita cólera. Todo cambiaría si me dijeran: "ponte una de Nino Bravo o "Gavilán o Paloma" de José José". Ahí si cambia porque Nino Bravo es tremendo, tiene un vozarrón y una pinta de chico buena onda que es imposible no quererlo. Y José José pues es un malogradazo que en sus canciones (y creo que en la vida real también) anda siempre desbarrancándose y hablando del alcohol y el dolor y eso. Y cómo no te va a gustar pues. Obvio.
¿Por qué el rechazo a la imagen ganadorsaza? No sé. Debe ser porque soy de la generación noventera, aquella que tuvo entre sus hits a "Looser" de Beck. O tal vez porque me identificaba más con Kevin Arnold y sus paltas que con Zack Morris de "Salvado por la campana". Los ganadores siempre me han generado desconfianza, esos que siempre se quedan con la chica linda al final de la película; esos que sonríen y no tienen espinaca entre los dientes. No son humanos, pues. Yo prefiero a la gente común. A los que se tiran pedos y chanchos sin decir "ups, perdón" o sin sonrojarse, a los que choteaban de las fiestas infantiles cuando peques, a los que fueron a su fiesta de promoción con sus primas, los que se quedaron con sus entradas de Michael Jackson o de Rod Stewart. Y no es pena ni solidaridad. Es que ellos, a pesar de todo, son de verdad, no como Julio Iglesias, con su bronceado falso, sus lentes ray ban y sus canciones papirikas sin sabor peruano.

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