Thursday, January 19, 2006


24 horas
El doctor chino de tendencia naturista me dijo que si uno se organizaba bien, podía tener tiempo para todo: "Yo de joven, estudiaba de noche y dormía de día, me cocinaba buenas cosas y no porquerías y además era excelente alumno". Sí sí claro doctor, a mí no me interesa su tiempo, me interesa el mío que en estos últimos cuarenta días ha corrido con una extraña velocidad.
El tiempo me juega malas pasadas. Más allá de las primeras patas de gallo o de que me digan señora en todos los negocios, el reloj corre en mi contra. Nunca me alcanza el tiempo para hacer las cosas importantes, las que realmente quiero hacer. Así por ejemplo, el fin de semana, que debería estar dedicado al disfrute, a paseos, a almuerzos con mis padres (a quienes no veo hace cuarenta días); me la paso en cama, con resaca, pegada a la tele, y pensando: "Ah, debería levantarme, hay tanto por hacer". Pero no.
Tampoco consigo tiempo para, digamos, estudiar o hacer algo más productivo que intoxicarme con nocivas sustancias. Mi tiempo en estos días se ha dividido de forma caprichosa y juega conmigo a su antojo. Creo que un día de estos me voy a volver loca, voy a treparme al reloj más alto de la ciudad y me colgaré de sus manecillas (como la célebre escena de Chaplin) para evitar que siga avanzando. Están advertidos.

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