Wednesday, December 20, 2006


Mi Navidad favorita
Llevábamos ya 21 días viviendo en Cusco. La Plaza de Armas de la ciudad, ex refugio de bricheros y lugar para hacer la siesta, se transformó en una gran feria: cada pedacito de plaza había sido tomado por artesanos de toda la región y un buen grupo de hippies, estos últimos eran mal vistos por algunos señorones y señoranas cusqueños. No sé por qué tanto problema si también son artesanos.
Era el 24 de diciembre y decidimos hacernos regalos entre las tres mosqueteras. Cada quien compraría un regalito significativo que no excediera las cinco lucas. Sol me regaló una cholita con una palta entre sus manos. "Esa eres tú, con tu palta entre las manos. Porque a ti te gusta la palta". Luego, como todos esos relajados días, dimos muchas vueltas, salió el arcoiris y yo le tomé una foto a un niño que se había metido a una caja y no podía salir de ella.
Se hacía de noche y una de las mosqueteras entró en depresión navideña. "Extraño a mi familia", dijo. Sol y yo la invitamos a salir, a ver cómo era la nochebuena sin familia. Ella se negó y se quedó sola en el cuarto.

- ¿Vamos a la Misa de Gallo? -propuso Sol y agregó con entusiasmo- es que los ritos católicos me encantan.
- Será porque durante once años ninguna monja loca te obligaba a asistir a cada rito- dije con malacara.
- Sí pues, debe ser por eso. Me fascinan. Lo de la copita, las hostias, la campanita que tocan...- dijo ella con una sonrisa.
- La copita es el cáliz y ahí está la sangre de Jesús- dije fingiendo solemnidad
- Ah qué raro suena eso- dijo ella.

Fuimos a la Misa de Gallo y fue decepcionante. Pensamos encontrar algo especial y nada. Algo así como una gran producción, a lo corso de Wong. Fue una misa más. Es más, la gente del coro no estaba vestida con nada especial. Tampoco había familias emperifolladas ni niñas con vestidos navideños. Nada.

- ¿ESTO ERA LA MISA DE GALLO?- casi gritó Sol al salir de la iglesia.
- Pues sí... Decepcionante. Los católicos deberían lucirse, aunque esta no es su fiesta principal, ¿sabías, no?
- Yo no sé nada de esas cosas...
- La fiesta principal, osea el Oscar de la Iglesia Católica es la Pascua de Resurrección porque blablabla....y empecé a contarle a Sol sobre los ritos y esas cosas católicas. Ella escuchaba mientras caminábamos por la plaza de Armas.

- Tomemos chocolate -dijo ella- Es la costumbre...
- Sí... Mira, ahí hay un quiosko.
- Dos chocolates por favor.

Y caminamos por las callecitas cusqueñas con nuestros chocolates en vasos de cartón . Yo, con mi casacón rojo, mi sombrerito gracioso y ella con su boina y un abrigo. Nuestros uniformes de ese entonces.

- ¿Oe que hacemos? - dijo Sol.
- No sé- respondí

Seguimos caminando y dando vueltas. La tercera mosquetera estaba en el cuarto durmiendo su depresión navideña. Mientras, nosotras caminábamos sin rumbo. Nos detuvimos frente a una de esas escaleras que siempre conducen a un bar. Entramos y mientras subíamos:

- Esto parece una película de Tarantino - dijo Sol
- Je, sí.

Y en eso, "Jungle Boogie" empezó a sonar. Ahora sí estabamos en una película de Tarantino. Entramos al bar. Poca gente, la mayoría hippies, gringos y gringas solitarios que brindaban y nadie más. Seríamos en total diez personas. Bebimos, bailamos y un hippie viejo se nos acercó:

- ¿Cómo te llamas? - le preguntó a Sol.
- Sol - respondió ella.
- Te llevo dentro de mí - dijo y sonrió dejando ver un solcito dibujado en uno de sus dientes.

Luego la noche se empezó a poner más tarantinesca aún. Una gringa me sonreía con demasiado cariño. Un pata me invitó a bailar una cumbia, mientras pensaba "¿esto es nochebuena?". Me imaginaba a mis padres y amigos brindando con champagne y comiendo pavo. ¿Y yo que hago bailando cumbia? Y de repente, todo empezó a moverse más rápido y pensé: "Oh no, ahora sí estamos en una maldita película de Tarantino, ¿en qué momento aparecen cuatro tipos de saco y corbata y se apuntan las pistolas entre sí?".

- Sol, feliz Navidad - y levanté lo que quedaba de vodka
- Feliz Navidad - respondió.

Crédito de imagen: La gran Natalie.

Thursday, December 07, 2006


No quiero ser Julio Iglesias

Hoy escuché una canción de Julio Iglesias que dice así: "Ser bohemio, poeta y ser golfo me va. Soy cantor de silencios que no vive en paz, que presume de ser español por donde va". Debe ser muy cool alucinarse bohemio-poeta-golfo y "cantor" y ganar un montón de plata por ello. ¿Será?
Hay algo en Julio Iglesias que no me cuadra del todo (¿sus genes?), esa actitud de ganadorsazo, de "pucha soy tan rico, pero tan rico que me miro al espejo y me doy ganas", de "ah todas las mujeres se quieren acostar conmigo", de "mira mi bronceado eterno, mis lentes oscuros, umf". Si alguien me dijera: "A mí me gusta Julio Iglesias" o si en medio de una feroz borrachera (cuando afloran esos ocultos gustos y aficiones) me pidiera: "oye, ponte "Hey" de Julio Iglesias", creo que convulsionaría de purita cólera. Todo cambiaría si me dijeran: "ponte una de Nino Bravo o "Gavilán o Paloma" de José José". Ahí si cambia porque Nino Bravo es tremendo, tiene un vozarrón y una pinta de chico buena onda que es imposible no quererlo. Y José José pues es un malogradazo que en sus canciones (y creo que en la vida real también) anda siempre desbarrancándose y hablando del alcohol y el dolor y eso. Y cómo no te va a gustar pues. Obvio.
¿Por qué el rechazo a la imagen ganadorsaza? No sé. Debe ser porque soy de la generación noventera, aquella que tuvo entre sus hits a "Looser" de Beck. O tal vez porque me identificaba más con Kevin Arnold y sus paltas que con Zack Morris de "Salvado por la campana". Los ganadores siempre me han generado desconfianza, esos que siempre se quedan con la chica linda al final de la película; esos que sonríen y no tienen espinaca entre los dientes. No son humanos, pues. Yo prefiero a la gente común. A los que se tiran pedos y chanchos sin decir "ups, perdón" o sin sonrojarse, a los que choteaban de las fiestas infantiles cuando peques, a los que fueron a su fiesta de promoción con sus primas, los que se quedaron con sus entradas de Michael Jackson o de Rod Stewart. Y no es pena ni solidaridad. Es que ellos, a pesar de todo, son de verdad, no como Julio Iglesias, con su bronceado falso, sus lentes ray ban y sus canciones papirikas sin sabor peruano.