Tuesday, February 14, 2006


Se lo merecen, malditos

Hoy, mientras los telos (telúricos le decía un pata) revientan de gente, yo he decidido hacer un homenaje a mis queridos amigos. A toditos, porque los quiero pe y porque me da la gana de escribir sobre ellos.
Se han escrito miles de cosas sobre la amistad. También hay muchas citas célebres que no me da la gana de nombrar. A mí por ejemplo, me gusta una de Bryce que dice que a los amigos se les perdona todo, aunque jodan. Pero yo por ejemplo no le perdono a Bryce que haya escrito tantos libros malos en los últimos años.
Como yo soy hija única, a mis amigos (pero a los de verdad) los adopto como si fueran mis hermanos. Aunque no estoy segura, porque no sé cómo serán las relaciones entre hermanos. En fin, yo asumo nomás. Y también sumo, mira: uno más uno = dos.
Ahora que escribo esto, pienso que tal vez sería lindo que alguno de mis amigos lea este texto durante mi entierro. Vaya aquí mi sincero homenaje para mis queridos amigos.

Muñeca Brava
Ella dice que tengo cara de asada pero en realidad, su cara es más asada que la mía. Alguna vez la describí como una chica con modales de princesa y puños de camionero. Y es que aunque tenga las manos más lindas del universo, "Muñeca Brava" (esa es una chapa que le pusieron en su chamba y sé que ella la odia) es de temer cuando golpea. A mí me golpeó una vez y me dejó morado el brazo. Pero bueno, al menos me hizo dar cuenta de un par de cosas que no reproduciré en este blog.
Muñeca Brava se ganó mi corazón al toque. Durante la universidad me invitaba vodka de contrabando (era de contrabando, ¡acéptalo!), tomábamos clases absurdas y hueveras, me quedaba a dormir todo el tiempo en su jato, íbamos a bailar a "La Noche" (cuando era supercool) y, por supuesto, nos emborrachábamos e intoxicábamos. Luego, seguimos emborrachándonos, ella siguió rescatándome de mis chiripiolcas emocionales y mis excesos juerguísticos, me invitaba a comer, nos escribíamos lindos mails a la distancia pues ella viajó. Yo soñaba con irla a visitar a NY y asistir juntas al Saturday Night Live pero no me dieron la visa y mi sueño se hizo caquita.
Muñeca Brava es de esas amigas que espero conservar hasta volverme viejita. Quiero que ella me vea publicar mi primer libro, plantar mi primer árbol (prefiero una plantita de ya sabes qué antes que un gran árbol) y por qué no, quiero que malcrie a mi primer hijo.

Egg
A este chico lo quiero y punto. No puedo explicar por qué. Además, nuestra historia es particular pues yo a él lo odiaba. Ag (así ag) me parecía un atorrante. Fúchila. Hasta que un día, justo antes de emprender ese viaje iniciático a Cusco, me reuní con él en el Cordano. Se supone que íbamos a intercambiar datos sobre la ciudad del bricherisimo, que me iba a decir dónde ir, en suma, que iba a ser una reunión con fines meramente turísticos. Pero se convirtió, citando Casablanca, en el inicio de una bella amistad. Ya en Cusco, me rescató de las garras de un chaufa contaminado y me cuidó y luego, como buen amigo que es, me llevó a chupar. Luego en Lima, me mudé con él, lo pude ver en calzoncillo y él me veía con mi cara de lunes. Yo me enfermaba y él me cuidaba. A veces me traía chocolates. Yo no le lavaba los platos porque no le gustaba.
Hace unos meses, Egg se convirtió en mi héroe particular: recuperó mi cartera (con mi sueldo íntegro dentro, llaves y demás huachaferías) de las manitas de un ladrón barranquino.
Es probable que Egg no lea este homenaje, pero no importa. Como diría El General (otro ídolo pop): Ya tú sabessss.

El Antiguo
El día en que El Antiguo dejó de ser mi jefe, se convirtió en mi amigo. Recuerdo el verano siguiente al que rompimos nuestra relación laboral. Él me invitó un helado gigantesco en el D´Onofrio de Miraflores y me enseñó los tatuajes que se había hecho. Yo me concentraba en mi helado y trataba de seguir la conversación. Luego vinieron los discos (me regaló dos compilaciones personalísimas y encima, con dedicatorias), la búsqueda de las canciones de nuestra infancia (y parte de nuestra adolescencia) y las fiestas temáticas. Un día le preparé papa la huancaína, señal suficiente de que ya era mi amigo.
El Antiguo no se emborracha (al menos no conmigo), tampoco alcanza estados elevados de alucinación y cuando baila parece mi tío (cualquier tío). Él hace las veces de mi backup cuando quiero recordar algún hecho oscuro de la historia peruana.
Ahora está lejos, lejísimos pero el sábado pasado me llamó y conversamos como cualquier otro sábado en la mañana. Al final casi le digo: "oe más tarde cómo es" pero me acordé que ya no vives en Zárate. Me sentí mal. Te extrañé.

Pequeña
Si necesitas que alguien te diga la verdad descarnada, llámala. Si quieres tener a alguien con quien reírte hasta sentirte mal de lo mierdita que eres, búscala. Es increíble cómo puede entrar tanto sarcasmo, ironía y sentido común en ese pequeño cuerpo. Mi querida M tampoco vive ya en Perú pero igual sigue haciendo las veces de consejera, solo que en versión cibernética (viva el MSN). Con M he vivido las más desenfrenadas juergas, hemos tenido las mismas paltas ("¿lo llamo o no?", "oye que roche ¿no?") y hemos vivido resacas de película.
No pude elegir mejor compañera para la década del 90. Compartimos gustos musicales, conciertos, extraños años nuevos, modas (ahí están de testigo las botas militares del 94), más paltas, alegrías, abandonos, corazones rotos, corazones felices e hinchados, canciones de Sabina y otra vez las paltas.
Mi querida M pasará a las filas de las casadas en estos días. Qué loco. Ya te veré en Lima, me emborracharé por ti en tu boda y bailaré alguna canción de Vilma Palma, como para que los recuerdos permanezcan.

Chica chica
Muchachita del ayer, joven aún y de sonrisa francota. Compañera de maldiciones, excesos, dietas y tribulaciones. Nos gusta la misma decadente música y nos atormentan las tarjetas de crédito.
Su creatividad te puede intimidar (y erróneamente llamarla "loca") pero a mí no deja de fascinarme los recondrijos (acabo de inventar esa palabra) de su mente. Me gusta ver películas con ella, tiradas en la cama, comiendo pizza, maldiciendo a las mismas personas y fumando como locas (son célebres Napoléon, Ronnie y está pendiente la de Kung Fu). Me gusta verla con sus tres o cuatro vasos sobre la mesa. Me gusta escuchar sus historias familiares y amicales (¡son lo máximo!). No me gusta verla blue porque el corazón se me hace como bolita papel crepé. Me gusta mandarle noticias, fotos o algo raro que encuentre en Internet. Me gusta cantar con ella, emborracharme, golpear a extraños (bueno, solamente lo hicimos una vez, lástima. Que se repita, que se repita) y comer cebichito en La Punta (aunque reniegues porque casi nunca vamos). Me gustaría irme de viaje con ella, destrozar Madrid y perdernos en Amsterdam.
Me gusta quererla y tenerla como amiga.

No comments: