Ah, cómo hemos cambiado
La gente, ¿cambia o no? No lo sé. Si cambia sus gustos, su manera de vestir y sus raros peinados nuevos, ¿no podría también volverse más hija de puta o menos simpática? Interesante analizarlo, pero no tengo ganas de hacerlo. Además, con Thriller sonando tantas veces durante el día (y no por voluntad propia...basta prender la radio o la tele y ahí está la casaquita roja y los zombies) no dan muchas ganas de ponerse filosóficos.
A veces me pregunto qué tanto queda en mí de la chica malhumorada y pelilarga de la facultad o de la niña malcriadaza que perseguía a su abuelo con un matamoscas para pegarle. ¿Se habrán ido o estarán esperando para irrumpir en el momento menos esperado? Hoy mientras venía a trabajar en un tico realmente aguerrido, empecé a recordar las cosas qué han cambiado en mí (y no, en este momento no va a escucharse la canción de la telenovela Quinceañera, esa que dice que no se sabe por qué se siente hoy tan diferente).
1. Las aceitunas. Desde que tengo memoria, las aceitunas y yo andábamos peleadas. Cuando veía a mis compañeritas de colegio comiendo su pan con aceituna, simplemente no lo entendía. Tampoco comprendía por qué mi mamá preparaba con tanto cariño aceitunas con cebolla para mi apá y mi abuelo. Aceitunas, guácala. Las pobres ya estaban resignadas a verme desde un ladito del plato hasta que el año pasado que, durante un viaje, me pedí una ensalada. Le dije a la moza: "señorita, yo sé que la ensalada viene con aceitunas (y luego agregué la frase que cambiaría mi vida...), pero puede poner unas dos o tres, no más. Quiero probarlas". No sé por qué las pedí. Usualmente hubiese dicho: "sin las aceitunas por favor". Pero las probé y desde ese entonces, somos tan buenas amigas que estoy pensando en sembrar mi propio olivar, disfrazarme de aceituna o prepararme pancitos con aceitunas porque sí.
2. Las ideas totales. Hasta hace, no sé, unos cinco años atrás, las cosas para mí eran o blancas o negras o buenas o malas. Y no se diga más. Contigo pan y cebolla, en las buenas y en las malas. Sí, hermanito, yo te estimo, yo te amo, yo por ti doy la vida. Hoy estoy segura que aunque haya gente a la que quiera muchísimo, esa lealtad tan de mosquetero ya no va conmigo. Tal vez me he vuelto más hijadeputa (y no mami, esto no tiene nada que ver contigo) o estoy en una fase alpinchista tardía, pero ahora me preocupo más por mi y si pues, que se joda un poco el resto. Sí, soy una egoísta de lo peor y voy a arder en el infierno por siempre, pero me pregunto, si yo no pienso en mí, ¿quién lo hará? ¿el chapulín colorado?
3. No quiero pues. Hace algún tiempo trataba de quedar bien con todo el mundo. Decía solo las cosas correctas y no frases como: "no querida, ese color no te va" o "la verdad, no quiero". Dejé de hacer las cosas que no quería, de asistir a reuniones que no me apetecían, de sonreír a quienes no me caían, de bailar música que no me gustara, de comer cosas que me desagradaran, de dar explicaciones a quienes no se las merecían y decidí: "lo único que haré por obligación será trabajar (al menos hasta que mick jagger me adopte)". Además, vamos, no es tan difícil, levantarte para hacer algo que te gusta. Y encima, te pagan por eso.
4. Deportis ja ja ja ta?? Yo la chica que se inventaba problemas cardíacos para no hacer Educación Física o que decía tener la regla 4 veces al mes para escaparse de esa misma clase, ahora soy una dedicada deportista que se levanta todas las mañanas (ya, casi todas, tampoco tampoco api) para meterse en una piscina y nadar hasta que le salgan escamas. Quién diría.
Sí, como hemos cambiado. ¿O no?
Monday, July 06, 2009
Friday, June 05, 2009
He visto la luz
1. Tú, incauto lector, creías que a mi me gustaba The Fight Club (la película, no el libro porque todavía no lo leo) porque Brad Pitt sale sin polo la mayor parte de la película. A lo mejor pensabas que se encuentra entre mis películas favoritas por ese despliegue de violencia por el que tengo tantísima debilidad. En realidad, hace unos días mientras la veía (debe ser por cuarta vez), me di cuenta que todo lo anterior son naderías en comparación a la verdadera razón por la que me gusta ese film: porque va más allá del "qué pasaría si..." y lo hace. Es decir, yo puedo soñar con agarrar a batazos (con golpes de bate de beisbol, no confundir con cualquier otra malcriadez) la ciudad o renegar contra las combis. Ya y acaso, ¿hago algo al respecto? En The Fight Club, el personaje principal pierde todo (bueno, la cordura también) y, poco a poco, va haciendo eso que siempre quiso y para lo que le faltó huevos. Se saca la mierda luchando con desconocidos que están tan hartos de todo como él, orina en la comida de gente elegante, inserta pedazos de películas porno en cintas infantiles, se lava los dientes con agua de desagüe y así. Ese mismo personaje que tenía su departamento decorado con puros muebles Ikea y ganaba lo que le daba la gana, decide dejar sus fantasías anárquicas y violentas y hacerlas realidad de una puta vez. Y eso, me gusta.

2. Hace tiempo decidí que ya no haría más cosas que no me gustaran. Es así que decidí no ir a los baby showers. No importa que sirvan alcohol, que baile Jamiroquai (bueno, aunque si él bailara en un shower, por ahí que me animaría a ir), que prometan que será "diferente". Sé que a mis amigos que van a ser papás esta creencia (una de las pocas firmes que tengo) los pone de mal humor y ya estoy siendo tildada como "Menchis, la que no va a los showers" y me acusan de posera y otras cosas. Yo les digo, queridos amigos, que no hay nada de posería en este asunto. Simplemente, no puedo con los regalitos y, en especial, con el "ohhh" que sueltan después de abrir los simpáticos obsequios de sus invitados. Ese "ohhh" me pone mal y no hay alcohol en el mundo que cure ese disgusto. Me disgusta la decoración con globos, los cartelitos con imágenes supuestamente tiernas, las invitaciones con bebitos que sonríen, los juegos con pañales, la referencia constante a la caca del bebe. Me pone tan mal como cuando me caí de cara contra el asfalto y perdí la conciencia. Así de mal me pone, así que ya lo sabes.
3. Yo sé que la Ñanga no lee este blog así que le voy a hacer un homenaje. Voy a hacerlo porque con sus tan sencillas palabras me hizo ver el otro día que, sí pues, los hombres son de Marte y las mujeres...de cualquier otro lugar. Que los muchachos necesitan su espacio, sus chelas, sus pogos, sus "yo te estimo hermanito", sus campeonatos de poker, su ropa sucia por días. Lo necesitan tanto como nuestros lonchecitos entre amigas, las visitas a los cafés recién inaugurados (no conozco ni un pata al que le emocione conocer los nuevos postrecitos de algún nuevo café), las compras compulsivas, los chocolates, el café con leche o Grey´s Anatomy para sacar ese lado girly que tratamos de ocultar. Gracias Ñanga por tu sabiduría. Me hizo ver también que gracias a que somos tan diferentes es que nos llevamos bien. Que si él no fuera tan sociable, yo no podría ser tan gruñona y antipática con los desconocidos. Que si él no siguiera soñando con cumplir sus proyectos pendientes, yo no podría ser tan realista como aparento ser. Clap clap.
1. Tú, incauto lector, creías que a mi me gustaba The Fight Club (la película, no el libro porque todavía no lo leo) porque Brad Pitt sale sin polo la mayor parte de la película. A lo mejor pensabas que se encuentra entre mis películas favoritas por ese despliegue de violencia por el que tengo tantísima debilidad. En realidad, hace unos días mientras la veía (debe ser por cuarta vez), me di cuenta que todo lo anterior son naderías en comparación a la verdadera razón por la que me gusta ese film: porque va más allá del "qué pasaría si..." y lo hace. Es decir, yo puedo soñar con agarrar a batazos (con golpes de bate de beisbol, no confundir con cualquier otra malcriadez) la ciudad o renegar contra las combis. Ya y acaso, ¿hago algo al respecto? En The Fight Club, el personaje principal pierde todo (bueno, la cordura también) y, poco a poco, va haciendo eso que siempre quiso y para lo que le faltó huevos. Se saca la mierda luchando con desconocidos que están tan hartos de todo como él, orina en la comida de gente elegante, inserta pedazos de películas porno en cintas infantiles, se lava los dientes con agua de desagüe y así. Ese mismo personaje que tenía su departamento decorado con puros muebles Ikea y ganaba lo que le daba la gana, decide dejar sus fantasías anárquicas y violentas y hacerlas realidad de una puta vez. Y eso, me gusta.

2. Hace tiempo decidí que ya no haría más cosas que no me gustaran. Es así que decidí no ir a los baby showers. No importa que sirvan alcohol, que baile Jamiroquai (bueno, aunque si él bailara en un shower, por ahí que me animaría a ir), que prometan que será "diferente". Sé que a mis amigos que van a ser papás esta creencia (una de las pocas firmes que tengo) los pone de mal humor y ya estoy siendo tildada como "Menchis, la que no va a los showers" y me acusan de posera y otras cosas. Yo les digo, queridos amigos, que no hay nada de posería en este asunto. Simplemente, no puedo con los regalitos y, en especial, con el "ohhh" que sueltan después de abrir los simpáticos obsequios de sus invitados. Ese "ohhh" me pone mal y no hay alcohol en el mundo que cure ese disgusto. Me disgusta la decoración con globos, los cartelitos con imágenes supuestamente tiernas, las invitaciones con bebitos que sonríen, los juegos con pañales, la referencia constante a la caca del bebe. Me pone tan mal como cuando me caí de cara contra el asfalto y perdí la conciencia. Así de mal me pone, así que ya lo sabes.
3. Yo sé que la Ñanga no lee este blog así que le voy a hacer un homenaje. Voy a hacerlo porque con sus tan sencillas palabras me hizo ver el otro día que, sí pues, los hombres son de Marte y las mujeres...de cualquier otro lugar. Que los muchachos necesitan su espacio, sus chelas, sus pogos, sus "yo te estimo hermanito", sus campeonatos de poker, su ropa sucia por días. Lo necesitan tanto como nuestros lonchecitos entre amigas, las visitas a los cafés recién inaugurados (no conozco ni un pata al que le emocione conocer los nuevos postrecitos de algún nuevo café), las compras compulsivas, los chocolates, el café con leche o Grey´s Anatomy para sacar ese lado girly que tratamos de ocultar. Gracias Ñanga por tu sabiduría. Me hizo ver también que gracias a que somos tan diferentes es que nos llevamos bien. Que si él no fuera tan sociable, yo no podría ser tan gruñona y antipática con los desconocidos. Que si él no siguiera soñando con cumplir sus proyectos pendientes, yo no podría ser tan realista como aparento ser. Clap clap.
Monday, May 18, 2009
Cuidado con lo que deseas
1. De tanto desear que volvieran los 90´s, estos regresaron con una furia tan brutal que casi casi necesité cinturón y lentes de seguridad para no morir de la impresión. En medio de una fiesta que me hizo recordar a esos queridos bacanales universitarios, un DJ maligno, muy maligno, decidió tocar todos aquellos éxitos que nos hicieron saltar y poguear hace una década. Saltos, bailes ridículos, divertidos pasitos del recuerdo y mucha sacudida de cabellera (con dolor de cuello al día siguiente porque los años, ya lo sabes, no pasan en vano).
Era curioso ver a esa gente con la que estudiaste hace miles de años (no tantos en realidad) un poco más vieja y con cara de no entender muy bien nada. Mi amiga tantas veces citada en el blog me dejó un comentario en el que decía que probablemente en los 90´s éramos más felices no solo porque fue una época bonita (vamos, sí lo fue) sino porque también éramos un poco más tontitos. Y estoy absolutamente de acuerdo. Ya lo he dicho varias veces: mientras menos sepas, te diviertes más. ¿O no? Te cuestionas menos, te dejas llevar y no te preocupa mucho cómo llegar a tu casa o levantarte al día siguiente. Simplemente lo haces y ya. Eso sin contar el asombroso poder elástico del dinero durante la juventud temprana. Aún me pregunto cómo podía divertirme de manera tan desaforada a base a propinas o, lo que es lo mismo, con sueldo de practicante. El dinero en ese entonces era escaso, pero servía increíblemente para irte de viaje todos los feriados largos, comprarte una que otra vanidad de la vida, juerguearte (con sanguchón madrugador incluído), movilizarte por toda la ciudad y encima, estudiar. Increíble.
2. La semana pasada soñé que vomitaba gusanos. Asquerosos y gordos gusanos salían de mi boca y yo, como sucede en las películas surrealistas, no me inmutaba por la situación. Consultada al respecto, la señorita Chica dijo que soñar con gusanos era equivalente a soñar con una persona mala del entorno laboral. Ahora me pregunto, si soñaba no solo con gusanos, sino que los vomitaba, ¿quiere decir que me voy a comer a esta persona malita? Espero respuestas e interpretaciones.
3. ¿Cuántas veces has dicho, parafraseando a la chica Dorothy, que no hay lugar como el hogar y que no puedes más del cansancio y que lo que quieres es dormir ya ya?. Ten cuidado con lo que deseas porque te puede pasar como a mí y dormir un día entero sin darte cuenta. Claro, si me conoces sabes que puedo dormir hasta caminando o con solo desearlo, pero eso es una cosa y otra cosa mariposa es dormir un día entero. Decir algo así como "ah, es momento de una siestita" y despertarte a la una de la mañana del día siguiente. Eso está mal. Tanto descanso es maligno para el cerebro, el corazón y el asombroso cuerpo humano de Editorial Navarrete.
4. Si vuelvo a ver un solo documental más sobre la reproducción humana o animal voy a cruzar la vía expresa con una venda en los ojos en plena hora punta. Ya paren con eso ¿no?
1. De tanto desear que volvieran los 90´s, estos regresaron con una furia tan brutal que casi casi necesité cinturón y lentes de seguridad para no morir de la impresión. En medio de una fiesta que me hizo recordar a esos queridos bacanales universitarios, un DJ maligno, muy maligno, decidió tocar todos aquellos éxitos que nos hicieron saltar y poguear hace una década. Saltos, bailes ridículos, divertidos pasitos del recuerdo y mucha sacudida de cabellera (con dolor de cuello al día siguiente porque los años, ya lo sabes, no pasan en vano).
Era curioso ver a esa gente con la que estudiaste hace miles de años (no tantos en realidad) un poco más vieja y con cara de no entender muy bien nada. Mi amiga tantas veces citada en el blog me dejó un comentario en el que decía que probablemente en los 90´s éramos más felices no solo porque fue una época bonita (vamos, sí lo fue) sino porque también éramos un poco más tontitos. Y estoy absolutamente de acuerdo. Ya lo he dicho varias veces: mientras menos sepas, te diviertes más. ¿O no? Te cuestionas menos, te dejas llevar y no te preocupa mucho cómo llegar a tu casa o levantarte al día siguiente. Simplemente lo haces y ya. Eso sin contar el asombroso poder elástico del dinero durante la juventud temprana. Aún me pregunto cómo podía divertirme de manera tan desaforada a base a propinas o, lo que es lo mismo, con sueldo de practicante. El dinero en ese entonces era escaso, pero servía increíblemente para irte de viaje todos los feriados largos, comprarte una que otra vanidad de la vida, juerguearte (con sanguchón madrugador incluído), movilizarte por toda la ciudad y encima, estudiar. Increíble.
2. La semana pasada soñé que vomitaba gusanos. Asquerosos y gordos gusanos salían de mi boca y yo, como sucede en las películas surrealistas, no me inmutaba por la situación. Consultada al respecto, la señorita Chica dijo que soñar con gusanos era equivalente a soñar con una persona mala del entorno laboral. Ahora me pregunto, si soñaba no solo con gusanos, sino que los vomitaba, ¿quiere decir que me voy a comer a esta persona malita? Espero respuestas e interpretaciones.
3. ¿Cuántas veces has dicho, parafraseando a la chica Dorothy, que no hay lugar como el hogar y que no puedes más del cansancio y que lo que quieres es dormir ya ya?. Ten cuidado con lo que deseas porque te puede pasar como a mí y dormir un día entero sin darte cuenta. Claro, si me conoces sabes que puedo dormir hasta caminando o con solo desearlo, pero eso es una cosa y otra cosa mariposa es dormir un día entero. Decir algo así como "ah, es momento de una siestita" y despertarte a la una de la mañana del día siguiente. Eso está mal. Tanto descanso es maligno para el cerebro, el corazón y el asombroso cuerpo humano de Editorial Navarrete.
4. Si vuelvo a ver un solo documental más sobre la reproducción humana o animal voy a cruzar la vía expresa con una venda en los ojos en plena hora punta. Ya paren con eso ¿no?
Sunday, May 10, 2009
Los famosos y los 90`s
¿Qué se sentirá ver a un famoso, pero famoso famoso, de verdad? ¿Qué pasaría si de pronto ¡catapum! te cruzas con… John Cusack o ya, para hacerlo mas marketero, con Mr. Spielberg? Yo en cambio hasta ahora no entiendo porque me he cruzado tantas veces con Melcochita en la calle. Cuando era más chica y vivía en el Verde Bosque y mientras daba brincos con unas amigas, me lo encontré y me hizo un coqueto guiño (del que siempre hablo con mi terapeuta…ja). Y desde que me mudé a mi barrio proletario me lo habré cruzado unas dos o tres veces más. A lo mejor el destino quiere que nos unamos. A mi todo el asunto me preocupa, a pesar de ser su fan.
Durante esta semana, la gran Martita me contó que por esas maravillosas coincidencias de la vida se encontraba en un hotel de Miami donde se filmaba una película con George Clooney. Y obvio microbio, lo vio. Me dijo que era un súper churro, que para nada se le veía viejo ni sobrado y yo leía su relato vía msn mientras Lima olía a pescado y la neblina invadía mi cuarto.
Tengo otra amiga que hace algunos añitos ya, me llamó desde la lejana Roma. “Menchis, no sabes a quién acabo de ver?”, me dijo. La niña, cargada con un espíritu heroico que admiro, se fue, cual fan enamorada al cine en el que estrenarían Ocean Twelve (o era Eleven? Ya perdí la cuenta). Claro, no se fue al cine-cine, sino afuerita nomás a esperar, bajo condiciones metereológicas temerarias, a que apareciera Braulio Pito, conocido también como Brad Pitt. Esperó junto con otras temerarias muchachas detrás de la baranda y la clásica alfombra roja. El muchacho Braulio llegó, sonrío y todas se sintieron un poquito más dichosas.
Siguiendo con las internacionales, la amiga tantas veces citada en este blog vió en un bar neoyorkino a un John Cusack tan cochino como churro y, si recuerdo la anécdota correctamente, creo que compartió un par de sonrisitas con ella. (¿Es cierto esto, amiga tantas veces citada en este blog o ya quemé?).
Y para terminar con los famosos, tengo que citar a mi cuñado quien, el año pasado, se tomó una foto con un tímido y amable Michael Stipe (sep, el de REM) en el aeropuerto de Santiago de Chile.
Tranquila Menchis. Ya llegará tu hora.
90’s
¿Qué se sentirá ver a un famoso, pero famoso famoso, de verdad? ¿Qué pasaría si de pronto ¡catapum! te cruzas con… John Cusack o ya, para hacerlo mas marketero, con Mr. Spielberg? Yo en cambio hasta ahora no entiendo porque me he cruzado tantas veces con Melcochita en la calle. Cuando era más chica y vivía en el Verde Bosque y mientras daba brincos con unas amigas, me lo encontré y me hizo un coqueto guiño (del que siempre hablo con mi terapeuta…ja). Y desde que me mudé a mi barrio proletario me lo habré cruzado unas dos o tres veces más. A lo mejor el destino quiere que nos unamos. A mi todo el asunto me preocupa, a pesar de ser su fan.
Durante esta semana, la gran Martita me contó que por esas maravillosas coincidencias de la vida se encontraba en un hotel de Miami donde se filmaba una película con George Clooney. Y obvio microbio, lo vio. Me dijo que era un súper churro, que para nada se le veía viejo ni sobrado y yo leía su relato vía msn mientras Lima olía a pescado y la neblina invadía mi cuarto.
Tengo otra amiga que hace algunos añitos ya, me llamó desde la lejana Roma. “Menchis, no sabes a quién acabo de ver?”, me dijo. La niña, cargada con un espíritu heroico que admiro, se fue, cual fan enamorada al cine en el que estrenarían Ocean Twelve (o era Eleven? Ya perdí la cuenta). Claro, no se fue al cine-cine, sino afuerita nomás a esperar, bajo condiciones metereológicas temerarias, a que apareciera Braulio Pito, conocido también como Brad Pitt. Esperó junto con otras temerarias muchachas detrás de la baranda y la clásica alfombra roja. El muchacho Braulio llegó, sonrío y todas se sintieron un poquito más dichosas.
Siguiendo con las internacionales, la amiga tantas veces citada en este blog vió en un bar neoyorkino a un John Cusack tan cochino como churro y, si recuerdo la anécdota correctamente, creo que compartió un par de sonrisitas con ella. (¿Es cierto esto, amiga tantas veces citada en este blog o ya quemé?).
Y para terminar con los famosos, tengo que citar a mi cuñado quien, el año pasado, se tomó una foto con un tímido y amable Michael Stipe (sep, el de REM) en el aeropuerto de Santiago de Chile.
Tranquila Menchis. Ya llegará tu hora.
90’s
Hoy que también se celebra el día de la mamita, me entraron unas ganas locas de que vuelvan los 90’s. Me dieron ganas de usar camisas a cuadros, muchas zapatillas, más botas y tener el pelo largo. Me entró algo así como una nostalgia por esos antros del pasado y el MTV de esos años. Era sencillo pasarla bien con el vodka de contrabando (¿te acuerdas chica tantas veces citada en este blog?). Era divertido soñar con todo. Era patético enamorarse de loosers rompecorazones. Era maravilloso sorprenderse tanto y leer como si mañana mismo me fuera a morir. A veces, consumida por una nostalgia dominguera y treintañera, me gustaría volver a esos 90`s cuando invadía tu casa y la tuya también por horas porque me daba flojerisima volver al Verde Bosque. Disculpen la nostalgia. La neblina, la acidez estomacal y el día de la mamita tienen la culpa.
*En la imagen, Homero creando el grunge. Gracias al blog por su colaborasao.
Monday, April 20, 2009
Fotos y la sobriedad
1. Clic
No sé si me estoy volviendo (más) vieja, si simplemente estoy mal o tal vez el resto sea el que está mal, pero hay algo que no entiendo. En serio que no. De pronto, hay que fotografiar TODO y a TODOS. Yo me acuerdo que hace unos diez años, ya teníamos identificado al amigo o amiga que siempre llegaba a la fiesta, reunión, almuerzo campestre, pollada profondos, con su cámara de fotos. Siempre había alguien a quien le afanaba tomar fotitos y encima a veces, de tan buena gente, te pasaba o te regalaba las fotos enmarcaditas y todo.
Entonces, todos felices con nuestras fotos en la sala, en el velador o en el escritorio de la oficina y ya.
Pero llegaron las camaritas digitales y de pronto fua! fua! fua! (sonido de dedo machucando el botón de la cámara de fotos o sonido de flash) todo se volvió foto. Vas a un bar y fua! fua!, gente tomándose fotos o, peor aún, tomándote la foto justo cuando estás riéndote y tienes un pedazo de cancha en el diente y los ojos desorbitados. Luego, a lo mejor no lo sabes (o sí y prefieres hacerte el loco), tu foto con la cancha en el diente aparece en alguna página tipo Facebook o algo así y todo el mundo ve tu foto con la cancha o el perejil o el langostino en el diente. Y te haces famoso como el tipo con el langostino en el diente. Ni qué decir de los videos en Youtube, pero ese es otro tema.
Y de pronto, una necesidad, medio compulsiva, de tomar foto de todo. Vas a un concierto y la gente fua fua!. Me acuerdo que, el año pasado, Andrés Calamaro durante su concierto en el Monumental y ante tanto flash de la concurrencia, dijo algo así como "Bienvenidos a la convención internacional de cámaras digitales" y, bien amable, nos recomendó mirar el concierto con los ojos en vez de con las pantalla de cámara.
Y esto ha derivado en una situación más rara de la que ayer fui testigo: el fotógrafo anónimo. Es decir, estás en algún lugar, digamos un bar o por ahí que algún amigo te invitó a la inauguración de algo, y de pronto viene un tipo, se te para al frente y fua fua, te toma una foto y se va. Y tú sigues bailando, conversando, coqueteando, chupando después del fua fua. A veces te pide tu nombre y lo apunta en una libretita. Entonces suponemos, que el señor trabaja en alguna de esas páginas (de webs, revistas o periódicos) que nunca comprenderé y en las que se muestra a gente en reuniones, fiestas o situaciones bien rarazas bajo el título de Sociales. A mí Sociales me suena al nombre de alguna facultad, pero en fin.
A veces el fotógrafo anónimo no te pregunta tu nombre y se va. Y ahí se va tu imagen con él. A mí estas cosas me preocupan y, como diría mi amiga, la tantas veces citada en este blog, "me da qué hacer". Pero al resto de la gente, esto no parece incomodarle, entonces me pregunto: ¿por qué pienso (y escribo) tanta huevada en vez de ocupar mi mente en cosas, digamos, más ¿importantes?
A mí "me da qué hacer" que mi imagen o la tuya o la nuestra ande por el mundo en la cámara de alguien a quien no conozco. Tal vez crea, como algunas tribus, que un poco de mi alma se va con esa foto. Y que mi mejor amiga tenga una foto mía no me molesta, pero que un X tenga un pedacito de Menchis en su computadora sí me angustia.
2. De pronto, la sobriedad
La diversión nocturna sin alcohol es realmente otro mundo. Y confesaré que es un mundo que voy a visitar con mayor frecuencia. Ir a la barra y pedir una Coca Cola resulta divertido. También da risa ver cómo la gente que te rodea va perdiendo las inhibiciones y la vergüenza a causa del alcohol mientras tú sigues tan decente como siempe.
Lo curioso es que mi visita al mundo de la sobriedad coincidió con un rarísimo insomnio. Es decir, de nada valió no beber alcohol durante la noche porque no pude dormir al llegar a casa. Encima me enganché como a las 4 am con una comedia romántica (seee). ¿Resultado? Llegué a trabajar con ojeras, sueño, sintiéndome fatal y con ganas de dormir. Osea, casi casi, los mismos síntomas de la temida resaca...Bienvenidos a mi mundo.
1. Clic
No sé si me estoy volviendo (más) vieja, si simplemente estoy mal o tal vez el resto sea el que está mal, pero hay algo que no entiendo. En serio que no. De pronto, hay que fotografiar TODO y a TODOS. Yo me acuerdo que hace unos diez años, ya teníamos identificado al amigo o amiga que siempre llegaba a la fiesta, reunión, almuerzo campestre, pollada profondos, con su cámara de fotos. Siempre había alguien a quien le afanaba tomar fotitos y encima a veces, de tan buena gente, te pasaba o te regalaba las fotos enmarcaditas y todo.
Entonces, todos felices con nuestras fotos en la sala, en el velador o en el escritorio de la oficina y ya.
Pero llegaron las camaritas digitales y de pronto fua! fua! fua! (sonido de dedo machucando el botón de la cámara de fotos o sonido de flash) todo se volvió foto. Vas a un bar y fua! fua!, gente tomándose fotos o, peor aún, tomándote la foto justo cuando estás riéndote y tienes un pedazo de cancha en el diente y los ojos desorbitados. Luego, a lo mejor no lo sabes (o sí y prefieres hacerte el loco), tu foto con la cancha en el diente aparece en alguna página tipo Facebook o algo así y todo el mundo ve tu foto con la cancha o el perejil o el langostino en el diente. Y te haces famoso como el tipo con el langostino en el diente. Ni qué decir de los videos en Youtube, pero ese es otro tema.
Y de pronto, una necesidad, medio compulsiva, de tomar foto de todo. Vas a un concierto y la gente fua fua!. Me acuerdo que, el año pasado, Andrés Calamaro durante su concierto en el Monumental y ante tanto flash de la concurrencia, dijo algo así como "Bienvenidos a la convención internacional de cámaras digitales" y, bien amable, nos recomendó mirar el concierto con los ojos en vez de con las pantalla de cámara.
Y esto ha derivado en una situación más rara de la que ayer fui testigo: el fotógrafo anónimo. Es decir, estás en algún lugar, digamos un bar o por ahí que algún amigo te invitó a la inauguración de algo, y de pronto viene un tipo, se te para al frente y fua fua, te toma una foto y se va. Y tú sigues bailando, conversando, coqueteando, chupando después del fua fua. A veces te pide tu nombre y lo apunta en una libretita. Entonces suponemos, que el señor trabaja en alguna de esas páginas (de webs, revistas o periódicos) que nunca comprenderé y en las que se muestra a gente en reuniones, fiestas o situaciones bien rarazas bajo el título de Sociales. A mí Sociales me suena al nombre de alguna facultad, pero en fin.
A veces el fotógrafo anónimo no te pregunta tu nombre y se va. Y ahí se va tu imagen con él. A mí estas cosas me preocupan y, como diría mi amiga, la tantas veces citada en este blog, "me da qué hacer". Pero al resto de la gente, esto no parece incomodarle, entonces me pregunto: ¿por qué pienso (y escribo) tanta huevada en vez de ocupar mi mente en cosas, digamos, más ¿importantes?
A mí "me da qué hacer" que mi imagen o la tuya o la nuestra ande por el mundo en la cámara de alguien a quien no conozco. Tal vez crea, como algunas tribus, que un poco de mi alma se va con esa foto. Y que mi mejor amiga tenga una foto mía no me molesta, pero que un X tenga un pedacito de Menchis en su computadora sí me angustia.
2. De pronto, la sobriedad
La diversión nocturna sin alcohol es realmente otro mundo. Y confesaré que es un mundo que voy a visitar con mayor frecuencia. Ir a la barra y pedir una Coca Cola resulta divertido. También da risa ver cómo la gente que te rodea va perdiendo las inhibiciones y la vergüenza a causa del alcohol mientras tú sigues tan decente como siempe.
Lo curioso es que mi visita al mundo de la sobriedad coincidió con un rarísimo insomnio. Es decir, de nada valió no beber alcohol durante la noche porque no pude dormir al llegar a casa. Encima me enganché como a las 4 am con una comedia romántica (seee). ¿Resultado? Llegué a trabajar con ojeras, sueño, sintiéndome fatal y con ganas de dormir. Osea, casi casi, los mismos síntomas de la temida resaca...Bienvenidos a mi mundo.
Monday, April 13, 2009
1. Miércoles. Nueve de la mañana.
Menchis al conductor de la 10E: "Señor, me deja en la puerta del Larco Herrera".
Conductor, chofer y un pasajero hablador me miran de pies a cabeza y se quedan calladitos.
Ideas que se les pueden haber cruzado por la cabeza: miles.
Grado de importancia que atribuyo a este hecho: cero.
Fui de visita al Larco Herrera. Vi una exposición de arte maravillosa. Durante el recorrido, un jardinero del hospital me acompañó. No entendí bien por qué, pero ahí estaba, a mi lado, comentando cada una de las obras. A la salida, dos hechos para recordar: Uno, un paciente que tocaba la ventana de un consultorio llamando a la señora Blanquita. "¡Señora Blanquitaaa, señora Blanquitaaa, soy yoooo!". Como los toques a la ventana y los gritos no dieron resultado, el paciente empezó a saltar para ver si la señora Blanquita le hacía caso. Me perdí el final de la historia. Dos, un paciente en piyama caminando por los jardines y oliendo las flores. Era bonito verlo oliendo las flores, en ese lugar tan viejo y tan grande y tan palteante como es el Larco Herrera. Me gusta ver gente en piyama caminando por la calle. Es como vestir una declaración de principios y decirle al mundo: "Mira, podrá estar de moda el azul o el morado o los pantalones con pliegues, pero la moda me la paso por los huevos. Yo salgo a la calle vistiendo piyama porque es la cosa más cómoda del mundo ¿ya? y no me jodas más". Me quedé pensando cuál fue la última vez que me detuve en algún lugar a oler las flores.
2. La Semana Santa (he tenido que reescribir esta palabra unas tres veces porque la tentación de escribir Semana Tranca, Semana Llanta y otras taradeces) empezó mejor de lo que pensé. La gran Mili, hoy nuestra corresponsal desde España, me dijo que este humilde y cumplidor blog le hacía reír cuando las pilas se le bajaban (cosa rara en ella, siempre tan Mili) y que su apá (el tio Juancito) se volvió un fan de este blog como parte de su proceso de recuperación luego de estar enfermito. Yep. Manos peruanas se juntan y hacen un puuunto. (Perdón, ¡quemé!).
3. Hace tantas Semanas Santas que no salíamos de viaje que coger nuestras chivas y lanzarnos por la carretera fue genial. La Ñanga y yo no paramos hasta llegar a Paracas, congelarnos y nadar en su frío y limpio mar, ver de cerca los lobos marinos, corretear a los pájaros cagones, crear personajes a partir de los huéspedes del hotel kitsch donde nos quedamos, perdernos en el desierto por mongazos y encontrar una ciudad de la nada a la que desistimos de entrar porque, según yo, podía pasarnos lo que en las películas y terminar siendo devorados o utilizados a la mala para la reproducción de alguna especie.
No tuve ningún momento de reflexión a lo hermano Pablo, no me acordé del vía crucis, no conté anécdotas graciosas sobre semanas santas anteriores, no me la pegué horrible ni perdí el conocimiento como supongo le debe haber pasado a ese grupo que acampaba en La Mina (una de las tantas playas de la reserva nacional de paracas) y que tenía cuatro cajas de chela, un colchón inflable, una parrilla bien faltosa y varias carpas. Todos eran menores de 20 y con semejantes provisiones, supongo que por lo menos ocurrirían un par de embarazos no deseados o mínimo, alguna tranmisión de una ETS.
Tampoco tomé 800 millones de fotos como lo hizo la pareja de gays, con la que conversamos sobre el turismo receptivo, el señor de Luren y el calor y que sorprendieron a todos al besarse en público. Gay power!!
Solo la pasé bien y ya tengo ganas de otro feriado huevero.
Menchis al conductor de la 10E: "Señor, me deja en la puerta del Larco Herrera".
Conductor, chofer y un pasajero hablador me miran de pies a cabeza y se quedan calladitos.
Ideas que se les pueden haber cruzado por la cabeza: miles.
Grado de importancia que atribuyo a este hecho: cero.
Fui de visita al Larco Herrera. Vi una exposición de arte maravillosa. Durante el recorrido, un jardinero del hospital me acompañó. No entendí bien por qué, pero ahí estaba, a mi lado, comentando cada una de las obras. A la salida, dos hechos para recordar: Uno, un paciente que tocaba la ventana de un consultorio llamando a la señora Blanquita. "¡Señora Blanquitaaa, señora Blanquitaaa, soy yoooo!". Como los toques a la ventana y los gritos no dieron resultado, el paciente empezó a saltar para ver si la señora Blanquita le hacía caso. Me perdí el final de la historia. Dos, un paciente en piyama caminando por los jardines y oliendo las flores. Era bonito verlo oliendo las flores, en ese lugar tan viejo y tan grande y tan palteante como es el Larco Herrera. Me gusta ver gente en piyama caminando por la calle. Es como vestir una declaración de principios y decirle al mundo: "Mira, podrá estar de moda el azul o el morado o los pantalones con pliegues, pero la moda me la paso por los huevos. Yo salgo a la calle vistiendo piyama porque es la cosa más cómoda del mundo ¿ya? y no me jodas más". Me quedé pensando cuál fue la última vez que me detuve en algún lugar a oler las flores.
2. La Semana Santa (he tenido que reescribir esta palabra unas tres veces porque la tentación de escribir Semana Tranca, Semana Llanta y otras taradeces) empezó mejor de lo que pensé. La gran Mili, hoy nuestra corresponsal desde España, me dijo que este humilde y cumplidor blog le hacía reír cuando las pilas se le bajaban (cosa rara en ella, siempre tan Mili) y que su apá (el tio Juancito) se volvió un fan de este blog como parte de su proceso de recuperación luego de estar enfermito. Yep. Manos peruanas se juntan y hacen un puuunto. (Perdón, ¡quemé!).
3. Hace tantas Semanas Santas que no salíamos de viaje que coger nuestras chivas y lanzarnos por la carretera fue genial. La Ñanga y yo no paramos hasta llegar a Paracas, congelarnos y nadar en su frío y limpio mar, ver de cerca los lobos marinos, corretear a los pájaros cagones, crear personajes a partir de los huéspedes del hotel kitsch donde nos quedamos, perdernos en el desierto por mongazos y encontrar una ciudad de la nada a la que desistimos de entrar porque, según yo, podía pasarnos lo que en las películas y terminar siendo devorados o utilizados a la mala para la reproducción de alguna especie.
No tuve ningún momento de reflexión a lo hermano Pablo, no me acordé del vía crucis, no conté anécdotas graciosas sobre semanas santas anteriores, no me la pegué horrible ni perdí el conocimiento como supongo le debe haber pasado a ese grupo que acampaba en La Mina (una de las tantas playas de la reserva nacional de paracas) y que tenía cuatro cajas de chela, un colchón inflable, una parrilla bien faltosa y varias carpas. Todos eran menores de 20 y con semejantes provisiones, supongo que por lo menos ocurrirían un par de embarazos no deseados o mínimo, alguna tranmisión de una ETS.
Tampoco tomé 800 millones de fotos como lo hizo la pareja de gays, con la que conversamos sobre el turismo receptivo, el señor de Luren y el calor y que sorprendieron a todos al besarse en público. Gay power!!
Solo la pasé bien y ya tengo ganas de otro feriado huevero.
Monday, March 23, 2009
(**)Si tuviera que hacer un ranking de las miles de cosas que detesto, creo que el número uno de la lista lo ocuparía estar enferma. Un virus -según diagnóstico de la doctora- se apoderó de mi maltrecho cuerpo y causó afonía, dolor de huesos y de cabeza, escalofríos, fiebre, congestión, tos de perro y ganas de agarrarme a martillazos hasta partirme en pedacitos chiquitos inmunes al dolor.
Gracias a los cuidados de la Ñanga (que no se quejó de la papelera llena de mocos, las tacitas con restos de té con limón repartidas por toda la casa, la mala facha, el engreimiento y otros efectos del virus) logré recuperarme, pero no del todo. Y, como soy tantito obsesiva, además del tratamiento indicado por la doctora, busco remedios (digamos alternativos) para sanarme más rápido. Así, paseando por la casa encontré algo que trajo la Ñanga de EE.UU. Se trata de un spray nasal que debería estar prohibido por la FDA porque es tan efectivo que se vuelve adictivo. Viene con un líquido que no sé si sea bueno o malo, pero creo que "pone". Acabo de leer las indicaciones y dice que no se debe usar más de dos veces al día. Demasiado tarde.
También recurro a antihistamínicos (que generalmente se recetan para alergias pues te "secan" la nariz) pero dan sueño. Pero sueño feo. Te tomas la pepa y empieza a contar: 4, 3, 2, 1... zzz. Listo. Dormida. Con baba. Con pesadillas. Terrible.
Trato de seguir las indicaciones de la doctora (me dijo: "Menchis, no hables ni cantes" ¿? Hasta ahora me pregunto por qué me prohibió cantar. Se me hace una indicación extraña), pero ya estoy aburrida de hablar con esta voz nasal, de sonarme la nariz cada dos minutos y sobre todo, de no sentir los sabores de la vida porque he perdido el gusto desde hace 4 días. Nop. No me gusta. Creo que voy a agarrarme a martillazos. Ya vengo.
¡Basta!
Basta que diga que algún niño me parece bonito o gracioso para que la gente (¿Qué gente? No sé, la gente pues) suelte comentarios (por lo general precedidos de ruiditos de "uuuu" o "ahhh") como: "uy, ya se despertó tu instinto materno", "¡Ajá! ¿ya te estás animando" y sandeces por el estilo.
Quienes me conocen saben que los niños y yo nunca hemos sido mejores amigos, entonces creen que si digo que un infante es boni, es porque quiero uno. Sépanlo amigos, familiares y desconocidos:
- Sigo creyendo que hay niños insoportables, feos y malcriados. No es cierto que, por ser niño, un ser humano sea automáticamente bello y adorable.
- Hay niños a los que quiero porque los he visto crecer en la panza de sus mamás, porque son parte de mi familia o son hijos de gente a la que quiero o estimo mucho. El resto de ñaños... absténgase de cruzarse por mi camino.
- Si me van a enseñar fotos de bebes o niños, por favor, denles una editadita previa. Ver 52 fotos del primer baño de su retoño es demasiado. Es como cuando alguien se va de viaje y dice: "Ah, te voy a enseñar las fotos de mi viaje" y, salvo que se trate de un fotógrafo premiado, observar veinte fotos de amaneceres o atardeceres en la playa, aburre. Y cuando yo me aburro me abstraigo y ocupo mi mente en repasar tareas pendientes, pero siempre con una sonrisa. Eso ya lo sabes.
- Y si algún día decido tener familia, sépanlo, no se lo voy a contar a nadie hasta que llegue con el retoño en brazos a casa. Más o menos como cuando Angelina llega de algún viaje con un nuevo niño y le dice a Brad: ¿A que no adivinas a quién me traje de... ?(ingrese nombre de país pobre y necesitado de las adopciones de los Jolie - Pitt). Sí, algo así.
(**) Ilustración de Yoshitomo Nara, cortesía de la chica perica con la que comparto una gripe. Claro, la de ella es más cool porque vino de NY. Algo me dice que la niñita del dibujo y yo compartimos algo más que el peinado.
Subscribe to:
Posts (Atom)
