Friday, January 27, 2006



Runaway

El pánico escénico no es exclusividad de los actores. No, no. Los novios también lo sienten. De ahí que surjan tantas historias de novias y novios fugitivos que dejan plantados a sus partners en las iglesias y con una expresión de cojudos difícil de olvidar. Escenas así las hemos visto en películas, series y telenovelas y ¡oh qué lindo!, ¡ay qué romántico!, huyó de la perra de su novia para irse a encontrar con su verdadero amor, la chica noble, rubia y regia (no necesariamente en ese orden). Claro, todo muy idílico pero dime pues qué vas a hacer cuando seas grande, digo, ¿qué podrías hacer si algo así te pasa a ti?. Que te dejen plantada frente al altar, con tu vestido al cuete y tu cara de cojudeli. Es como me decía una amiga: "un noviazgo es finalmente una gran inversión: de tiempo, de emociones y claro, de plata también". A ver, ¿quién me va a indemnizar? Seguros Rímac, tomen nota: tienen un mercado por explotar. ¿Qué están esperando? Creen de inmediato un seguro para novios y novias (y para sus corazones partidos también of course), que mágicamente nos devuelva el tiempo perdido (no invertido por favor, esos son eufemismos), que nos entregue a cambio un manual de cómo reinsertarse a la escena solteril limeña sin morir en el intento y que, como plus (tal vez para el plan Gold) nos repare el corazón. La propuesta está. Anímense aseguradoras.

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