Tuesday, February 07, 2006


¿Qué carajos le pasa a la gente?

Esta pregunta me la vengo haciendo desde inicios del año. Primero: la chiripiolca emocional de mi novio. Segundo: viene un amigo a casa y dice que su novia, aparentemente comprensiva, lo dejó, fuá fuá. Tercero: una amiga recibe extraños y reivindicadores mensajes de un ex que le rompió el corazón.
Y aquí hay más que van pa´la peña:

I
El jueves estaba esperando un taxi y un tico se detiene frente a mí. Como a mí no me gustan los ticos (no quiero morir antes de los 30) le digo al señor que no gracias, que siga nomás. El viejito (porque era un viejito) saca medio cuerpo por la ventana de su auto y me grita: "Ah, misia! No puedes pagaaaar".

II
El viernes una amiga me dijo que iba manejando (ahí voy manejando) tranquilamente por la avenida Benavides. El semáforo marca la luz roja y ella se detiene. Justo en el preciso instante en que el semáforo cambia a verde, una adolescente liviana se lanza a la pista, específicamente contra su carro. Como mi amiga tiene reflejos rápidos no la atropelló pero claro, tuvo que subirse a la vereda y hacer miles de maromas y quedó toda nerviosita mientras la adolescente liviana daba de saltitos por la calle.

III
Ese mismo viernes en la tarde, o mejor dicho, casi noche, estaba en el paradero esperando mi micro miraflorino. En eso, pasa un camión con albañiles dentro y me tiran un balde de agua gigante, más o menos del tamaño de un conteiner. Debemos aclarar que eran casi las siete de la noche y ya estaba oscureciendo. Mientras yo chorreaba agua de quién sabe dónde, toda la gente que se encontraba en el paradero se mataba de la risa mientras un viejo mañoso me miraba la blusa.

IV
Ayer estaba cruzando una transitadísima calle sanisidrina. Estaba rumbo a una entrevista cuando en eso siento que dos personas corrían detrás de mí. Pensé que eran choros y cogí mi cartera con fuerza pero eran dos niños sanisidrinos que no solo me zamparon un globo sino que de paso, me metieron la mano. Acoto: eran niños.

V
Ayer tomo un taxi y le digo: "Vamos a Magdalena y de ahí a San Isidro". El taxista dice que por las dos carreras me cobrará diez soles. Yo acepto y cuando llego a San Isidro, el taxista me pide un sol más. Me dice: "¿No le parece que debería darme un sol más?". Yo le respondí: no. Y me bajé del taxi. Ah, me dijo que era testigo de Jehová.

Lo peor es que ya me estoy acostumbrando a este tipo de "rarezas" (bueno, no a la metida de mano que siempre es de lo peor) y ya no me indigno. Respiro profundo y pienso: what would Charlie Brown do? Entonces pongo cara de looser y sigo mi camino.

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